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lunes, 6 de julio de 2009

Broder Lui

Álex Ubago fue contratado por el Ayuntamiento de Pamplona para ser el tristón que alegrara el comienzo de los Sanfermines solo por una razón: porque Onofre García Valderrama, que era el preferido por el Consistorio, había declinado la invitación. Su depresión, incubada en los ochenta, le sigue impidiendo aparecer en público. Una década que le marcó por los constantes robos y plagios que sufrió su imprescindible producción musical.

En la primavera de 1986, Onofre García Valderrama resultó agraciado en un sorteo de Patatas Matutano con un viaje de ocho días para dos personas, con todos los gastos pagados, a Punta Cana. Pero el músico, que desde el desengaño amoroso con su Marijose en 1977 no había vuelto a tener pareja estable, negoció con la firma de snacks para trocar el viaje de ocho días para dos por otro de dieciséis para uno, que venía a ser lo mismo, a su entender.

Al segundo día de su estancia en Playa Bávaro ya había entablado cierta amistad con un camarero llamado Lui, un rasta jamaicano que le suministraba el roncito en la tumbona de la piscina. A Onofre le hizo gracia que, desde el primer momento, Lui se le acercara sonriente y le preguntara "¿qué le pongo, brother?", y así trago tras trago. La amabilidad del nuevo amigo propició el acercamiento, el conocimiento y muy pronto Onofre correspondió a esa complicidad llamándole con lo que intuyó calificativo cariñoso de la cercanía afectiva: Broder Lui.

Pero pronto se complicaron las relaciones. La tercera noche, Lui cometió el error de presentarle a su chica, la lavadora Eya, y Onofre sintió un ardor estomacal: Eya era clavada a su Marijose, a pesar de sus rasgos mulatos, su pelo rizado y su talla de busto. Los tres días siguientes, Onofre evitó a Lui y persiguió a Eya por la lavandería del hotel. Su obsesión fue tal que hasta lamentó no haberse llevado instrumentos desde Cotillas para componer la canción que le empezaba a salir a borbotones. Necesitaba no enemistarse con Lui pero, a la vez, luchar por el nuevo amor de su vida.

La solución a su arrebato musical la encontró en el lobby del hotel, donde un gringo de chaqueta a cuadros, al teclado de un gran piano de cola, amenizaba presuntamente los atardeceres a los clientes, pero que a partir de la medianoche quedaba en silencio. Onofre negoció con el gerente el poder tocarlo de madrugada, bien bajito. Y así fue naciendo, acorde tras acorde, la melodía que no dudó en titular 'Broder Lui'. Y tres noches antes de su regreso a Albacete, Onofre se las apañó para sentar a Lui en el lobby, junto al piano, y cantarle su composición.

El resultado fue catastrófico: no solo Lui dejó de servirle chupitos, sino que Eya desapareció misteriosamente. Y, lo que es peor, no se había percatado de que, durante su interpretación, el alemán rubio que estaba sentado tres mesitas más allá era Dieter Bohlen, alma mater del grupo Modern Talking y que se había ido a la Dominicana en busca de la inspiración perdida.


De regreso a Cotillas, y cuando estaba a punto de convertir 'Broder Lui' en el primer single de su LP 'Eya es para mí', Onofre volvió a sentir que se le paraba el corazón: sintonizando los Cuarenta, por si hablaban de él, escuchó que el locutor anunciaba el nuevo número uno de la lista y que venía de Alemania, de la mano del grupo Modern Talking y cuyo título era... ¡'Brother Louie'!









Indignado, Onofre García Valderrama escribió a la cadena y a los germanos, reclamando la autoría de la canción. Nunca obtuvo respuesta. Su última baza fue escribir a Asincopado, el crítico musical más afamado de la prestigiosa revista cultural trienal 'El Urogayo', explicándole lo ocurrido y adjuntándole la maqueta del genuino y original 'Broder Lui'.









Y esta vez la respuesta fue positiva. En el número 814 de 'El Urogayo', Asincopado firmó una completa y documentada crítica, titulada 'Pelones frente a talento', que venía a darle toda la razón al genio de Cotillas. Por su importancia, reproducimos íntegra la crítica:

Sin duda alguna, la canción 'Broder Lui' es un icono de la cultura pop con una frescura solo propia de los más geniales artistas.
La cadencia de su ritmo y su sensualidad crean un hito que, por desgracia, sólo es conocido por aquellos que han investigado en la discografía de Onofre García, quien a lo largo de las últimas décadas ha perpetrado algunos de los más brillantes himnos de la música moderna, en su mayoría usurpados por artistas mainstream y disqueras sin ningún escrúpulos, pero conocedores de las envolvente capacidad de las canciones de García.
Este genio sabe combinar el pop con la cumbia, a los que otorga toques de techno gracias a los afilados teclados. Este hábil crossover emparenta el tema 'Broder Lui' con las composiciones de algunos de los grupos más vanguardistas: New Order, Depeche Mode y The Human League.
Las poderosas líneas de bajo y la punzante guitarra, que acompaña las teclas en los momentos más vibrantes de la canción, generan un muro de sonido al que se suma la percusión, una especie de martillo pilón rítmico, un alarde de modernidad heredera de los padres de la electrónica Krafwerk y de los visionarios Joy Division.
Y ante esta retahíla de referencias, ¿qué aporta la versión de Modern Talking? Sin duda algún avispado plagiador se encontró con la joya 'Broder Lui' y se la apropió para estos neófitos, apoyados por la maquinaria del marketing, siempre arrolladora.
¿Y para qué? El dúo germano desnaturaliza la obra maestra de García y lo reduce a una especie jingle minimalista pensado para las pistas de baile. Toda la profundidad y el bagaje musical de Onofre García se simplifica a un teclado, un sintetizador y mucha trivialidad.

Tras la publicación de esta crítica, el dúo germano anunció el comienzo de los trámites para su disolución.

viernes, 5 de junio de 2009

lunes, 16 de junio de 2008

El melocotón de Onofre

Cuatro días antes de ingresar en su clínica de desintoxicación preferida, Onofre García Valderrama entregó a la discográfica la maqueta con la canción que completaba su LP ‘Vaya vida’. Se trataba del tema ‘Cacho melocotón’, primero en el que Onofre se sumergía por los procelosos y controvertidos vericuetos de la canción intimista/protesta. Pero Onofre necesitaba contar al mundo por la que estaba pasando y desenmascarar de una vez por todas a la traidora sociedad, responsable de todas sus desgracias.

