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lunes, 10 de mayo de 2010

Pedro I el Gallardo


Pedro Lozano Bartolozzi no necesita ser conde ni marqués ni mucho menos ir precedido de un don para provocar mi respeto. A Pedro le tuteo porque le reverencio. Y le venero desde aquel invierno de la Pamplona universitaria en blanco y negro cuando le conocí y me enseñó relaciones internacionales, que a la postre son relaciones personales. Yo creo que Pedro nació profesor, pero no estoy seguro, así que no lo publicaré, porque a la vez tengo mis dudas sobre si fue antes profesor o periodista, alma o carne.

Pedro Lozano Bartolozzi, que siempre se hizo tarjetas divertidas (o sea, inteligentes), se presentaba como ingeniero de noticias, creo. Pero qué más da. En esos años de b/n era el delegado en Pamplona de La Gaceta del Norte, que mira por dónde terminaría siendo mi diario, y a la vez enseñaba lo mucho que sabía en esta Universidad de Navarra donde años después la Pamplona ya en color nos ha vuelto a juntar.

Cuenta la leyenda (se non è vero, è ben trovato) que Pedro tenía dos chaquetas, dos paquetes de Ducados y dos cajas de cerillas. En su mesa de Redacción de la plaza Príncipe de Viana dejaba una americana colgada en la silla, una cajetilla y unos mixtos al lado de su Olivetti y se bajaba a la uni a enseñar. El caso es que si alguien preguntaba por él la respuesta, después de mirar a su mesa, era invariablemente: "No sé, pero debe andar por aquí".

Años más tarde, ya licenciado (servidor) volví a coincidir con él en la sede central de La Gaceta en Bilbao. Y una tarde que se bajó a tomar café con alguien volvió cabreao, y contó sus razones: había quedado con una fuente que le iba a contar algo y, como no se conocían, se describieron; Pedro le dijo que entraría en la cafetería con un clavel en la solapa y un ejemplar de El Quijote bajo el brazo; su fuente le dijo que iba de azul marino, con gafas de concha, pañuelo en el bolsillo de la chaqueta y cuatro revistas de actualidad bajo el brazo. "¿Y os encontrasteis?" "Sí." "Entonces, ¿por qué estás mosqueao?" "Porque el tío era negro, lo podía haber dicho".

Desde la izquierda, un catedrático de teorías cósmicas, el receptor de futuras promociones que mola, el chambelán del conde, la guardiana de la finca, el conde propiamente dicho y el embajador del entorno. Foto: Manuel Castells.

Ahora, por lo visto, Pedro ha cumplido algo que no entiendo y va y se retira, después de haber ayudado a fermentar a cuarenta promociones de periodistas, pero dejando a los que vengan al pairo. Y uno, dentro de esa inmadurez que ni siquiera profesores como Pedro consiguió macerar, no puede entender que un sabio como él se jubile. Claro que mucho me temo, y celebro, que le seguiré viendo y gozando. Porque lo que hoy nos ha regalado no ha sido una lección magistral, sino una lección más, una de las suyas. Y para eso hay que tener un don.

jueves, 8 de abril de 2010

Agregar a Lynch como amigo

El año pasado, por estas fechas, tuve el honor de tutear a uno de los grupos de Proyectos de 4º de Periodismo de mi fcom. Un puñado de cuerdos locos por su profesión, que se tiraron por la ventana de internet para parir el Jacinton Post, una web tan periodística como surrealista, tan profunda como fresca, tan realista como satírica.

En Proyectos yo les pico para que echen a volar toda su creatividad, para que hagan el mejor periodismo, para que contacten con los mejores colaboradores. Y para todo ello hay muy pocas reglas: decir que entre ellas están, inexcusablemente, el respeto a la verdad, el derecho sobre los contenidos, la honestidad y el rigor me parece que sobra, pero va a ser que no.

Un año después de su sobresaliente proyecto, los integrantes del JP se han visto sometidos a un linchamiento público y coreado por obra y gracia de las redes sociales. Resulta que una de las geniales colaboradoras externas del genial JP, de frágil memoria, ha lanzado en su perfil de Facebook una indignada proclama en la que dice que los del JP se apropiaron de sus contenidos sin su consentimiento. Y, en paralelo, envía un correo al contacto de la web en el que le conmina a retirar todo su contenido, so riesgo de enviar a la Guardia Civil a inmovilizar y desactivar a mis retoños licenciados. La cosa no pasaría de anécdota si no fuera porque la presunta perjudicada goza de una merecida y amplia red social, que ha servido para pisotear el trabajo y el honor de un puñado de excelentes nuevos periodistas.

