viernes, 10 de julio de 2009

Para Daniel









Hoy, de vivir, mi padre cumpliría 88. Y hoy ha dejado de vivir Daniel a los 27. Hace años, viendo el encierro por la tele en diferido desde tierra americana, me quedé perplejo al escuchar al locutor narrar, más o menos, que "el ganado huye despavorido ante el acoso de los mosos que les jalean". Pero no hay que cruzar el charco para ver, en directo y hoy mismo en Antena 3 , que el reportero locuta la escena en la que aparece en el ruedo un mozo desmayado por el cabezazo de un cabestro (en anterior encierro) diciendo que "algunos no están en condiciones etílicas de correr".

El desconocimiento, la demagogia, el populismo o lo que sea, pero siempre por un extraño interés como de paracaidista, se aprovecha de una trágica muerte para intentar aguar la fiesta a un pueblo que lleva decenios de decenios corriendo delante de los toros en sus calles, "sus calles", porque les brota. Los que hoy se escandalizan, ayer se quedaron mudos ante un salvajismo mucho más peligroso para el conjunto de la población que los jandilla.


Hoy, de vivir, mi padre me hubiera vuelto a llevar a ver el encierro, como lo hizo desde 1962, cuando no había televisiones en directo ni tradición familiar por aquello de la cuna aragonesa. Un madrugón para tres segundos de sombras negras por ese vallado de Telefónica donde hoy Daniel se ha quedado.

Yo corrí una mano de encierros hasta que, el 9 de julio de 1988, mi seguridad se vino abajo al comprobar que me separaban milésimas del primer olor a establo que bufaba justo detrás. El tembleque que sufrí durante toda la mañana todavía hoy aguanta.

¿Ponemos normas a la fiesta? Venga, vale. Primera: el que haga programas de televisión o venda periódicos a costa del encierro, que done íntegros esos ingresos extras a las Hermanitas de la Caridad.

Porque caridad es lo que les falta: condenan el encierro mientras publican la foto de un moribundo en su portada. Ellos no saben de qué están hablando pero Daniel sí. Descansa en paz.

18 comentarios:

Mikel Arilla dijo...

Es un día triste para la familia, amigos y conocidos de este chaval, que, como bien reucerdas en el post, es de los que sabía, de los que sabía lo que se jugaba corriendo en San Fermín. Que de esos hay muchos y muy buenos.

También es un día triste para los panploneses o navarros que vivimos estas fiestas de cerca, porque da asco y vergüenza oír a algunos que crucifican todos los sanfermines (en general) por lo de hoy, que no sólo es particular, sino que también se trata de un espectáculo público, en el que cada uno es libre de participar y en el que animal y persona están, más o menos, en igualdad de condiciones.

Yo también tengo una camiseta de esas que pone "La tortura ni es arte ni es cultura". Pero sólo aplico la máxima a las corridas de toros, con absoluto respeto por todos los aficionados a los toros. Para mí, antitaurino de coso y no de adoquín, los encierros son otra historia y muy bonita, por cierto, de esta maravillosa fiesta que tenemos.

Descanse en paz.

LUISGUI dijo...

Clap, clap, clap

Paperboy dijo...

Me remito a lo que escribí en el perfil facebookiano de MAJ: "El periodismo no es un aliviadero para relajar nuestras conciencias, sino el escaparate de la sociedad en la que vivimos. Y la sociedad está formada por individuos, y los individuos son noticia. El hombre pillado en el encierro participaba en un evento público que es carne de noticia diaria. ¿Por qué hacer un aparte periodístico cuando el hombre sufre una de las consecuencias más factibles de ese mismo evento retransmitido y fotografiado a diario? Creo que lo que ha motivado este debate no es más que el kilómetro sentimental. Ante la foto del morito muerto, "qué mal está el mundo", y pasamos página. Cuando el muerto nos ensucia las bonitas vistas del barrio,montamos en cólera y llamamos al barrendero para que lo limpie".

Paperboy dijo...

Y añado: los muertos pueden ser el mejor método para desvelar los recovecos más oscuros (y, por tanto, más incómodos) de una realidad. Así puede ser en un atentado terrorista: el muerto puede revelar mejor que cien artículos de opinión la esencia del terrorismo, su crueldad, su repugnante propósito. Y así puede ser también en un encierro: el muerto señala una de las formas alternativas (improbable, no imposible) de terminar tan arriesgada fiesta. Por supuesto, el contexto de alegría y diversión duplican el impacto de la tragedia, pues al terrorismo ya estamos más acostumbrados. Siento mucho lo de ese chico, qué duda cabe, pero...¿quién se imagina un escándalo por fotografiar a un muerto durante la cobertura de una guerra? En ambos casos, el hombre está conscientemente expuesto al peligro. La bala es al tiroteo lo que la cornada al encierro. Y el periodismo debe mostrar TODO cuanto acontece.