Cuando en el verano de 1978 su interior se vio rasgado por la ausencia de noticias de Marijose, Onofre no quiso componer más. Estaba roto de amor y allí, en su refugio de Cotillas, comenzó a trasegar anís del mono entre el bar de arriba y el bar de abajo en un círculo vicioso que se fue estrechando hasta que los integrantes de su banda, 'Los Impecables de Cotillas', hicieron lo que unos amigos deben hacer: dejar de pagarle rondas. Pero Juan Luis, el bajo, fue más solidario si cabe y consiguió que su padre le diera trabajo en El Paraíso, la funeraria que regentaba en Albacete. Onofre trabajó allí, mal que bien, hasta la primavera de 1982. En ese tiempo se moderó algo en lo del anís, aunque empezó a tontear con otras cosicas que se metía a partir de las 19:30, cuando terminaba de despachar a su último cliente.

La casualidad de presentarse a voluntario en el Barnabéu por lo de los Mundiales, y encima ser aceptado, dio un vuelco en su vida. Su Marijose estaba también allí, de naranjita, y el músico sintió que se le volvía a exprimir el corazón. Por no entretenernos (tiempo habrá), baste decir que el reencuentro terminó en boda, celebrada en la tierra natal de Onofre, el domingo 27 de mayo de 1984. Allí, en la Iglesia Parroquial del Perpetuo Socorro, Marijose tardó 3’12’’ entre el sí quiero y la estampida. Al parecer –sin confirmar–, la excesiva familiaridad con la que era tratada por los tíos de Onofre le terminó por convencerse de que se estaba (¡se había!) equivocado. Y salió a la carrera sin mediar palabra.

Onofre volvió al circuito de arriba y abajo hasta que, en el otoño de ese mismo año, consiguió plaza interina en la Mutua de Impagados de Albacete como tasador de instrumentos musicales requisados a los morosos. Pero su cuesta abajo era ya imparable y su coqueteo con sustancias de despacho sospechoso fue convirtiéndose en un hábito in crescendo. Entre 1985 y 1989 alternó clínicas específicas, trabajos interinos y composiciones esporádicas en proporciones difíciles de determinar. Pero, sin duda, la culpa de todo lo que le pasaba había que echársela a la sociedad.

Esta obra maestra pertenece a julio de 1986, momento en que había retomado con más fuerza sus abandonadas ganas de composición. Y, con la imprescindible ayuda de su grupo ‘Los Impecables de Cotillas’, grabó en su granero el tema ‘Cacho melocotón’, una canción que es necesario que el mundo conozca, aunque sea tarde.


miércoles, 4 de junio de 2008

Por fin, ¡el vídeo!

Onofre García Valderrama estaba convencido de que su militancia mancheguista era aval sobrado para que Pedro Almodóvar aceptara de primeras conducir la puesta en escena de sus canciones. Según ha podido saber este corresponsal de fuentes generalmente bien informadas, el genio de Cotillas, Albacete, persiguió durante el primer trimestre del año en curso al director de Calzada de Calatrava, Ciudad Real, para ofrecerle desinteresadamente y por aquello del roce de la Mancha el volcado a imágenes de ‘Chocones’, primer sencillo de su recopilatorio ‘Onofre y los beibis cantan al ayer y al hoy’, que como es bien sabido arrasó en las pasadas Navidades.

Pero hete aquí que Almodóvar rehusó el regalo con gran pesar, o por lo menos eso le dijo el secretario adjunto al director de Agenda del sencillo cineasta: “Don Pedro –decía el SMS del ejecutivo que iba con copia a 223 destinatarios– lamnta no acptar su ptción xq stá ensa&ando con P-X la II IIT de Volver (Revolver). Abzs de to2”.

Onofre García Valderrama (sería allá por marzo) estuvo a punto de tirar la toalla y dejar que semejante canción quedara para siempre en los oídos de sus miles de fans, renunciando a su visualización en retina, como era su sueño. Pero, ya se sabe, las cosas pasan cuando tienen que pasar y no cuando uno quiere que pasen. El caso es que, al poco tiempo, conoció a un tipo en Tasca Liente, Cuenca, en donde se encontraba cerrando los bolos de su banda para el verano. El tipo en cuestión intentaba acabar como podía con un morteruelo y eso le hizo sospechar a Onofre que ese señor no era de por allí, así que le echó conversación hospitalaria. El señor, como sospechaba, ni siquiera chapurreaba bien el castellano, pero como Onofre tenía el inglés de cuarto o así, hicieron migas.

Resulta que era un tal Garry Marshall, director de cine, que se había dado a la gastronomía después de que su éxito de 1990 se le subiera a la cabeza y ya no encontrara cómo superar aquella historia en la que una ligera Julia Roberts y un forrado Richard Gere se enamoraran y tal. Luego filmó más, pero ni flowers. A Garry le iba el romanticismo y nunca encontró un guión a la altura de Pretty Woman, por lo que llevaba 18 años de ruta en ruta de tapas.

En medio del avanzado spanglish remojado con tinto peleón, Onofre le ipodeó en una oreja ‘Chocantes’ a Garry… y a éste le faltó tiempo para descolgar el móvil y poner en marcha a todo el equipo que tanto le debía desde aquel 90. En menos de trece días de mayo consiguieron tener listo el videoclip, gracias en parte al desparpajo de su cuñada Angelines (tan buena vocalista como actriz) y del bajista Juan Luis, que entendió a la tercera lo que se esperaba de él en el papel escénico.

Tras contratar a Atracciones Manolo para que montara el escenario en el descampado de Guadalorce, Garry y su equipo consiguieron hacer una obra plena, algo que siempre habían soñado desde lo de la Julia. Onofre, cuando vio el resultado, no pudo contener las lágrimas.


Relacionados: Duele un horror, Cumplimiento de sentencia, Ángeles del purgatorio, Un verano trascendental.

martes, 8 de abril de 2008

La mirada (4): así lo hicimos

A los catorce años debuté en un escenario. Fue con Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre. Representábamos esta obra no por motivación política, qué va, sino porque mi colegio era machero (no mixto) y el repertorio de piezas para elegir era como que limitado: la Escuadra, los Doce hombres sin piedad y poco más, porque no había guapo que se atreviera a ser, qué sé yo, Julieta. Mi interpretación protagonista en la piel del cabo Goban fue muy aplaudida por todo el público presente, y recuerdo que hasta la inolvidable María Crespo me dijo, en persona: “Muy bien, hijo, ahora a merendar”.

