martes, 4 de noviembre de 2008

Acerca del periodista digital [y2]

[...viene de la entrada anterior]

Frente a la pericia tecnológica, y desde mi punto de vista, el periodista digital que triunfará será el que atienda y llegue a dominar por encima de todo estas cuestiones:

1ª.- La selección de los hechos relevantes


¿Por qué? Porque internet se ha convertido en estos momentos en un pozo sin fondo de información, en páginas sin principio ni fin. Y este extremo, que sin duda tiene la virtud de la democratización y la libertad, genera el caos y la confusión en la gran mayoría de navegantes, que no tienen tiempo ni recursos para destilar lo esencial de la información que de verdad les importa.

Decía antes que cada vez son más los navegantes expertos, pero eso no significa que estén dispuestos a invertir su tiempo en bucles de búsqueda sin fin y sin hilo conductor. Además, aunque haya buenos navegantes, sigue siendo gran mayoría los que no aciertan a defenderse con garantías de éxito por un mar de enlaces que, al final, les hace olvidar hasta el objetivo de su búsqueda inicial.


Parece que muchos estudiosos de este tema se han quedado en que lo importante para el usuario digital es esa capacidad infinita de elección. Y creo personalmente que no, que el internauta, al igual que ocurre con el lector de prensa, el radioescucha y el televidente, agradece la guía periodística, esto es, que sean los profesionales de la información quienes le destilen lo esencial de la información. Siempre sobre la base irrenunciable, por supuesto, de la credibilidad, el rigor y la independencia.


El periodista digital tiene la oportunidad –y hasta diría que la misión– de facilitar la labor de selección a los usuarios. Como profesional de la información está capacitado y tiene criterio para hacerlo, pero es que además cuenta con la inestimable ayuda que le ofrece el nuevo medio desde el punto de vista de su interactividad: gracias a ella, los periodistas pueden conocer, incluso en tiempo real, cuáles son los gustos y las preferencias informativas de los usuarios, bien porque se lo hacen saber directamente, bien porque basta con consultar las estadísticas de visitas a los diferentes contenidos que ofrece el profesional o su medio.


2ª.- La jerarquización de la información


Una vez que el periodista digital ha averiguado lo que el navegante quiere saber, el siguiente paso será ofrecerle lo que necesita saber, esto es, los contenidos imprescindibles y valorados por orden de importancia (por supuesto, según criterio que se supone profesional) para que el navegante/lector absorba el máximo de información con el mínimo esfuerzo.

Aquí entra, de lleno, su función periodística: averiguar lo que no sabe... y no sólo en la red, sino acudiendo a cuantas fuentes sean necesarias. Y en esa línea primarán sus fuentes propias y privadas, a las que sólo él tiene acceso. Si así lo hace, el lector agradecerá el enterarse primero de lo que no sabe o no puede saber por otro conducto que no sea el que le ofrece el periodista digital. Esta cuestión se aproxima al valor de la información no como exclusiva (que suena siempre como algo en exceso trascendente) sino como novedad que merece ser divulgada.


A partir de su información, el periodista digital sí podrá intervenir en su faceta más documental, proponiendo a los usuarios con más tiempo o interés aquellos otros recursos que les pueden ayudar: enlaces, en definitiva, a fuentes públicas para todos los interesados. Su misión, aquí, será la de proponer los contenidos por orden de importancia o por criterio temático.


3ª.- La capacidad de profundizar y contextualizar


Yo pienso que uno de los principales enemigos de internet como medio de comunicación está en su interior, en su propio carácter de pozo sin fondo informativo. El exceso o la sobreabundancia de información no significa que la sociedad esté mejor informada. El futuro del periodista digital, en mi opinión, no se basará tanto en sus habilidades técnicas como un su capacidad para transmitir los mensajes de una forma ordenada y sin que llegue a agobiar al receptor de la información.

Las primicias informativas, ahora, tienen muchos medios de salida, y la inmediatez de internet entra en competencia con la de la radio y la televisión. Pero internet, frente a estos dos medios, tiene la afortunada ventaja de que esa inmediatez no está en conflicto con el orden del mensaje, las secuencias, el principio y el fin de la información. Quienes conectan la radio o la televisión deberán tener la suerte de que “en ese preciso momento” se esté dando cuenta del hecho noticioso; pero si sintonizan con el programa comenzado, quedarán sin entender el todo de la noticia y se verán obligados a esperar, cuando menos, al siguiente programa informativo.
En internet, por el contrario, es el receptor de la información quien decide cuándo comienza a recibir la información y hasta dónde quiere llegar, sin que ello esté reñido con el hecho de que el periodista digital, simultáneamente, esté actualizando su información: bastará un simple refresco de pantalla para acceder al último minuto.