Nico Sangrador dijo...

Me uno a los aplausos de LG.

clap clap clap clap clap

Y referente a lo que dice Paperboy... en fin.

Mikel Otaegi dijo...

Bastante debatí ayer sobre el asunto y creo que el perfil de MAJ da cuenta suficiente de mi postura. Así que, como Nico, me uno a los aplausos de Luis.

Y Yago:

El periodista está, precisamente, para hacer apartes. Para todo lo demás, el robot de lainformacion.com.

Jurdan Arretxe dijo...

Lo más curioso de esto es que como en el caso de tu colega, Paco, saca la vena más intervencionista que nadie nunca pudo imaginar en este tipo de gente.

Paperboy: disiento de casi todo lo que dices, incluido lo del cadáver de un asesinato. Pero dejo de entenderte cuando comparas la bala y la cornada.

Sacar la foto de Inaxio Uria puede tener cierta justificación para denunciar al asesino criminal, para señalar qué hijosdeputa son.

El amigo Daniel corrió ante Capuchino porque quiso y probablemente asumiendo-aceptando el riesgo que suponía. Y más probablemente, sin que quisiera que lo sacaran así después si ocurría lo que ocurrió. ¿Qué busca el poner esa foto en portada? ¿Denunciar al toro colorado por tan vil asesinato en vía pública? ¿Concienciar de la peligrosidad de un acto en el que al día siguiente y pocos metros más adelante un mozo la vuelve a liar por inconsciente (o gilipollas)? ¿O vender más periódicos?

Por ahí no paso, porque el periodismo no puede mostrar TODO lo que pasa: tiene unos límites físico-temporales y por eso el periodista ha de seleccionar. Para eso nos pagan, no por echar todo al plato del consumidor.

Paperboy dijo...

Escudarse en los "apartes" puede convertirse en una peligrosa autocensura periodística que esconda los hechos incómodos bajo la alfombra de la sensibilidad pública. Pero los periódicos no son escuelas de sensibilidad. Su misión no es proteger paternalmente a la sociedad de los horrores del mundo, sino enfrentar a la sociedad a esos mismos horrores. De otra manera, la cobertura de sucesos con muertos será como una recogida de pimientos de Padrón, donde "unos morren e outros non". ¿El cadáver palestino sí y el pamplonica no? En los hechos públicos, o sacamos a todos los muertos o no sacamos a ninguno. No es cuestión de morbo (aunque, efectivamente, muchos basen su estrategia de ventas en él), sino de atenerse al principio de la realidad.

Mikel Otaegi dijo...

Nadie ha planteado que en sustitución de la noticia de la muerte de un corredor hubiera que poner un anuncio de vídeos de los Teletubbies.

Para mostrar esos "horrores" no es imprescindible herir la memoria de los familiares y amigos de la víctima de la cornada (o del tiro en la nuca, o de la bomba lapa, o del cañonazo en el vientre).

Tienes, como ejemplo, la portada de hoy del Diario de Noticias.

Paperboy dijo...

Dicho esto, me gustaría matizar una cosa: el enfoque de la foto sí puede ser debatible. Aporta más, a mi juicio, la fotografía que publica hoy en portada El País que la de El Mundo. Ese primer plano de rostro de Jimeno deja fuera de cuadro el contexto esencial (médicos, vallas, gente, conmoción) y se acerca obscena y dramáticamente a la sangre.

Nahum dijo...

Siento llegar tarde a este interesantísimo debate, sobre todo porque no encuentro todas las fotos polémicas a las que os referís, ni en El País ni en El Mundo. O, si las veo, no sé si son exactamente las de la polémica.

En todo caso, aquí está de nuevo el crucial asunto de la ética de la representación (porque los dos minutos de Pedro J. me resultan irrelevantes para este debate, francamente). Cuáles son los límites de la representación y, sobre todo, cuál es la finalidad de mostrar la violencia.

Me gustaría tener blancos y negros, como algunos de vosotros, pero solo llego al gris oscuro en este asunto.

No me gustan los toros y ni jarto de vino correría un encierro. Sin embargo, cuando estoy en España sintonizo cada mañana TVE para verlo. Y no solo (y, de veras, creo que esto es generalizado) por la belleza de algunas carreras de los mozos, sino por esa experiencia vicaria de sentir de cerca el peligro, la muerte. A los que de verdad les gustan los toros también han llenado páginas con esa "épica del peligro".