Poco tiempo después, en noviembre de 2007, me hicieron una oferta para volver a los escenarios que no pude rechazar. Y no tanto por el dinero, que siempre motiva y eleva tu caché, sino por el conjunto del proyecto: esta vez no era teatro sino ante las cámaras, con un guión de lo más progresivo hacia la entraña del alma y realizado por un equipo humano de primera magnitud. Se trata, ya lo habrán adivinado, de ‘La mirada’.

El papel que me ofrecieron me hizo estremecer. ¿Sería capaz de sacar todos los matices al personaje del padre bueno/cruel? ¿Podría mantener la intensidad dramática entre escenas oscilantes entre el candor y la crueldad? ¿Aguantaría, sin derrumbarme, con asumir que lo que el director esperaba de mí era la maldad, pero una maldad creíble desde la cotidianidad? ¿Conseguiría transmitir al espectador ese drama de la relación familiar salpicada por el infortunio y el sino del ser humano sin que perdiera el clarísimo hilo del relato?

Decidí pedir celda en el Monasterio de Veruela para recluirme quince días y ver si se me pegaba algo de inspiración a lo Bécquer, pero nadie contestó a mis llamadas a la centralita del cenobio. Inquieto, aposté entonces por entregarme a Ceac y apuntarme a su Método Stanislavski por Correspondencia en Siete días y surtió: el padre poliambivalente que dormía en mí salió a la superficie y así pude enfrentarme al papel de mi vida, con el consabido éxito de crítica y público.

Y por si fuera poca la recompensa emocional que supuso el darme la oportunidad de enfrentarme a mi otro yo y salir airoso, con lo que eso ya de por sí ha cambiado mi vida y percepción, hoy he recibido una sorpresa que, lo confieso, me ha hecho llorar: el impagable equipo de ‘La mirada’ me ha regalado el making of, que comparto con todos ustedes sin más palabras.

jueves, 6 de marzo de 2008

La mirada (3): exégesis

Hoy tocaba hablar del calvario gustoso subido por el elenco artístico de La mirada, pero lo urgente no deja tiempo a lo importante. Un lector anónimo dice no haber entendido nada de nada el guión, mientras otro que se oculta tras el seudónimo ‘provocador con causa’ (quién sabe si acurrucado tras la misma anónima identidad del primero) insiste en que no entiende nada de esta obra maestra.

Tras reponerme de la conmoción que supone comprobar el nivel intelectual de algunos lectores de este rincón, siempre agazapados ellos, tuve la tentación de explicarles yo mismo el argumento. Pero, ¿y si pecaba de prepotente listillo que se ríe del nivel intelectual de los menos agraciados?, ¿no sería una manifiesta falta de caridad?

He resuelto la duda escribiendo un correo a mi admirado profesor Aquilino del Moral Cifuentes, catedrático emérito de Epistemología Artística Aplicada en la Universidad Pública de La Codoñera (Teruel), para despejar las dudas de quién era aquí el orate, si el anónimo o servidor. “Don Aquilino –le decía esta mañana–, me gustaría que visionara el corto que le adjunto y me sacara de las dudas que están en el ambiente; ¿tiene alguna justificación el que un ser normal, con educación, digamos, universitaria, tenga dificultad para entender la trama de La mirada? Aunque sé que es un hombre muy ocupado, le rogaría una rápida respuesta, pues somos cientos, por no decir miles, los que estamos en vilo. Atentamente, Pacotto”.

Para mi grata sorpresa, esta tarde tenía en mi buzón la respuesta de don Aquilino, y que además me ha tranquilizado en gran parte de su contenido. Paso a transcribir:
Muy señor Pacotto:
Desconozco cómo ha conseguido mi dirección de correo electrónico, pero le rogaría que de ahora en adelante deje de molestarme. Pero en fin, ya que me ha enviado el corto, he terminado por verlo mientras almorzaba y paso a exponerle mis consideraciones.
Me sorprende lo que dice de que haya una sola persona que no entienda, a la primera y de un tirón, la historia que envuelve 'La mirada'. Hasta un bachiller se habría dado cuenta de que el autor regresa a sus impulsos púberes en lo que se refiere a madurez cognoscitiva, de modo que le basta mezclar ese químico ingrediente social a través de un cóctel de personalidades/tipo para destapar el cruce de caminos vital en el que confluyen la infancia, la parálisis, el amor tenso, lo fraternal, lo generacional, el golf, la bondad, la maldad y la crueldad hasta derribar el mito de la infancia eterna que ya describió en su día la metáfora de Peter Pan, en una colisión múltiple en la que nadie está seguro a todo riesgo, incluso (si me apura) por daños a terceros. La volatilidad de la inocencia infantil llega hasta la contundente personalidad materialista adulta en menos de siete minutos, de modo que el autor consigue transmitirnos que la vida es un acelerante sin freno por carril predestinado, donde el amor y el dinero se funden sin solución de continuidad.
Por cierto, el actor que hace de padre de Guillermo me ha parecido, lisa y llanamente, insuperable.
Y por favor, en serio, no vuelva a escribirme.
Atentamente,


Creo que, después de las sabias explicaciones de don Aquilino, cualquier comentario por mi parte estaría de más. Lo que más me sorprende es que parece que me ha leído el pensamiento.

Para entenderme mejor:

sábado, 8 de diciembre de 2007

Tener reflejos

La ciudad vieja reflejada en la ciudad nueva. Foto de Lejana y editada por Servidor.

Cuentan que Enrique Jardiel Poncela, o Miguel Mihura, que lo mismo da, fue detenido en la aduana de los Estados Unidos por contestar con un depende a la absurda pregunta de si venía con intención de matar al presidente. En el interrogatorio al que fue sometido por los poligringos de grandes culos burgerking se explicó: "En principio no tengo nada contra él, pero si es él el que viene a por mí, me defenderé".

En aquellos tiempos lejanos en los que sí daba gusto escuchar los debates en el Congreso, un diputado republicano increpó a su adversario cedista por su postura conservadora diciéndole que "claro, qué menos se podía esperar de un señorito que usa calzoncillos de seda", a lo que el aludido respondió a botepronto: "Lamento que la esposa de su señoría sea tan indiscreta".