Por eso pienso que el periodista digital tiene la gran oportunidad –y en esto se parece a su colega de los medios impresos– de apostar por la calidad frente a la cantidad. Tiene la gran posibilidad de profundizar en la información hasta límites insospechados; puede contextualizar cualquier artículo con antecedentes y consecuentes, analizarlo y ofrecer para ello cualquier valor agregado, desde opiniones hasta testimonios de los protagonistas en cualquier soporte multimedia.


Como resumen de estos tres puntos diré que, como internauta, me haré seguidor de aquel periodista digital que sepa cuáles son mis focos informativos de interés y me los ofrezca; que sepa qué necesito saber sobre ellos y me informe de un modo ordenado y jerárquico; y, por supuesto, que me ayude a entenderlos, no a través de la opinión sino del análisis y la contextualización.


Con estos valores y modos de conducta asumidos, el periodista digital sí que podrá aprovechar las ventajas que le brinda internet y de las que no disfrutan sus colegas de otros medios:

1º.- Un grado profundo y actualizado de conocimiento de su audiencia, que le permite apuntar con mayor precisión a los objetivos informativos.
2º.- La posibilidad de interactuar con su audiencia, de modo que los informados se pueden convertir también en informadores.

3º.- Una autoevaluación constante sobre su eficacia y valía profesional, que puede medir por las respuestas y opiniones de su audiencia, más allá del examen tradicional que hasta ahora sólo competía a sus jefes.


El factor común en estos tres puntos, como puede apreciarse, es la proximidad y la personalización, el contacto con la audiencia que le va a permitir al periodista digital cumplir su misión informativa en el medio digital y que le va a distinguir de sus colegas de otros medios por estas ventajas que se le brindan:
– Su investigación y sus informaciones pueden no sólo ser actualizadas en el momento y en cualquier momento, sino que pueden verse enriquecidas por las aportaciones de los propios destinatarios de la información.
– La forma de relatar (y aquí es donde sí se produce un giro radical con respecto a otros medios) rompe las normas lineales, verticales, y se abre a otras posibilidades más enriquecedoras como son las hipertextuales y contextuales, en versiones espaciales con infinitas posibilidades de interrelación.

– Ya no debe elegir entre el texto escrito o hablado, entre la imagen fija o en movimiento, entre el testimonio sonoro o visual para hacer llegar su mensaje: puede acudir a una mezcla de éstas y otras posibilidades multimedia que mejor se acomoden para alcanzar su objetivo de informar.


Para poder sacar el máximo rendimiento a las posibilidades del medio digital es cuando entran en juego las habilidades y técnicas que debe cultivar todo aspirante a periodista digital (o que quiera mejorar como tal).

En cuanto a la redacción


Sigue siendo la herramienta básica de comunicación digital en su vertiente de medio informativo. Los periódicos en línea, en todo el mundo, son los sitios web más visitados y en el contenido de ellos siempre predomina el texto. El redactor digital debe tener:

Dominio del lenguaje
• Internet ha pulverizado todas las barreras geográficas que hasta ahora limitaban el alcance y la difusión de los medios tradicionales. La audiencia del periodista digital se universaliza y, como mucho, sólo se topa con la frontera idiomática, en nuestro caso el español, que a su vez tiene sus matices y peculiaridades según las regiones.
• Por ello, el periodista digital debe dominar el lenguaje más allá de lo considerado como correcto porque de sus palabras dependerá en gran medida la comprensión de su mensaje por parte de un receptor que ha dejado de ser local y se ha convertido en multinacional. Y, además, el idioma crece en importancia por su misión cultural además de informativa.

Capacidad de síntesis
• A diferencia del relato en un medio impreso, los géneros periodísticos tradicionales están teniendo un difícil acomodo en la red. La lectura, decimos, ya no es “vertical” y por eso un texto largo que obliga a un continuo desplazamiento por la pantalla termina por ahuyentar al internauta porque, independientemente de su interés, cansa a la vista.

• El periodista digital debe aprender a escribir mucha información en poco espacio, y valerse de otros soportes (el PDF, por ejemplo) para ofrecer a su usuario la posibilidad de descargar para imprimir el “texto tradicional” en toda su extensión.