Por supuesto que está el derecho a la propia imagen de este pobre chaval, Daniel, que en paz descanse. Y entiendo perfectamente todos los argumentos que decís en este sentido. Pero no sé si la cosa es tan, tan clara.

Primero porque se trata de un acontecimiento público y todos los que corren lo saben. Son conscientes de que están expuestos a decenas de cámaras que recogen hasta el más mínimo detalle.

Segundo: porque, como dice Jurdan, el periodista media, selecciona... ¡pero lo hace partiendo de unos valores económicos, sociales, ideológicos, éticos...! Y, al parecer, el hecho de poner esta foto tan explícita pretende prevenir de futuras muertes. Porque, por mucho que nos guste la fiesta, la muerte en los encierros es una posibilidad bien cierta. Como línea editorial, me parece aceptable, como si se oponen a los toros porque están en contra de la tortura gratuita de animales y ponen en portada un toro destripado... (por favor, que nadie entienda que aquí estoy trazando un paralelismo entre toro y hombre).

Entonces, ¿estoy justificando lo explícito de esas imágenes en El País y El Mundo, bajo una supuesta violencia catártica? No, no lo estoy haciendo. Supongo que yo no las hubiera publicado. O al menos hubiera elegido un ángulo más abierto.

Pero, entonces, como dice Paperboy, surgen muchos otros inconvenientes: ¿qué hacemos con las numerosas portadas (con fotos de Pulitzer o de World Press Photo) que ponen rostro a la muerte, al desastre, a la desolación? Fotografías que pretenden enseñar la verdadera faz de la guerra o del hambre o de lo que sea... En esos casos no se suele montar revuelo por el derecho a la propia imagen de esas personas. ¿Por qué? ¿Kilometro sentimental?

El propio D. Francisco hace referencia a "un salvajismo mucho más peligroso para el conjunto de la población". La DGT opta por la explicitud extrema para mostrar la violencia de un accidente y, mediante la catarsis, prevenir sus trágicas consecuencias. ¿Están ahí justificados los brutales anuncios que hace la DGT?

Aún diré más, volviendo a los Sanfermines: sin caer en el cinismo de pensar que la muerte es un trance como otro cualquiera, ¿no os parece que se deberían "prohibir" los planos cortos en la retransmisión de los encierros? Hoy mismo he visto a un mozo "desnudado" por un toro, justo antes de la llegada a la Plaza de Toros. ¿Quitaríais a los fotógrafos de los vallados?

Mi pregunta, en el fondo, es: ¿Dónde pondríais el límite? ¿Cómo lo extrapolaríais a otros escenarios dramáticos? Creo que esa es la verdadera clave de este debate.

Yo sí creo que hay que mostrar la (posible) brutalidad de los encierros. Al igual que hay que reivindicar su extraordinaria belleza. Es la vida y, sobre todo (excepto para los borrachos que se cuelan), una decisión plenamente consciente.

El caso es elegir cómo mostrar esa posible brutalidad. Y no, no me parece una tarea fácil. Y tampoco me parece un asunto de blancos y negros.

Sigo reflexionando sobre ello.

Jurdan Arretxe dijo...

Nahum:

Creo que en Escocia echan los encierros del día anterior. El tipo que se queda desnudo fue de ayer, domingo. Con el estómago vacío, es recomendable ver la inmensa galería del DdN (216 fotos).

No es cuestión de expulsar a los fotógrafos. Por la misma regla de tres, no habría enviados especiales en las guerras. Hay que saber qué se publica y qué no. Incluso saber en un momento dado qué tienes que fotografiar y qué no. Pero lo principal, supongo, será a la hora de publicar.

Para mí la comparación entre la DGT y un encierro no existe tampoco. En los anuncios no hacemos más que ver actores. Son recreaciones. En los encierros (y en la guerra) tenemos a gente con nombre, apellidos, familia. Y por eso los del Diario pueden hacer el gran trabajo que hacen al escribir sobre el mozo bicorneado.

No es cuestión de negros ni de blancos. Simplemente es que a mí se me revolvería mucho el estómago si publicara las imágenes que hemos ido viendo tanto con Jimeno como ayer con Torreblanca. Da para un debate más sosegado. Sin duda.

Nahum dijo...

Jurdan: totalmente de acuerdo con lo de la DGT. Lo traía a colación porque creo que es un ejemplo interesante al hablar de los límites de la representación y, sobre todo, porque Paco lo citaba en su texto.