Tener reflejos no es estar a la defensiva (o sea, no contestar al saludo "¡Cómo estás!" con un "¡Pues anda que tú!") sino despierto. Cuentan también que un alumno aprobaba todo en los exámenes orales, y a pesar de no pegar ni chapa, porque siempre dejaba en fuera de juego a sus profes; pasó Religión, por ejemplo, tras este breve ejercicio mental:
Profesor: A ver, Jacinto, primera pregunta: ¿el Padre es Dios?
Alumno: ¿El Padre de quién?
Hoy es notario en Logroño. El alumno.

Pero, ojo. Tener reflejos no significa ser más listo que el otro porque puedes pasarte de listo. Mi amigo Anselmo, sin ir más lejos, fue descalificado por arrancar antes del pistoletazo de salida. Llegaba un lunes a la Facultad y nuestro compañero Gabriel, algo trapajoso en el hablar, se interesó por su escapada donostiarra:
–Hom...bre, Ansel...mo. ¿Qué, qué tal por Sanse...
–¡Genial! Estuvimos de marcha sin parar, nos dio tiempo a hacer surf, a ir de pintxos por el Casco, a visitar los museos aunque no te lo creas, otra vez de callejeo... ¡Una gozada!
–...bastián?

Creo que tener reflejos es fundamental en esta vida: para saber hablar y para saber callar. Y por supuesto, para saber mirar.

martes, 4 de diciembre de 2007

Podría llamarse Gérald

Podría llamarse Gérald porque a lo mejor se llama. Es francés porque me contestó “oui” cuando intuí que los huesicos de costillas que afanaba de nuestros platos rebañados eran para su perro. Pastor.

Gérald ha vivido y vive. Un día más entra en su mesón de Jaca, tras atar a su pastor (¿hacía falta?) a la farola de enfrente. Se sienta para coger sitio (que no hacía falta). Se levanta y pide una Heineken de botella. Se la lleva a la mesa. Se sienta. Se levanta y pide un martini rojo en vaso cutre y sin hielo que se lleva a la mesa. Se sienta. Se levanta a por una cocacola roja en vaso acorde y sin hielo y se sienta orgulloso con el emparejamiento de vasos. Diríase un padre.

Entre salto y salto a la barra enciende su tercer cigarrico.

Gérald, si no navegó, debería haberlo hecho porque sus ojos son de millas marinas y mucho mundo, protegido para ver siempre el horizonte y buscar el puerto. Gérald también se pidió costillicas porque su pastor estaba fuera echado y aguardaba los restos de su amo.

Gérald se bebió la Heineken, los dos vasos rojos, se fumó los Pirineos y salió a darle sus huesos al pastor que tanto le quiere. Gérald volvió a por mis huesos, y a por los de Ana, y los dos se los dimos sin preguntas, por convencimiento y amor.

Esteban, el mesonero, le sirvió su postre que se intuye tradicional: un pozal de Cointreau en las rocas que Gérald se liquidó mientras chapurreaba en un aceptable español: “A veg si va a seg demasié”.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Un día cualquiera

Querido diario:
La verdad es que no sé por qué te escribo hoy, al final del día, si tampoco me han pasado tantas cosas dignas de mención. Pero bueno, te cuento.
Me he levantado tempranico, me he arreglado –dentro de lo humanamente posible– y me he calzado el traje gris, el de paño de las bodas, que ha gustado mucho en la facultad y hasta han dado por supuesto que aparecía así, tan extrañamente trajeado para ser yo, porque estaba en el ajo del Congreso Internacional de Comunicación. Pobretes, no sabían que era el vestuario que me impuso el director de 'El sombrero de papá', que soy yo (el papá, no el sombrero), en la película en la que actúo como padre malísimo de chica y chico y que es mi debut en el séptimo arte, que se dice.
He ido a trabajar a la uni con las cosicas de siempre: la mochila con el portátil de los mil cables, la otra con la cámara réflex y la máquina compacta, cada una con sus cargadores y baterías y, al final, no he bajado el trípode.
A las nueve y cuarto o así ha comenzado el Congreso y desde ese momento hemos ido a toda pastilla los del equipo encargado de la web de fcom, encabezado por Sincopado, Octópodo y servidor. Mientras Sinco iba de textos con nuestras alumnas Bea y Miren (qué dos joyas, querido diario), Octo se ha desdoblado, como pulpo multimedia que es, para grabar e inundar toda la cobertura del congreso con vídeos. Y yo, pues nada: ir al galope a una ponencia, hacer las fotos del ponente y de la mesa, volver derrapando a la redacción, descargar y editar las fotos, crear y editar las páginas con los textos de mis colegas, actualizar los índices y la portada, subirlas todas al servidor (al servidor de fcom, no al servidor de yo), ir al galope a la siguiente ponencia, hacer las fotos del ponente y de la mesa, volver derrapando a la redacción, descargar y editar las fotos, crear y editar las páginas con los textos de mis colegas, actualizar los índices y la portada, subirlas todas al servidor (al servidor de fcom, no al servidor de yo).
Ir al galope... ah, no, que entre dos ponencias me han buscado los regidores de la peli porque rodaba la primera de mis escenas, en mi despacho lleno de cámaras, focos, cables y gentes. Hemos ensayado unas cuantas veces y, al final, acción: mi hijo entra todo ilusionado a enseñarme un juguete y yo lo boto con cajas destempladas porque estoy muy ocupado y me distrae. Creo que la tercera toma ha valido. Y tras los planos generales hemos grabado los primeros planos, sobre todo del chaval, creo. Gracias y hasta luego.
Después he tenido tiempo, querido diario, para tomarme un café, más a toda leche que con leche, y vuelta al ciclo de CICOM. Bueno, no del todo, porque he aprovechado un parón para avanzar con el diseño de la portada que me han encargado para el número de diciembre de la revista Nuestro Tiempo, y ya sabes que en esto de portadista revistero también me estreno. Me está quedando chula, o por lo menos a mí me gusta. Ya te enseñaré.
A las tres y pico, con toda la información de la mañana actualizada y colgada (de la web), me he zampado en dos muerdos un bocata de jamón justo antes de que me recogieran los de la película para llevarme a la siguiente localización: un parque donde me he pelado de frío porque tenía que rodar en mangas de camisa la escena en la que enseño a Guille (ya sabes, el hijo de doce años que acabo de tener) a jugar al golf; también, la primera vez que agarro un palo de esos, ya ves. Y menos mal que a la segunda toma, más sus correspondientes contraplanos o como se diga, la cosa ha valido, según el director. Así que me han subido al piso de estudiantes para rodar la escena más dramática, en la que hago de padre malo de narices, por decírtelo de forma suave. En ochenta metros nos hemos juntado tropecientos, entre realizadores y actores, en medio de un mar de cámaras, micrófonos, cables, telepizzas y cocacolas. Me han maquillado y me he vuelto a poner la corbata, una gabardina de gángster, guantes negros, y otra vez el palo de golf, pero esta vez para amenazar con partirle la cara a mi hija paralítica y en silla de ruedas. Dicen que lo he hecho muy bien y que hasta les he asustado y les he dicho que claro, que hasta yo me he asustado de lo bestia que me resultaba yo a mí mismo.
Vuelta al Congreso, querido diario. Con el ciclo foto-edición-web que no repetiré para no resultarte canso. Como a eso de las nueve me he ido para casa, donde me he pasado la mejor media hora del día, cenando una estupenda carne mechada y charlando con Lejana, antes de encerrarme en el zulo para escribir el guión del Sanseacabó que grabo mañana y en el que, como ando por el mundo del espectáculo, mezclo a Forrest Gump con la Familia Real española, que ya son ganas. Pero bueno, ya me escucharás.
Y como a eso de yo qué sé qué hora me he ido al salón para ver un poco la tele y estaba terminando una película de caníbales con Hannibal Lecter de protagonista. Y, qué quieres que te diga: para mí que, de colega a colega, Anthony Hopkins está como que sobreactuado. Pero ya aprenderá.
Y nada más, querido diario. Me voy a dormir un rato porque me tengo que levantar tempranico, arreglarme dentro de lo humanamente posible y volver al congreso, pero esta vez ya vestido de civil.
Como verás, no sé por qué te cuento todo esto, si total ha sido un día más en la vida. Pero bueno, supongo que para eso estáis los diarios. Que descanses.
Tuyo siempre,
Pacotto

