viernes, 23 de mayo de 2008

Un edredón blanco

Para quienes amamos la montaña, para los que sabemos el sacrificio y recompensa que encierran esos montones de tierra que se escapan al cielo, la noticia absoluta de la semana es, maldita sea, el adiós que Iñaki Ochoa de Olza nos acaba de mandar desde 7.400 metros de altura.
Yo, modesto aficionado a patear cumbres, no he pasado nunca de los tresmiles. Y eso, además, en contadas ocasiones. El sacrificio y la preparación que requieren tamaños esfuerzos físicos y mentales sólo los conocen quienes los han padecido. Y son ellos, también, los únicos que experimentan una satisfacción inexplicable, inmensa, plena, cuando ponen el pie en la cumbre después de horas de auténtica machacada. La montaña es el país de la libertad por excelencia. La montaña recompensa el esfuerzo sobrehumano con un cheque en blanco de paz interior.
El hombre y la montaña nacieron para estar juntos. Algunos, la mayoría, no pasamos de aficionados inexpertos. Pero otros, como nuestro Iñaki, llevan ese afán de conquista a un grado de pasión absoluta que todo lo puede y ante lo que todo lo demás no importa.

Sanseacabó Nº 25, semana 21 de 2008, emitido por 98.3 Radio

4 comentarios:

Juantxo Z. dijo...

Un hombre que se hacía querer. Que descanse en paz.

LUISGUI dijo...

¿A quién no le gustaría vivir y morir tan apasionadamente como Iñaki? Pocas veces he visto a una ciudad a toda una comunidad tan pendiente de un hombre como ha sucedido estos días en Navarra con Ochoa de Olza. ¿Por qué será?
Porque era un hombre libre, auténtico. Agur Iñaki

maj dijo...

Fantástico perfil el que publicó ayer DN. Claro, una firma de lujo: Javier Marrodán.

Caravinagre dijo...

Un hombre libre, auténtico. Que vivió y vive con pasión. Y que sin duda se dejaba querer y mucho. No quise pensar en el final trágico, no quise pensar. Y por supuesto, Luisgui, a muchos nos hubiese gustado vivir con tanta intensidad. ¿Vivir como tigre o como cordero? Tampoco es fácil vivir como tigre, respirar la libertad, la paz y el espíritu a tanta altura dicen que no tiene un precio muy alto, la vida misma. Iñaki era un buen negociante, sabía qué es lo que quería pagar y cómo.

Toda esta semana, como muchos miles de navarros más, mi pensamiento ha estado con Iñaki, en el Annapurna.

Precioso el perfil del Diario. Impresionante la carta de la madre de la alpinista tafallesa. Sobrecogedora la avalancha de comentarios de apoyo cuando Iñaki estaba pendiente de un hilo y espeluzcantes los miles y miles de mensajes de condolencia.

Pero me quedo con que su padre, desde el corazón y con el dolor de la pérdida de un hijo, se congratulaba de la felicidad y la alegría de su hijo, de su ejemplo y de haber sabido volar más allá de dónde anidan las aves.

Te queremos, Iñaki. Siempre habías estado arriba para nosotros.