En todo caso, el desafío intelectual sigue siendo el mismo. Y le doy vueltas y leo (y os leo), pero no termino de verlo claro: ¿qué hacer, entonces, con las imágenes de las guerras, donde se han visto tantos rostros personales? Casi encuentro más excepciones que reglas...

Mikel Otaegi dijo...

Vuelvo al debate (y con una chapada).

Nahum, has aportado un nuevo ingrediente a la discusión, el asunto de los límites de la representación, pero con eso quizás nos distraemos de lo que personalmente considero el auténtico argumento en contra de publicar esta foto (vuelvo a lo de la foto porque es, al final, la cuestión concreta con la que hemos iniciado el debate).

Hablas de derecho a la imagen de Daniel, el corredor que falleció. En términos legales no se le reconoce ningún derecho semejante. Y, como concepto, sería un absurdo: ni puede herirse su honor ni puede comerciar con la imagen, porque está muerto.

Quien puede verse perjudicado por la publicación de la foto es el entorno de Daniel; le queda el derecho a la memoria, a que ese recuerdo que permanece en sus allegados no se vea atacado/herido por la publicación de la foto (y las leyes reconocen este derecho).

¿Cómo guardar el respeto a la memoria de Daniel? Paco suele utilizar una regla muy sencilla en la formulación, pero algo más complicada en su aplicación: si el muerto es un familiar/amigo tuyo, ¿lo publicarías?

Es una pregunta que tienen que hacerse los que toman decisiones. No creo que se pueda acertar siempre.

Esto respecto a la publicación de informaciones (fotos, artículos, etc.) que pueden herir ala memoria de determinadas personas.

Lo de la representación, a mi modo de ver, es una cosa distinta, al menos teniendo en cuenta el ejemplo que se ha puesto: las campañas de la DGT.

Sin reflexionar demasiado, he pensado en películas y violencia y me he dicho: "pues se puede llegar hasta el final, ¿no?". Y, de pronto, me ha surgido la siguiente pregunta: "En una película con un pederasta de por medio, ¿hasta qué grado de verosimilitud estaríamos dispuestos a llegar en la representación de sus violaciones?". Se me ha revuelto el estómago.

Así que, en ese sentido, me uno a tu gris oscuro, sin ver blancos y negros. ¿Es suficiente el sentido común?

PD: Nahum, tú que eres cinéfilo y seriéfago, quizás me puedas aclarar una curiosidad que me ha surgido con este tema: en infinidad de películas y series se puede ver un asesinato explícito, con la metralla abriendo en dos el estómago de un soldado o la espada cortando cabezas... pero, ¿es sólo mi impresión o los suicidios suelen ser tratados con un mayor "respeto", sin llegar a enseñarlo "todo"?

Nahum dijo...

Mikel: me quedan algo lejos las clases de Derecho de la Información (seguro que vosotros las tenéis más frescas), pero no recuerdo algún "derecho a la memoria" y sí me suena el concepto legal del "derecho a la propia imagen". Pero prometo revisarlo a mi vuelta a España.

Entiendo (y casi comparto todo) lo que dices, pero creo que en el fondo el asunto intelectual viene a ser el mismo: ¿se puede representar todo o no? ¿Cuáles son los límites? Mi idea era intentar trascender el caso de Daniel... o cogerlo solo como ejemplo de un problema muy, muy importante en la profesión periodística.

P.D. Con respecto al suicidio, uf, pues hay de todo. Hay muchísima violencia "inmoral" y gratuita también en la ficción. Hay también varias apologías del suicidio.

P dijo...

La vida es esto. Prestémosle atención a los
detalles. Al calorcito humeante del pis, a sacar la basura, a viajar apretados
en colectivo. Si no disfrutamos eso, ¿qué nos queda?

Jurdan Arretxe dijo...

Por aclarar este debate que va a trompicones hasta que don Francisco vuelva de algún sitio (es recibir el premio en la Gala FCOM y subirse el pavo, esta juventuz...):

Nahumm en la exposición de motivos de la L.O. 1/1982: "Aunque la muerte del /sujeto de derecho extingue los derechos de la personalidad, la memoria de aquél constituye una prolongación de esta última que debe también ser tutelada por el Derecho" (PDF).

Paperboy dijo...

El argumento de "si el fallecido fuese tu padre, ¿lo sacarías en el periódico?" me parece algo facilón y algo populista. Si mi padre fuese encarcelado por corrupto, tampoco me gustaría que sacasen su foto en portada. Por el contrario, estaría encantado de que lo hicieran si ganase el Premio Nobel. El fotógrafo de guerra, ¿va a pedir uno a uno a los combatientes su permiso para salir en el periódico?