domingo, 11 de noviembre de 2007

Un verano trascendental

El verano de 1977 fue uno de los trascendentales, por no decir el que más, en la vida de Onofre García Valderrama. Con diecisiete años recién cumplidos entendía que daba un adiós definitivo a la adolescencia, toda vez que la voz le había mudado para siempre, hasta convertirse en sorda y grave, como siempre deseó. Y encima, el 1 de agosto, como regalo de cumpleaños, sus padres le habían regalado la gran guitarra Eko con resonancias y un amplificador, el último peldaño que le faltaba para alcanzar su sueño: lanzarse con su primera banda, y con instrumentos de verdad, al mundo profesional. ‘Los impecables de Cotillas’ era ya una realidad.

‘Los impecables de Cotillas’ llevaban tiempo ensayando: a la batería, Josema, un camarero ambidiestro que fue el primero en invertir sus propinas en una Roland de bombo y platillo; Juan Luis, el bajo, al que se le adjudicó el instrumento medio en broma por su estatura, pero al que sus padres terminaron por dotarle con una Hofner muy maja para que diera la talla; Vicky, la exemigrante hispanoalemana, que, además de estar bien, se traía de Frankfurt un rimbombante teclado electrónico de marca germana y que ponía a disposición del grupo con la condición, eso sí, de que le dejaran hacer coros; y Alfredito, el hijo del guardabosques, que era muy polivalente como segunda voz y que avanzaba mal que bien en el curso por correspondencia de ‘Andrés Segovia con CEAC’ y que por lo menos tenía guitarra desde que formalizó por correo la matrícula.

Lo importante es que, ahora que Onofre estaba completo como hombre y como músico, el pueblo de Cotillas, tan desconocido al sur de Albacete, comenzaba a sonar. Tanto, que a primeros del siguiente mes ya tenían su primer contrato para amenizar las fiestas en honor de la Virgen del Castillo en Chiva, Valencia, sin que supieran muy bien por qué pensaron en ellos. Onofre preparó para la ocasión un repertorio en el que sabía que se jugaba su futuro: Tony Ronald pero sin intentar impostarlo, Baccara pero en cristiano, Pablo Abraira más electrónico o Basilio sin engolar.

Éxito arrollador. Tras cada pieza, ovación. La Plaza del Ayuntamiento se venía abajo, literalmente, porque estaba descompensada entre escenario y público.

Y al final comenzó todo. Cuando Onofre guardaba su instrumento en el estuche y solo quedaba el fleco de cómo volver a Albacete, se le acercó, tímida, Marijose, rodeada por su grupo de amigas y semiocultando una sonrisa nerviosa. Que qué bien todo y todo eso. Enredaron. Y aquí no me detendré en detalles porque las horas pasan volando. Simplemente diré que, además de perder el autobús, Onofre sintió en el estómago lo que antes sólo conocía por las letras de Víctor Manuel. Onofre descubrió algo más que el mundo musical y esa noche fue un suspiro inspirador. Hubo tiempo, claro, para pasar del conocimiento al juramento del amor eterno.

Pero… qué duro es el amor en la distancia. Menos de un año después, los celos corroían a Onofre porque Marijose tardaba cada vez más en contestarle a sus apasionadas cartas y el cartero le devolvía dos veces sus paquetes postales, aquellos que enviaba a su amada con las casetes de sus canciones originales grabadas en el granero. El cartero siempre marcaba con una equis de bic la casilla de ‘destinatario desconocido’.

En ese escaso año pasaron muchas cosas, pero lo importante es que tal volcán de sentimientos en tan corto espacio de tiempo hizo que Onofre, ya descompuesto, compusiera a finales de junio de 1978 una de las más bellas canciones que se recuerden para expresar lo que supone ese diablo de los celos que siempre queman. Gracias a rabias sentimentales internas de los grandes genios, la Humanidad hereda joyas como ésta, música y letra de Onofre, grabada en el granero del susodicho por ‘Los impecables de Cotillas’ al completo, una melodía irrepetible:

martes, 9 de octubre de 2007

Ángeles del purgatorio

En fecha indeterminada de la primavera de 1996, Onofre García Valderrama voló a Londres para intentar colocar su última maqueta, recién grabada, con el título provisional de ‘Arrieros somos’ porque quería dedicarle el disco a los machacados agricultores de su tierra manchega. Onofre, ese año, estaba mudando de banda y había oído hablar de la London's moved donde, curiosamente, sobraban agrupaciones musicales de ritmos ligeros y baladeros pero faltaban piezas que repartir para interpretar.