Capacidad de jerarquización

• Aunque las investigaciones en el terreno del lenguaje digital aún son escasas –o, para ser más exactos, están en pleno proceso pero sin conclusiones generalizables–, pienso que es probable que internet resucite la pirámide invertida (ordenar los datos de mayor a menor según su importancia informativa) que en los medios escritos ya se daba por superada.

• El periodista digital debe mantener la tensión de su usuario porque un solo bajón de su interés le puede llevar con un clic del ratón lejos de su alcance... y con pocas probabilidades de retorno. Pero lo hará si sabe que su periodista tiene ordenada y jerarquizada la información.


Capacidad de contextualización

• Las posibilidades que abren los hipertextos no deben utilizarse sin control. El exceso de enlaces, lejos de facilitar la navegación, terminan por abrumar y, como hemos dicho, incluso hacen perder el hilo conductor al usuario.

• El periodista digital tiene que ser capaz de ordenar convenientemente todo el contexto informativo y, siempre que pueda, con sus propias palabras, sin necesidad de acudir a enlaces con terceros.


En cuanto al conocimiento del medio


Dominio de la navegación
• Aunque los periodistas, en general, hayan adoptado internet como una de sus fundamentales fuentes de información, siguen siendo los menos los que saben sacar todo el rendimiento al fondo informativo que almacena. El periodista digital debe ser un experto navegante, capaz de trazar con inmediatez una carta de navegación según la circunstancia. Esto significa que su movimiento por la red debe ir mucho más allá de una buena selección de ‘favoritos’ o del empleo sistemático de un buscador; de hecho, eso lo hace cualquier usuario de la red con cierto interés y pericia. Lo que diferenciará al periodista digital es su “puntería” al acertar en el uso de los distintos buscadores (automáticos o temáticos), metabuscadores y bases de datos –por citar las herramientas que hoy por hoy son las más prácticas– para localizar y servir con tanta prontitud como criterio la información precisa.

Capacidad de organización y distribución

• Ya hemos dicho, pero insistimos en ello, que uno de los grandes enemigos de la red es su infinito contenido que puede abrumar por caótico. El periodista digital está llamado a luchar contra el caos y contribuir, con su propia organización y sistemas de distribución, a imponer criterios de orden.

• El periodista digital que se entrene como organizador y consiga sistematizar su trabajo de un modo fácil y práctico para el conjunto heterogéneo de usuarios verá recompensado su esfuerzo, con toda probabilidad, con la fidelización que conseguirá entre sus visitantes.

• La correcta y práctica organización de contenidos, junto a los métodos que permiten un acceso simple y rápido a los canales de distribución, siguen siendo dos de los bienes más preciados en la red.


Control de almacenamiento y recuperación de información

• El periodista digital debe predicar con el orden de sus materiales: ser capaz de organizarlos por sistemas reconocibles (temáticos, cronológicos, etc.); crear un archivo simple y accesible para todo internauta que desee acceder a su trabajo histórico; establecer un sistema de búsqueda que emplee los menos pasos posibles; proporcionar el material informativo en diversos formatos y plataformas para que pueda ser utilizado independientemente de posibles limitaciones tecnológicas del usuario...


Capacidad de trabajo en equipo con otros profesionales

• El que defendamos que la definición de periodista digital no es la misma que la de periodista multimedia no anula un hecho real: la necesidad, ineludible y fundamental, de que el nuevo profesional colabore de una forma estrecha, como un auténtico equipo, con otros profesionales que intervienen en el proceso de difusión de la información: diseñadores, documentalistas, programadores, técnicos en la producción multimedia...

• Aunque lo anterior pueda parecer una evidencia innecesaria de recordar, pienso que merece la pena insistir en esa importancia del trabajo en equipo porque, desgraciadamente, la colaboración entre distintos profesionales en los medios tradicionales suele brillar por su ausencia. En los periódicos diarios, donde tengo una mayor experiencia, hasta unas relaciones tan elementales como deberían ser las del redactor con el fotógrafo y el diseñador suelen estar presididas por la confrontación en lugar de la colaboración.
Y en el medio digital esa colaboración interdisciplinar va a ser no sólo conveniente sino imprescindible, y el mejor camino para ello es que el periodista digital “aprenda a saber” qué pueden hacer los demás y hasta dónde pueden llegar para que el mensaje informativo llegue antes y mejor al receptor.