El comentario de la susodicha, en su red social, ha provocado un tsunami de reacciones, de las que extraigo joyas morales y lingüísticas de estos quilates:

A.M.M. Ostiaaaa xxx, que mamones. Supongo que los demás blogs que tiene el tal jacinton, también deben ser robados.

P.K. que fuerteee, vaya morro le echan algunos

M.B.G. La verdad xxx es que la gente tiene muy poca verguenza...

J.Á.G. Ostia, que fuerte!!!

I.L.L. ¡ Impresentables...... como si te tuvieran en nómina !

F.F. k morro el koleguita,,,jajajaajaj,,,:)

J.R.M. i què se puede hacer??? lo boicoteamos o lo hundimos de mensajes??

C.A. Buena idea J.R.M...lo de hundirlos con mensajes me ha encantado...aunque no creo que causemos ningún hundimiento debido al peso de sus conciencias....seguro que enredamos y molestamos un rato...Voto por tu idea...

S.F. Que morro tiene la peña! A bombardearles el blog!

P.G.G. ¡¡La osticalapela!!! q-u-e-f-u-e-r-t-e no se ni como expresarlo.... Lo siento xxx. Tu dirás, estoy a tu disposición para hundirlo si se nos ocurre la manera de hacerlo. Por cierto no se le puede denunciar de alguna manera como a los de blogger?

P.G.G. No me dejaba ver los comentarios y ahora que puedo ya veo que te han aconsejado de todo, tu eres la leche y dominas el medio como naide, lo dicho si necesitas algo ya sabes.... ;)

S.F. Encima el tio tiene montado un emporio de blogs con contenidos de otros, Escolar, Piedrahita! es total!

E.C. Al menos señalan, en el staff, al responsable Paco Sancho: Responsable ante los tribunales de la autoría intelectual de Jacinton Post. psancho@jacintonpost.com

LA AUTORA. Relajemos los pezones chicos! Ya les he mandado el mail de rigor y desde luego lo que no voy a hacer es perder energia con ellos (ya me han robado suficiente). Seguramente nunca reciba respuesta, porque ese sitio está completamente muerto. Así que vamos a dejarlo criando malvas. Gracias a todos por vuestra solidaridad :D

M.O. Que jetas...

I.L. Qué fuerte! y además utilizan tu nombre y se quedan tan campantes. Sabía que es una practica habitual y que además funciona: utilizan tu marca y tratan de dirigir el tráfico a su página, luego ofrecen su espacio de publicidad justificando el tráfico alcanzado y a ganar dinero. Pero este caso es de caraduras. Cómo decís parece que ha dejado de hacerlo pero me parece super fuerte.

A.L.G. Pues sale todo el equipo en: http://www.jacintonpost.com/contacto/ ¿Se atreven a dar la cara?

A.P. Hay que darles duro

S.R. Ke poka vergüenza...

R.A. les damos un susto, xxx??? sólo tienes que decírmelo y tu abogada rottweiller les mete el miedo en el cuerpo a la voz de YA¡¡

L.C. equis consiguió que cerraran uno en donde le hacían lo mismo. Así que dáles duro.

Nunca hubiera traído a este rincón idioteces, irresponsabilidades, atentados ortográficos y carencias culturales y menos aún cerebros planos si no se hubiera puesto en tela de juicio el valor y la integridad de un puñado de nuevos profesionales a los que otro puñado de viejos profesionales nos propusimos enseñarles desde la humildad el valor de la verdad y el veneno de la irresponsabilidad. Esto de inmolar a alguien sin haberle escuchado no viene de internet, ni de los Simpsons. Es una red social.