De ‘Arrieros somos’, título provisional, al entonces todavía conocido como El Yeti le gustaba especialmente una creación que, casi seguro, llevaría por título definitivo el de ‘Ángeles’ porque emitía a la perfección un doble mensaje: una metáfora sobre las sufridas esposas de los labradores de Albacete y un homenaje a su cuñada de Cartagena quien, además de llamarse así (Angelines, no Cartagena) cantaba como los ídemes. De hecho, fue su voz la elegida para interpretar ese tema en la maqueta, grabada en marzo de ese año en su granero de Cotillas, aprovechando la reunión familiar por Semana Santa. La orquestación se debe a su grupo Aidón Bilif, con el que todavía se llevaba bien, aunque por poco.

En su tercera y última noche en la city, algo irritado con las discográficas por los portazos educados que había recibido desde su aterrizaje, se animó a entrar en ‘The Accordion’, uno de los típicos pubs de los que tanto había oído hablar. Allí, en el taburete frente a su tercera pinta, se percató de que el tipo tatuado sentado a su izquierda cantaba razonablemente bien, quizás animado por los whiskises que trasegaba sin parar. Se presentó, le dio la mano y el tatuado se la devolvió: era un tal Robbie Williams, quien se le enrolló pero que bien sobre que si los de su banda Take That eran unos sinsorgos, y que como ya no aguantaba a tanto mojigato estaba grabando su primer disco en solitario y que se iba a titular, casi seguro, Life thru a lens, pero que le faltaba un algo, un nosequé, un tema que fuera el estandarte de su renacer.

Onofre García Valderrama, ya por su quinta pinta, no lo dudó y le regaló la maqueta “porque soy tu amigo y siempre te querré, y haz con ella lo que quieras, y si vienes por Albacete llama, que te llevaré donde hacen unas gachas que te mueres”. Onofre hasta lloró en el abrazo de despedida.

A la mañana siguiente, enresacado perdido, ya se estaba arrepintiendo del regalo, aunque se consoló al recordar que la grabación original de ‘Arrieros somos’, título provisional, la conservaba en el granero. Y fue allí mismo cuando meses después escuchó atónito, por la radio, que un tal Robbie Williams se estaba haciendo de oro con su tema, ‘Angels’. Al escucharlo sintió ganas de vomitar porque el tal Williams había destrozado su canción, que en voz del inglés sonaba así de mal:


Casi llorando de profundo dolor en el alma, y mientras decidía que al tal Robbie lo iba a invitar a gachas su santa madre, se consoló de una forma muy inteligente: apagó la radio, encendió la pista de reproducción y dejó que la voz de Angelines le envolviera con el verdadero esplendor con el que siempre debió sonar su canción:

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Cumplimiento de sentencia

[De conformidad a la Ley Orgánica 2/1984, de 26 de marzo, reguladora del derecho de rectificación, y en cumplimiento de la sentencia exprés dictada en Albacete el 18 de los corrientes por el Ilmo. Sr. Fructuoso María Corral, Magistrado Juez de lo Social de esa Audiencia Provincial, yo, en calidad de Administrador Único del denominado per se ‘El rincón de Pacotto’, vengo a transcribir íntegro el contenido de la carta certificada y a mí remitida por Don Onofre García Valderrama, con D.N.I. 17.441.100-W y residencia en calle Delasmadres 13, urbanización Los Julais, en el término municipal de Cotillas de la citada provincia castellanomanchega].

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Cotillas, a 18 de septiembre de 2007
Sr. D. Administrador Único de El Rincón de Pacotto
Blog, s/n. Internet. España.
Ref: “Duele un horror”

Muy Sr. mío.

En relación a su escrito público de fecha 12 de septiembre del año corriente, y ateniéndome a los derechos que en Justicia son vigentes, exijo de usted que con el mismo destaque y preeminencia que hizo con su no sólo injusto sino arbitrario comentario “Duele un horror” ponga en conocimiento de sus lectores las siguientes precisiones que paso a exponer a continuación sin más dilación ni pérdida de espacio y tiempo:

1º) Considero que resucitar el apodo de mi juventud no viene a cuento, toda vez que en junio de 1999 puse fin a mi exabrupta vellosidad, de herencia paterna, gracias a los quehaceres profesionales de Dermoestética en esta capital y que pude costear gracias a los derechos de autor sobre los Cds vírgenes que gente como Vd. compra con a saber qué delictivas intenciones.

2º) El maestro Mastropiero nunca pasó de ser una levital inspiración. De hecho, fue su composición ‘Quien conociera a María amaría a María’ en la que me basé para perpetrar la que usted menciona como ‘Agárrate a mí, María’, título que fue una burdelesca manipulación de los Urquijo sobre mi original ‘Encantando de conocerte, María’ y del que a la postre surgiría el nombre de mi actual grupo sinfónico, con un guiño al maestro B.B. King.

3º) Tengo al propio Josemari Alcalá, a su esposa y a sus allegados como testigos de mi autoría de la canción que improvisé (con bastante gracejo, según dijeron) en su boda, haciendo parodia de la puerta de entrada a la VPO que les acababan de entregar y no podían abrir.

4º) Puede preguntar a la mismísima Ana Torroja si es verdad o no que me pidió asesoramiento para saber cuándo entraba con falsete en ‘Duele el amor’ en momentos en que aún nos llevábamos bien y no había fotocopiado mis creaciones. Por supuesto, le prohibí el falsete, algo que nunca me perdonó.

5º) Califico de horror espeluznable el que usted y su santa se atrevan a robarme mis creaciones por internet, que es lo mismo que robarme el pan. Que sepa, y así se lo advierto, que ya lo he puesto en conocimiento de D. Teddy Bautista y de D. Ramoncín, por lo que es probable que esté próxima su visita para llevarse lo que es suyo y mío, pero no suyo, o sea suyo de usted este último pero suyo de ellos el primero.

6º) Por último, y como quiero pensar que usted en el fondo no actuó de mala fe, le autorizo a que ofrezca a sus lectores u oyentes un corte del recopilatorio que ya está a la venta en El ídem Inglés y que lleva por título el sugerente ‘Onofre y los beibis cantan al ayer y al hoy’ en el que, es cierto, se adivinan las influencias de los grandes de siempre. La pieza es ‘Chocante’ (quiérese decir el título, mayormente).