En cuanto a la tecnología


Conocer los lenguajes multimedia
• Si no tiene dominio, sí que debe por lo menos entender su funcionamiento y posibilidades informativas. Este conocimiento facilitará su proceso de toma de decisiones para elegir formatos y complementos como parte del mensaje.

Manejo de programas

• Es evidente que si el periodista digital se encarga además de la gestión de sus contenidos, su labor se verá facilitada si domina programas relacionados con el diseño de sitios web y con el protocolo de transferencia de ficheros.

• Estos programas, en los últimos años, están evolucionando al mismo ritmo –o superior– que la propia red. Por tanto, cuando decimos que el periodista digital debe manejar programas relacionados con la gestión digital de la información no queremos referirnos a un software en concreto, sino al funcionamiento general. El periodista debe conocer, antes de nada, su filosofía de utilidad, qué hace y qué no puede hacer, cómo sacarle mayor rendimiento, etc.
Si absorbe esta filosofía será mucho más fácil que, en cualquier momento, pueda entender y manejar las herramientas concretas de que disponga él mismo o el medio para el que trabaja.

Manejo de herramientas para la interactividad

• Las posibilidades de relación fluida entre informador e informado que los medios digitales abren, es una de las grandes bazas de éxito de la red.
Por ello, para que el periodista digital pueda sacar el máximo rendimiento a esta característica, parece imprescindible su entrenamiento en el manejo de herramientas interactivas. Por el momento –es imposible saber cómo será mañana– las más utilizadas son las que facilitan el diálogo emisor-receptor y la recepción de información solicitada –formularios, encuestas–, las que crean comunidades virtuales de participación o las que facilitan al receptor la personalización de contenidos.

Para terminar, me gustaría hacer una reflexión conjunta con todos ustedes. Una reflexión a la que me mueven unas palabras de mi compañero el profesor Ramón Salaverría –director del Laboratorio de Comunicación Multimedia de la Universidad de Navarra–, pronunciadas en el Congreso Internacional de la Comunicación celebrado hace un año en Pamplona. Y cito sus palabras: “En muchas Redacciones se detecta un enfrentamiento soterrado entre los periodistas de siempre, los supuestos guardianes de la ortodoxia periodística y albaceas del periodismo de verdad, y esos nuevos periodistas, recién salidos de las facultades, curtidos con la playstation más que con Cervantes y que, apoyados en sus conocimientos de los arcanos tecnológicos (HTML, FTP, Dreamweaver, Photoshop...) irrumpen a menudo en las Redacciones con cierto ademán de superioridad ante sus predecesores. Y esto no es nada bueno. Ni para unos ni para otros. Para los jóvenes, porque creen que los veteranos no tienen nada que enseñarles y para los veteranos porque su desdén hacia lo nuevo les ha vendado los ojos y les impide ver la emergencia imparable de los nuevos medios digitales. Y es que en el futuro todo lo que no sea periodismo digital, no será periodismo”.

Personalmente pienso que ese futuro exclusivamente digital al que se refiere el profesor Salaverría está todavía lejos. Lo cual no impide que coincida con él en todo lo demás, en el sentido de que periodistas tradicionales y digitales se estén mirando con recelo, cuando no con enfrentamiento, en un mundo profesional que está evolucionando a velocidad de vértigo y que, guste o no guste, está conformando un futuro irreversible.
Y esto es malo, perjudicial para la profesión. Si uno de los componentes que son imprescindibles para ser periodista es la curiosidad, que lo es, creo que cuando menos todo profesional debería asomarse con ella a lo que desconoce de su propio mundo: tanto el joven que ignora los medios tradicionales, como el veterano que se siente mayor para entender ese futuro que ya es presente.

Por eso, hoy como nunca, independientemente del medio, de los métodos, de las técnicas, de las habilidades, de los soportes, lo importante es ejercer el buen periodismo que demanda y merece la sociedad. Y el buen periodismo sólo puede ser ejercido por los buenos periodistas a los que los árboles no les impide ver el bosque; a los que los medios no les impide ver su objetivo: el servicio a la sociedad en busca de un futuro mejor para todos.

1 comentario:

Mikel dijo...

Acabas de solucionar mis problemas de sueño.





PD: Sabes que es broma. Estamos los Mikeles siguiendo el escrutinio. Creo que, al menos, nos llevamos el reintegro.