Por supuesto, conservamos los correos en los que la susodicha daba no solo su consentido sino incluso entusiasta permiso para reproducir su obra en aras del éxito del proyecto, como así fue. Pero lo dicho: qué frágil es la memoria, qué fragil internet, qué frágil la personalidad.

sábado, 13 de marzo de 2010

Reflexiones oscenses

No lo iba a hacer, pero más de uno (dos) me ha presionado para hacerlo, así que recopilo aquí el balance provisional y personal del XI Congreso de Periodismo Digital y que anoche volqué en Twitter, recién llegado de Huesca, donde lo hemos pasado en grande, aprendiendo mucho y durmiendo poco, riendo como críos y hasta jugando (y ganando :) al futbolín en equipo con mi compadre @rsalaverria. Allí estuvimos los dos con 18 estudiantes de fcom (estudiantas, 16; estudiantes, 2) que han brillado con luz propia, y que conste que no lo digo para hacerles la pelota y me empollen más, sino porque es verdad: hicieron preguntas certeras a los ponentes, defendieron apasionadamente su futura profesión y, sobre todo, ejercieron el análisis y la crítica con acierto y argumentos a la hora de juzgar a los mejores y los menos mejores sobre el escenario del magnífico Palacio de Congresos de Huesca.

Es como para estar orgullosos de que estudiantes de 21-22 años sepan ya aventar el buen periodismo de la paja mental que exhiben algunos apoltronados responsables de medios, siempre empeñados en echar la culpa de todos sus males a todos y a todo, menos a ellos. La autocrítica profesional sigue brillando por su ausencia.

Así que de los buenos y muy buenos contenidos que hemos escuchado en el Congreso durante jueves y viernes no voy a escribir porque ya lo han ido haciendo requetebién Rosa para El País y @juanlarzabal para 233grados y mucho más para su periodismo al pil pil. Y, además, ya se han publicado las conclusiones aunque yo, personalmente, preferiría llamarlas resúmenes de lo dicho porque conclusiones, lo que se dice conclusiones... si lo fueran, algunas serían terribles. Bueno, la verdad es que también pueden considerarse como tales algunas de mis reflexiones después de lo visto, oído y vivido y que son éstas:

Reflexión visual: los editores gráficos con calcetines cian provocan que más de uno se ponga magenta.
  1. Triunfa el ponente que expone con humildad su camino, no el ingeniero con planos.
  2. El periodista que lleva 15 años hablando de nuevos medios es que ni los ha visto.
  3. Si un periodista va a un Congreso sin saber qué va a decir es que nunca sabe qué va a decir.
  4. El periodista que se hipnotiza con el retrovisor se la pega, seguro, porque nunca ve lo que le viene.
  5. La cuestión no es el periodismo digital: es si los periodistas entienden el periodismo.
  6. El periodista charlatán es un cansalmas.
  7. El periodista profeta es un estafador.
  8. Si el periodista no entiende "lo" de internet... cómo carajo va a entender a su público.
  9. Al periodista, hoy y siempre, se le reconoce porque tiene algo que decir, no por dónde lo va a decir.
  10. Los periodistas que lloran porque han perdido sus fuentes es porque nunca las tuvieron.
  11. Los periodistas que no avanzan por culpa de sus empresas, que cobren y callen, pero no lloren.
  12. El periodismo no es digital. Es vital.
  13. El 13 es inevitable: el periodista venido a empresario y/o el empresario venido a periodista es la mecha.
  14. Delibes escribió al camino, Machado lo versó, Serrat lo cantó. Y yo camino por el periodismo.
  15. El mejor periodismo sigue emanando de suelas desgastadas: world press noquea a wordpress.
  16. Por favor, no me lo diga antes. Dígamelo mejor.
  17. El periodista de papel sorprendido porque el lector ahora le puede contestar fue un virrey indigno.
  18. Los periodistas intermedios (en edad y rango) andan perdidos y pierden a los que vienen andando.
  19. Para enseñar alguna vez periodismo tienes que estar toda la vida aprendiendo.
  20. El periodista que llega a decir "yo llegué hasta aquí porque..." es porque nunca llegó ni llegará.
  21. Si un periodista de 37,4 años le dice "es que antes las cosas eran distintas"... huya y llame al 112.
  22. El ponente que dice tacos en su intervención está faltando al respeto al público que le escucha.
  23. El ponente que se espatarra en su butacón sobre el escenario está faltando al respeto al público que le escucha.
  24. El periodista que se expresa con palabras inexistentes ante un auditorio de profesionales y futuros profesionales deprime.
  25. ...?
Gracias por su atención y gracias especiales a Toni, periodista de raza que como tal ha publicado este balance en primicia mundial porque en principio yo no iba a hacerlo y le pedí que lo hiciera él. Además de colegas, amigos.