Sin más, a la espera de ver cumplida la sentencia, se despide de Vd. su affmo.
Firmado: Onofre García Valderrama



'Chocante', por Onofre y los beibis

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Duele un horror

Onofre y su banda, dándolo todo. Foto: Ana y Paco Sancho.

Onofre García Valderrama, alias El Yeti, fue una de las clarísimas víctimas de la Movida Madrileña. Seguidor entusiasta del maestro Johan Sebastian Mastropiero, intentó adaptar algunas de sus grandes cantatas a los tiempos modernos y ofreció sus resultados a ídolos del momento: a Los Secretos, a Alaska y Dinarama, incluso a Miguel Ríos pero, sobre todo, a Mecano.

La gran sorpresa y amargura de El Yeti fue comprobar cómo era rechazado por unos y otros sin que, eso sí, le devolvieran las partituras. Años después, en declaraciones al programa Sopas con Onda de Radio Cadreita, llegaría a reivindicar la autoría de Agárrate a mí, María, de La puerta de Alcalá y de Santa Lucía, entre otras. Confesaba, entonces, que el robo que más le dolió, sin embargo, fue al comprobar cómo Ana Torroja, a coro con Aleks Syntek, le plagiara Duele el amor. "Duele, y mucho", llegó a decir.

Pero Onofre García Valderrama no es de los que se rinde, no. La pasada primavera volvió a reunir a su antigua banda que, rebautizada como Conocerte es amarte, baby, recuperó sus grandes éxitos y ofreció conciertos por las principales plazas españolas. La rejuvenecida banda de Onofre, enriquecida con más cuerda, más viento, más percusión, más coros, arrasó por el suelo patrio. Y la Sony, que no es tonta, le siguió y por fin le fichó: grabó en directo el indescriptible espectáculo que ofrecieron en el Estadio Olímpico de Mula (no confundir con eMule). Y aunque el disco no saldrá a la venta antes de Navidades (Onofre Vive), gracias al trabajo y perseverancia de mi Ana, gran detective en el universo musical, hemos conseguido el corte del primer sencillo que es, como puede oírse, una venganza en toda regla contra la Torroja, y que ofrecemos altruistamente a todos ustedes.

Por favor, conecten sus equipos estéreos y suban al máximo su volumen porque merece la pena. Hagan clic aquí abajo, y a disfrutar.


lunes, 10 de septiembre de 2007

Ridículum vítae

Redactar el currículo es el arte de magnificarte en tercera persona. O sea, como disimulando, como si al escribir "realizó una estancia de maestría en Francia" yo quisiera dar a entender que alguien me vio en París el único fin de semana que pasé, hace años, para ver la final de la Recopa y el gol maestro de Nayim, y ese alguien se apresuró a escribir a mi futuro empleador recomendándome.

Pero qué le vamos a hacer. Los currículos son trámites necesarios para acceder a la cola del paro; porque si tu curri no está en la bandeja de entrada del jefe de Personal, que para luego lo mira, es que ni existes. A este reclutador de ansiosos becarios no hay frase que más le guste que la de soltar por teléfono al candidato: “Envíeme su currículum y si eso hablamos” que es un latiguillo delicioso, rebosante de léxico, argumentos y concreción.

Así que, aun sabiendo el futuro cierto que le espera al Word (y world) al que nos enfrentamos, nos ponemos manos a la obra. A ver… ¡ah, sí, claro, si precisamente hice un cursillo de Word en el centro cultural del barrio!: "Domina los programas tecnológicos de autoedición". Sigamos: kaixo, agur, aita, lehendakari… "Conocimiento del euskera a nivel conversación". Va bien, va bien… ¡ah!, hace un mes me paró una periodista en la calle para preguntarme qué opinaba del precio de los melocotones… "Ha colaborado en medios de comunicación" y, ya puestos, "Posee conocimientos de coyuntura económica que ha expuesto en público". Y el broche, para gozarla, es cuando llega lo de las aficiones, todas ellas obligadas para dar buena imagen: “la lectura” (del messenger), “la música coral” (Metallica), “el cine de autor” (Tarantino), “los deportes” (en la Sexta) “y asistir a conferencias” (por Skype).

Pero no pasa nada, tranquilos: es normal y yo mismo me sorprendo de lo bien que me escribo en tercera persona sobre mí mismo; me admiro por conocer por primera vez a semejante tipo del que hasta la fecha no tenía ni idea de lo guay que era, y mira que lo tenía cerca. Y es normal también porque, para los que como servidor se han tenido que tragar currículos al peso, se aprende a distinguir, a leer entre líneas, a destilar, a aproximarse a la verdad. Además, no veo pecado en que uno saque brillo a sus medallas, aunque sean de Rastrillo: autoensalzarse humanum est, sobre todo si hay habichuelas de por medio.

Lo que sí es para troncharse de risa es lo de Wikipedia, ya saben, la enciclopedia virtual que escribimos entre todos. Allí se puede aprender desde fundamentos de mecánica cuántica escrita por expertos… hasta biografías de ‘personajes de interés público’ escritas por… los propios protagonistas en carne mortal con ansias de inmortalidad. Les recomiendo, fervientemente, que se den un garbeo por tamañas epopeyas para partirse de risa.

Yo, por aquello de la deformación profesional, me he estado entreteniendo en la Categoría: Periodistas de España y es que no puedo más, no puedo más. Hay, por ejemplo, un tipo bien conocido que “fue expulsado de la Universidad por sus actividades antifranquistas”, algo de lo que por primera vez tenemos noticia sus compañeros de aula. El de Alatriste se confunde de género y menudo novelón nos suelta en su autopanegírico. Otro considera que haber escrito un capítulo para un libro en su vida le da acceso también a la Categoría: Escritores de España junto a Cervantes. El de más allá (que se nos presenta como relaciones públicas y periodista) suelta esta joya sin desperdicio: “Gozó del favor del público y consiguió notables éxitos editoriales con sus obras sobre la Monarquía española. Contrariamente a otros periodistas y escritores que han tratado las cuestiones dinásticas, frecuentó archivos y bibliotecas y sus libros y artículos eran tan amenos en el fondo como rigurosos en la forma” (que digo yo que sería al revés, rigurosos en el fondo y amenos en la forma, pero vete a saber). Y otra pedazo profesional, que conducía un programa en una tele autonómica, comparte con todos nosotros (gracias) que “tal fue el éxito, que es contratada por una cadena nacional”. Por tanto, nada que objetar a que el tipo de los calzoncillos del Sardá se considere con derecho también a entrar en la categoría periodística española.

