lunes, 6 de julio de 2009

Broder Lui

Álex Ubago fue contratado por el Ayuntamiento de Pamplona para ser el tristón que alegrara el comienzo de los Sanfermines solo por una razón: porque Onofre García Valderrama, que era el preferido por el Consistorio, había declinado la invitación. Su depresión, incubada en los ochenta, le sigue impidiendo aparecer en público. Una década que le marcó por los constantes robos y plagios que sufrió su imprescindible producción musical.

En la primavera de 1986, Onofre García Valderrama resultó agraciado en un sorteo de Patatas Matutano con un viaje de ocho días para dos personas, con todos los gastos pagados, a Punta Cana. Pero el músico, que desde el desengaño amoroso con su Marijose en 1977 no había vuelto a tener pareja estable, negoció con la firma de snacks para trocar el viaje de ocho días para dos por otro de dieciséis para uno, que venía a ser lo mismo, a su entender.

Al segundo día de su estancia en Playa Bávaro ya había entablado cierta amistad con un camarero llamado Lui, un rasta jamaicano que le suministraba el roncito en la tumbona de la piscina. A Onofre le hizo gracia que, desde el primer momento, Lui se le acercara sonriente y le preguntara "¿qué le pongo, brother?", y así trago tras trago. La amabilidad del nuevo amigo propició el acercamiento, el conocimiento y muy pronto Onofre correspondió a esa complicidad llamándole con lo que intuyó calificativo cariñoso de la cercanía afectiva: Broder Lui.

Pero pronto se complicaron las relaciones. La tercera noche, Lui cometió el error de presentarle a su chica, la lavadora Eya, y Onofre sintió un ardor estomacal: Eya era clavada a su Marijose, a pesar de sus rasgos mulatos, su pelo rizado y su talla de busto. Los tres días siguientes, Onofre evitó a Lui y persiguió a Eya por la lavandería del hotel. Su obsesión fue tal que hasta lamentó no haberse llevado instrumentos desde Cotillas para componer la canción que le empezaba a salir a borbotones. Necesitaba no enemistarse con Lui pero, a la vez, luchar por el nuevo amor de su vida.

La solución a su arrebato musical la encontró en el lobby del hotel, donde un gringo de chaqueta a cuadros, al teclado de un gran piano de cola, amenizaba presuntamente los atardeceres a los clientes, pero que a partir de la medianoche quedaba en silencio. Onofre negoció con el gerente el poder tocarlo de madrugada, bien bajito. Y así fue naciendo, acorde tras acorde, la melodía que no dudó en titular 'Broder Lui'. Y tres noches antes de su regreso a Albacete, Onofre se las apañó para sentar a Lui en el lobby, junto al piano, y cantarle su composición.

El resultado fue catastrófico: no solo Lui dejó de servirle chupitos, sino que Eya desapareció misteriosamente. Y, lo que es peor, no se había percatado de que, durante su interpretación, el alemán rubio que estaba sentado tres mesitas más allá era Dieter Bohlen, alma mater del grupo Modern Talking y que se había ido a la Dominicana en busca de la inspiración perdida.


De regreso a Cotillas, y cuando estaba a punto de convertir 'Broder Lui' en el primer single de su LP 'Eya es para mí', Onofre volvió a sentir que se le paraba el corazón: sintonizando los Cuarenta, por si hablaban de él, escuchó que el locutor anunciaba el nuevo número uno de la lista y que venía de Alemania, de la mano del grupo Modern Talking y cuyo título era... ¡'Brother Louie'!









Indignado, Onofre García Valderrama escribió a la cadena y a los germanos, reclamando la autoría de la canción. Nunca obtuvo respuesta. Su última baza fue escribir a Asincopado, el crítico musical más afamado de la prestigiosa revista cultural trienal 'El Urogayo', explicándole lo ocurrido y adjuntándole la maqueta del genuino y original 'Broder Lui'.









Y esta vez la respuesta fue positiva. En el número 814 de 'El Urogayo', Asincopado firmó una completa y documentada crítica, titulada 'Pelones frente a talento', que venía a darle toda la razón al genio de Cotillas. Por su importancia, reproducimos íntegra la crítica:

Sin duda alguna, la canción 'Broder Lui' es un icono de la cultura pop con una frescura solo propia de los más geniales artistas.
La cadencia de su ritmo y su sensualidad crean un hito que, por desgracia, sólo es conocido por aquellos que han investigado en la discografía de Onofre García, quien a lo largo de las últimas décadas ha perpetrado algunos de los más brillantes himnos de la música moderna, en su mayoría usurpados por artistas mainstream y disqueras sin ningún escrúpulos, pero conocedores de las envolvente capacidad de las canciones de García.
Este genio sabe combinar el pop con la cumbia, a los que otorga toques de techno gracias a los afilados teclados. Este hábil crossover emparenta el tema 'Broder Lui' con las composiciones de algunos de los grupos más vanguardistas: New Order, Depeche Mode y The Human League.
Las poderosas líneas de bajo y la punzante guitarra, que acompaña las teclas en los momentos más vibrantes de la canción, generan un muro de sonido al que se suma la percusión, una especie de martillo pilón rítmico, un alarde de modernidad heredera de los padres de la electrónica Krafwerk y de los visionarios Joy Division.
Y ante esta retahíla de referencias, ¿qué aporta la versión de Modern Talking? Sin duda algún avispado plagiador se encontró con la joya 'Broder Lui' y se la apropió para estos neófitos, apoyados por la maquinaria del marketing, siempre arrolladora.
¿Y para qué? El dúo germano desnaturaliza la obra maestra de García y lo reduce a una especie jingle minimalista pensado para las pistas de baile. Toda la profundidad y el bagaje musical de Onofre García se simplifica a un teclado, un sintetizador y mucha trivialidad.

Tras la publicación de esta crítica, el dúo germano anunció el comienzo de los trámites para su disolución.