martes, 8 de enero de 2008

Una transición inquietante

La cosa comenzó con un contundente “hínchate a marisco” como prolegómeno navideño. Nos lo gritaba el eslogan de una macrosuperficie robotizada para convencernos de que, si les comprábamos a ellos las consolas para entrenar las mentes de los chaveas que no saben hacer la o con un canuto (o sí, si son habilidosos echando el humo), podríamos hartarnos de percebes con lo que nos íbamos a ahorrar. A gastar, pues, en lo que sea, por mucho que sea inútil: para el chaval la Nintendo porque nientiende nientenderá y para la familia el marisco porque de lo que se trata es de reventar, que para eso son las fiestas.

Luego vino el aluvión de anuncios en la tele, en los que no me detendré por ser asunto manido: ya se sabe que la clave para que ellos regalen colonia a ellas es que la actriz diga paegfum y que, para regalar o de coloñ a los maromos, el actor debe mostrar cachas y hasta almohadillas en mar, piscina o bañera (pero siempre a remojo, como con indirecta). La novedad creativa de esta temporada, entre tanto adonis de babel, ha sido para mí la campaña de esa bebida energética que te da alas y que se ha inventado, en un insuperable ejercicio de imaginación de sus creativos, un cuarto Rey Mago para que le regale al Niño unas latas de eso para dar alas a su corte de ángeles, que es por ello que pueden volar. Uau.

Así que nada, chino chano hacia la transición anual sin mayores sobresaltos, hasta que dan las uvas. Y resulta que cuando todos estábamos en la sempiterna discusión sobre “cuidado con los cuartos, que son cuatro y entonces no, que luego hay que empezar”, va y aparece en la tele un tipo con greñas, al que no tengo el gusto, y nos dice que le toca trabajar, que qué le va a hacer, y menciona hasta lo mucho que quiere a su sobrino Manolito, mientras una tarjeta de crédito se come las uvas, que es lo único que le quedaba por arramplarnos en estas presuntas entrañables fiestas.

Bueno, pues a pesar de los pesares, feliz año y todo lo demás. Brindemos. Y, como no salimos de casa, veamos qué grandes espectáculos enlatados echan. Los de siempre, claro, con confetis de chino, público que tiene que hacer como que está en directo y la misma nómina de cantantes y chistosos, que hay que ver lo ágiles que están en una noche tan especial para ir a toda pastilla de unos estudios a otros y sin despeinarse.

Y en una de estas de zapeo va y sale el grupo Chambao con su último éxito, ‘Papeles mojados’. Una canción que, tras un ritmo andalusí, desgrana una letra cuajada de tragedia sobre los inmigrantes africanos que mueren en el mar mientras intentan llegar a España:
Miles de sombras cada noche trae la marea,
navegan cargaos de ilusiones que en la orilla se quedan.
Historias del día día, historias de buena gente.
Se juegan la vida cansaos, con hambre y un frío que pela.
Ahogan sus penas con una candela, ponte tú en su lugar,
el miedo que en sus ojos reflejan, la mar se echó a llorar.
Muchos no llegan, se hunden sus sueños
papeles mojaos, papeles sin dueño.
Pues nada: como la canción invita, el público se pone en pie con sus gorritos de papel y sus matasuegras, lanza el confeti al tuntún y se une en una cadeneta de conga venga a bailar y a lanzar vivas de pura alegría festiva mientras las pateras se van al garete. (Y luego, que nos retiran al embajador).

Total, que por fin se acercaban los Reyes y uno imaginaba que las cosas irían volviendo a su sitio, pero quiá. De entrada, resulta que al personal se le controla no solo por la Prensa que lleva bajo el brazo, que es lo que manda la tradición ibérica, sino ahora también por quién es el generoso regalador en su hogar, que es de lo que me he enterado por una historia que cuenta mi amigo Ander y que sería para desternillarse si no fuera tan inquietante y cuya lectura recomiendo con fervor.

Pero la puntilla me llegó el 5 de enero, la visperísima. Me escondí en casa para intentar tranquilizarme leyendo los periódicos que acostumbro, a salvo del espionaje de cualquier Prospector, y resulta que fue peor el remedio que la enfermedad: cerré el diario, más inquieto si cabe, nada más ver este titular que acompaño y cuyo texto ya no tuve fuerzas para leer, porque quedaba manifiesta la mayúscula irresponsabilidad mostrada por la Confederación Hidrográfica del Tajo. (Claro que, si alguien tiene fuerzas para leer el texto, puede pinchar en la imagen).

2 comentarios:

Ander Izagirre dijo...

Entre la carcajada y el escalofrío.

ObesoTV dijo...

Profesor:
Un gusto haber leído su post.
De paso le dejo mi blog www.obesotv.blogspot.com
Saludos
Felipe Costabal
Alumno MGEC