En fin, para qué seguir. Dejo en sus manos este pasarratos con la seguridad de que me lo agradecerán. Bendita Wikipedia, benditos humanos… Por sus loas los conoceréis. ¿Quién necesita abuela?

domingo, 2 de septiembre de 2007

La conexión jaquesa

Aun de vacaciones lejos de su Redacción, la aguda mente periodística de Hilarión Tortosa estaba despierta. Como buen guipuzcoano se había dicho a sí mismo que qué mejor sitio para desconectar que Jaca, en los Pirineos, donde sabía que miles de sus paisanos llevaban años haciéndolo. Así que la primera tarde se dedicó a conocer la ciudad, a callejearla. Le estaba gustando. Hasta se olvidó de su profesión, creía. Como mucho, se seguía relamiendo de gusto por el Premio Ramírez de Investigación que había recibido en primavera.

Pero luego, como ya le ocurriera al Sabina, todo pasó de repente. Al asomarse a un bareto de apariencia inofensiva sus ojos se clavaron en el cartel: En este local está totalmente prohibido el consumo de estupefacientes. Al principio le hizo gracia porque lo relacionó irónicamente con el otro que estaba encima (Bar de fumadores) y el Soberano con Las Cadenas [N. del E.- Le prometo, señor Del Olmo, que el autor se refiere a un solysombra] que trasegaba en su interior un currela de buzo azul. Pero de pronto…

…De pronto cayó en la cuenta de que era la primera vez en su vida que veía una advertencia semejante en un bar. ¿Sería posible que una ciudad como Jaca, tan pequeña y aparentemente tranquila, fuera nido de trapicheos y consumo, paraíso de traficantes, riesgo para los miles de niños que allí veranean? Aquello no tenía sentido, pero la curiosidad profesional pudo más que sus ganas de descanso y, sin darse cuenta, ya estaba llamando a Edgar Txukberri, su jefe en el Irrintzi Today.

Con el permiso para investigar y la promesa de recuperar los días de holganza invertidos en el empeño, Hilarión comenzó a planificar su trabajo; bueno, en realidad hizo lo de siempre: ponerse en contacto con su principal confidente, G. Úguel, quien al principio le desanimó con sus datos: se hablaba de drogas en millones de sitios. Pero luego, con paciencia y la confianza que unía a ambos, consiguió que le diera algunos importantes: en noviembre pasado, la Guardia Civil había desarticulado una banda que distribuía cocaína con Jaca como centro de operaciones [prueba uno]. Además, un mes antes, había sido detenido otro traficante [prueba dos].

La cosa avanzaba. (como él llamaba en clave a su fuente para no descubrirla ante sus compañeros) le dio datos sorprendentes: no hacía ni dos meses que en Jaca se habían reunido expertos para debatir, nada menos, sobre si el cannabis es dabuten o no [prueba tres].

Ya era suficiente. Para qué seguir. Se puso al ordenata y le salió un reportaje estupendo, enfocado en alertar a los miles de papás guipuzcoanos sobre los peligros que corrían ellos y sus txikis en tamaña ciudad sin ley.

Aquella edición del Irrintzi Today se agotó echando virutas en todo el Alto Aragón, que es donde se distribuye el IT en verano. Y las reacciones, por supuesto, no se hicieron esperar: miles de aitas con voces airadas, coléricas, por no decir encabronadas, arremetieron contra el diario y sus responsables, diciendo que aquello era intolerable, mentira, libelo, basura, tomate, sarna y demás epítetos para defender a capa y espada la trayectoria de tranquilidad que se respira en la población, de día y de noche. O rectificación, o boicot al IT.

Edgar Txukberri llamó a Hilarión y le habló tan fuerte que casi no necesitaba el móvil. Ruina, desastre, prestigio, calamidad, objetividad, veracidad fueron algunos de los términos que se pudieron distinguir más allá de la Peña Oroel. Hilarión tenía dos días, dos, para presentar pruebas contundentes de lo que decía o ya estaba poniendo su carta de renuncia en su mesa a la voz de ya.

A Hilarión Tortosa le sobró un día para obtener esas pruebas definitivas. A las 11:44 horas de la mañana siguiente envió por correo-e a la sección de Fotografía del IT la instantánea en alta resolución que había sacado solo minutos antes en pleno centro de Jaca:

jueves, 19 de julio de 2007

Personajes

A Luzmeli la bautizó así su mamá para contentar a sus tres tías: Lucía, Mercedes y Lidia. El caso del adolescente Usnavy (pronúnciese usnavi, no iusneivi) es menos romántico: sus papás le pusieron así porque tenían el apartamento con vistas al puerto de La Guaira en tiempos prechavistas y a los dos les encantaban esas fragatas del Tío Sam, tan armadas, que entraban y salían con sus rótulos lacados en el casco. Wiston, amazónico, fue nominado de tal guisa porque su papá era fumador y algo analfabeto. Y a la encantadora Yedoska se le ocurrió venir al mundo a finales de 1999, cuando su mamá, usuaria de Windows, estaba obsesionada con el ‘efecto 2000’ (The Year 2000 problem -also known as the Y2K problem, the millennium bug, the Y2K Bug or just Y2K-). El caso de mi amigo Esso, excelente fotógrafo, tiene por lo menos su épica: su papá era bateador y estaba embarazado de él cuando pegó el jonrón de su vida y la pelota salió del estadio como un obús hasta estamparse y hacer añicos el luminoso de un cercano surtidor de la multinacional gasolinera; eso había que inmortalizarlo.

Pero no hace falta irse hasta mi adorada Venezuela para encontrar semejantes denominaciones de origen. En Castelserás, provincia del Bajo Aragón, vino al mundo a finales de los 40 el que fue bautizado como James (pronúnciese james, no yeims), quien devendría en fornido agricultor, porque su madre estaba enamorada (platónicamente) del protagonista de 'Qué bello es vivir', que era lo que echaban casi todos los sábados en la casa parroquial.

Todos estos seres son reales. Pero el santoral (de altares y de Yésicas, la Yesi), el propio mundo (donde todos estamos nominados), la real vida (sin pleiestéisiones) y hasta la postergada imaginación dan para mucho más y vamos a jugar con todo ello, si podemos, antes del gameover.

Queda inaugurada, pues, la etiqueta de personajes.