Los cínicos están por doquier
Hay un profesor de Periodismo de esos que fue cocinero antes que fraile, y eso que esto no lo es, técnicamente hablando, aunque le acompaña un look de prior con hábitos que tira para atrás. Padre, sí. El cocinero en cuestión se doró en Redacciones de Olivetti, a golpe de tecla, y supo pluriemplearse sin aspavientos: sencillamente, tenía dos chaquetas, dos paquetes de tabaco y dos mecheros. Llegaba a la Redacción, dejaba una de las americanas en el respaldo de su silla, un paquete de Ducados y un Bic sobre la mesa, un folio con ocho líneas escritas en el carro de su máquina y se iba a la Universidad a dar clase. Cuando en el periódico alguien preguntaba por él, algún vecino miraba el puesto vacío pero decorado y decía: "No sé, debe andar por aquí", mientras él, con la otra chaqueta y el otro tabaco enseñaba el oficio a los futuros.
Mi profesor y colega volvió a la Redacción cabizbajo, vencido. Su fuente le había plantado. Lo más próximo que había visto en la cafetería era a un tipo como de 1,75, vestido de azul y con camisa blanca y corbata granate y anillo anular y periódicos bajo el brazo, pero era negro.
Etiquetas: amigos, periodismo, universidad









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