viernes, 15 de febrero de 2008

Siempre tendremos Valentín

Hay pruebas de que ya en el siglo XIV se celebraba la tradición de unir la onomástica de San Valentín con el día de los enamorados. Lo que pasa es que, hasta hace muy poco, esta tradición se limitaba al intercambio de tarjetas entre los tortolitos con mensajes propios de la ocasión. Por ejemplo, del tipo de “hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana” o con poemitas bien abundantes de rimas en ti y en . Pero en éstas llegaron los grandes almacenes y dijeron que nanai, que rimas... las justas. Que lo que había que hacer era demostrar el amor a través de la tarjeta de crédito, o sea, hoy te regalo más que ayer pero menos que mañana. Ahí empezaron las inundaciones de colonias y de corbatas.
¿Y cómo consiguieron esto los grandes almacenes? Pues muy sencillo: descubrieron que, en el fondo, el enamoramiento atonta a los que se han contagiado de Cupiditis y que, en ese estado, las defensas de la actuación lógica están fuera de combate. Y resulta que, ahora, los científicos han venido a confirmar el olfato de los grandes almacenes. Los investigadores Samir Zeki y Andreas Bartels han comprobado que, en pleno enamoramiento, se inhibe el córtex frontal, que es el espacio cerebral donde reside la racionalidad y el sentido crítico respecto a la pareja. Traducido: que enamorarse y volverse tonto perdido son partes de un mismo todo.

Sanseacabó Nº 16, semana 7 de 2008, emitido por 98.3 Radio