[Actualización a petición de Javier F. Barrera (@juanlarzabal): "Te rogaría incluyeras http://cort.as/HNE http://cort.as/HNC http://cort.as/HA3 http://cort.as/HND para que no se mosqueen mis jefes". Eso, como si tus jefes me fueran a leer... O_O].

jueves, 4 de marzo de 2010

Requiem in pacem

Si por ellos fuera, por los directores del periódico de papel, por los guardianes del futuro del medio por excelencia, estaríamos al pairo. Esto dicen los tres directores de los tres supuestos principales periódicos de papel. Ni siquiera creen en lo que hacen (por lo que cobran mucho) y se suman a los argumentos tan obvios como tópicos. Es el abc de un país que vive en un mundo que no tiene ni zorra de por dónde le viene el aire. Atentos al tópico del ignorante que carga las culpas en el mundo mundial menos en su propia responsabilidad de haber perdido la fe de su comprador. "Si perdemos –vienen a decir– es por el exterior, pero nada tiene que ver con nosotros". De verdad que...

(El vídeo que sigue es una edición personal del reportaje emitido por Informe Semanal el sábado 27 de febrero de 2010).

jueves, 21 de enero de 2010

El precio del periódico

Esto podría titularse 'El precio de la información', pero no. Sería quedarse en la materia prima. Todo es información, desde lo oculto a lo evidente. Lo que da valor a la información es el profesional que no solo sabe conseguirla sino valorarla, limpiarla, cotejarla, contextualizarla, ordenarla y servirla para que le aproveche al ciudadano.

El precio del periodismo es el precio de la profesionalidad, que solo se consigue cuando se tiene vocación, se prepara a conciencia y se le echa al asunto todas las horas del reloj, primero en la universidad y luego en la trinchera. No se consigue por tener un blog, amiguetes, cámara digital y cursillo CCC de photoshop y hosting. Ése, ya lo tengo escrito, será un ciudadano disfrutando del periodismo de la señorita pepis pero nunca será un periodista ciudadano.

El precio del periodismo no es que sea alto, sino que es inalcanzable para la mayoría de los mortales: son imprescindibles profesionales con formación y dedicación plena a cambio de lo que les ofrecen gestores con intereses creados: sueldos de risa, por lo menos hasta que hayan tragado tanto barro como para mimetizarse con la trinchera.

Los periódicos están en crisis porque ya no hacen 'montoncitos de oro' (expresión de Antonio Franco, ex director de El Periódico de Catalunya) y la gente, dicen, ya no los quiere como antes y la difusión va de capa caída. Así que recortan las Redacciones, que es recortar la oferta informativa, pero aumentan el precio. Y a ver. De modo que quieren hacerse cómplices de la sociedad cuando denuncian a todo trapo que
pero dejan para la letra pequeña que ese disparo es del calibre 4-6% en el caso del transporte y de un 2,6% en el de la luz.
Así que, una vez congratulados con su parroquia, informan con otro tono de que, frente al disparate ajeno, la taquilla propia sube 'solo' en un 9% en laborable y un 11% en festivo, maquillando la cosa y como siempre con un nuevo suplemento, que a ver quién quería.

Es la técnica del redondeo de cuando el euro, que eso de diez céntimos es mucho más cómodo para el consumidor que cuatro, o tres, o sea que en el fondo lo hacemos por él.

Por tanto, no sé cuál es el precio del periodismo, pero sí el del periódico: 40 euros al mes, que es un señor presupuesto para una familia de clase media, que es lo que somos la gran mayoría. ¿En qué puedo invertir 40 euros mensuales que no sea el periódico? La verdad es que, aparte de dos líneas de teléfono, o una conexión de ADSL, o una suscripción a TVCable, o el alquiler de quince pelis, o la descarga de 40 canciones, o la suscripción a ocho canales premium no se me ocurre nada más. Claro que, ahora que caigo en lo de las suscripciones, también podría ser peor: pagarle al periódico por adelantado 500 euros, que es lo que pide por un año en el que debo confiar en que todos los días me llegará puntual e interesante. El negocio perfecto es el que cobra por adelantado. "A la saca", creo que decían Cruz y Raya.

