viernes, 5 de diciembre de 2008

La grandeza


La Constitución supuso un enorme ejercicio de generosidad y altura de miras por parte de todos los representantes políticos, capaces de ponerse de acuerdo en lo esencial para hacer posible la convivencia de todos los ciudadanos, algo que se dice pronto pero es bien difícil de conseguir.

El caso es que hoy, 30 años después, vuelve el debate cíclico sobre si nuestra Carta Magna debe ser reformada o no. Y como es ella misma, la Constitución, la que ampara entre otras libertades la de expresión, podemos conocer el estado de opinión de la sociedad a través de la Prensa. Y resulta que, según de qué pie cojee cada periódico, el enfoque del titular es bien ilustrativo. Así, para algunos diarios la noticia es que El 50 por 100 de los españoles está a favor de una reforma constitucional, mientras que otros periódicos titulan que El 50 por 100 de los españoles está en contra de una reforma constitucional.

Bien, pues aclarado este punto, por lo menos ya sabemos en qué inciden los reformistas de la Constitución:

En primer lugar, en la ley de Sucesión, ya que hay una corriente que quiere que desaparezca eso de que los varones tengan prioridad para heredar la Jefatura del Estado. Y yo, si les soy sincero, estoy bastante a favor, sobre todo para ver si me aclaro dentro de esa familia real, tan llena de nietos, nietas, consortes y ex consortes que precisa de una hoja de ruta para trazar la sucesión. Eso sí: en lo que no se ponen de acuerdo estos promotores, por lo visto, es en que si esa reforma debe afectar desde ya al Príncipe Felipe o debe aplicarse más adelante, en la siguiente generación. Lo cual, si me lo permiten, es una forma algo sibilina de tirar la piedra y esconder la mano, dejando la patata caliente para los que vengan después.

Otro de los aspectos más demandados por los partidarios de la reforma constitucional es definir, que ya va siendo hora, las funciones y el sentido del Senado, esa Cámara que, hoy por hoy, nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve.

El problema radica en la presumible imposibilidad de volver a poner de acuerdo a todos los representantes políticos. Hoy es el día en que se sigue recordando, como gran gesta titánica, eso de poner de acuerdo a casi todos para aprobar un marco de convivencia que contentara a la mayoría. O sea, que no es por pecar de pesimista, pero eso de volver a conseguir un consenso político se me antoja bien difícil. Aunque, por supuesto, ojalá me equivoque.

Sanseacabó Nº 36, semana 49 de 2008, emitido por 98.3 Radio