viernes, 10 de agosto de 2007

San Juan de la Peña

(Clic a la foto para verla más grande). Foto: Ana y Paco Sancho.

Cuenta la leyenda (una de esas que merecería ser verdad) que, una mañana del año 732, el joven cazador zaragozano Voto iba a galope tendido tras un venado por el espeso monte Pano, en la Jacetania, cuando vio que se dirigía hacia el borde abismal de una gran roca. Sin tiempo material para detener a su montura, al joven cristiano sólo se le ocurrió encomendarse a San Juan, momento en el que el caballo frenó en seco, salvándole de una muerte segura. Con los pies en el suelo pero con el susto aún en el cuerpo, Voto escudriñó el lugar y descendió hasta encontrar, bajo el impresionante peñasco, “una gruta convertida en humilde santuario dedicado al Bautista, en el que yacía, incorrupto, el cuerpo muerto del ermitaño, cuyo nombre, ‘Juan de Atarés’, figuraba escrito en las losas; este hecho le impulsó a adoptar la vida eremítica junto con su hermano Félix” (Santiago Broto, en ‘El Pirineo Aragonés’). El santuario fue creciendo hasta convertirse en una joya única del románico aragonés, cuya vista y visita impresiona y emociona.

En la planicie superior al monasterio viejo, por la que Voto debió aproximarse y hoy conocida como pradera de San Ildefonso, se encuentra el monasterio nuevo de San Juan de la Peña, construido entre 1675 y 1714, que ha sufrido en sus casi tres siglos de existencia todo tipo de incendios y saqueos. Afortunadamente, el santuario acaba de ser recuperado, y a fe que será amortizado pronto a tenor de los precios por visitarlo o por recuperar fuerzas en su cafetería.

El Pirineo occidental, a vista de buitre desde el pico de San Salvador. Foto: Ana y Paco Sancho.

Pero menudencias aparte, el entorno es de los de no cansar. Nosotros nos hemos dado una caminata desde el monasterio nuevo hasta el pico y ermita de San Salvador que, aunque no está a mucha altura (1.546 metros), ofrece unas vistas espectaculares sobre el Pirineo occidental con todo tipo de bichos (águilas, buitres y quebrantahuesos) surcando el cielo porque allí, en los cortados picos de roca, tienen sus nidos y su tranquilidad.

Para los que lo deseen, hemos dejado unas pocas fotos en un álbum en Flickr.