A día de hoy, los periódicos siguen recortando sus plantillas por la Redacción, que es como arrancarse el corazón para seguir andando. Y lo hacen los gerentes, los emebeas y los que se han quedado en la tabla éxcel de los números que solo saben del precio del periódico pero nunca entendieron, ni probablemente entenderán, el valor del periodismo. Y así les va, así nos va.

jueves, 14 de enero de 2010

El primero de los nuestros

Me estrenaba como redactor jefe pipiolo en un buen periódico de Bilbao por culpa de un muy buen director y le sinceré mis miedos de novato, no tanto en lo profesional, que también, sino por el entorno social al que nos debíamos: más de cien mil ejemplares vendidos y medio millón aprox. de lectores dan canguelo. Y si no lo da, malo.

—Por eso no te preocupes, Pasoancho —que es como me llamaba—. Los nacionalistas van a por nosotros porque dicen que somos socialistas, y los socialistas no nos pueden ni ver porque aseguran que servimos al nacionalismo. O sea, que lo estamos haciendo bien.

En esos primeros años 80, Iñaki me estaba dando como quien no quiere la cosa una lección de periodismo que probablemente él absorbió de maestros anteriores, de cuando no había servilismo político sino servidores sociales, de cuando no se banalizaba ni estigmatizaba a nadie por sus creencias personales sino que se juzgaba su honestidad, coherencia y capacidad por entender el bien común. Información pura y dura, pese a quien pese. Vamos, periodismo sin interés, sin otro enemigo que temer que no fuera... el interés del lector.

Imagino que Antonio Fontán ha tenido 86 años para elegir todas las tentaciones de catálogo y caer sin problemas en vida holgazana, pudiente y cobarde que le llevara de orilla a orilla, sin más. Pero, gracias a Dios, enseñó desde siempre sus ganas rebeldes, su humanismo de cuna, su periodismo de raza y sus convicciones innegociables. Un rebelde de la razón que sufrió desde persecución política hasta incomprensión social pero aceptó el compromiso consigo mismo y con los demás. Y no quiero hacer más catálogo de virtudes, porque la Historia lo elevará hasta donde se merece, aunque para algún telediario parece no ser noticia: Antena 3, Periodismo 0.

Antonio Fontán hoy se ha ido a descansar en paz porque se lo merece, porque no se ha dado un minuto de respiro en vida. Ni una fisura en sus creencias, ni un paso atrás en su convicción periodística, ni un titubeo político, ni un alto en su ansiedad intelectual.

No llegué a tratarle todo lo que me hubiera gustado, pero sí lo suficiente para decirle que le admiraba y que soy plenamente consciente de que aquella absurda primera piedra que puso en el Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra fue pero que muy culpable de lo que hoy soy, porque desde esos años supe que el periodismo era lo que hoy, cincuenta años después y gracias a personas imprescindibles como él, sigo defendiendo.

Le saludé por última vez en abril pasado, cuando presentamos en Madrid el libro del 50 aniversario de la Facultad de Comunicación que él puso en pie. Le pregunté si estaba contento y me dijo que sí. Como siempre.

Y ahora me quedo con las ganas de darle las gracias por tantas cosas que a lo mejor él ni sabe. Bueno, seguro que sí.

lunes, 31 de agosto de 2009

Tormenta sobre la becaria

Me dice que está siendo un verano duro pero que se encuentra tranquila. Reconoce que no hay nada como el salir del cascarón para darse cuenta del frío que hace ahí fuera. Lo que en la facultad le parecía color de rosa ahora se le ha desteñido de medio a medio hacia un marrón feote. Y, bueno, le contesto que nada nuevo bajo el sol, que bienvenida al club de la vida misma. Sí que me preocupa, aunque poco, cuando metidos en harina me confiesa que salió de Pamplona convencida de que el Periodismo era la pasión de su vida, pero que este verano incluso lo ha llegado a dudar. Mujer, le digo, que hay que darse tiempo para digerir la duda y no atragantarse con el primer bocado. Por eso me he acordado de mi querido amigo y maestro Paco Go, quien me regaló esta reflexión cuando era yo el que levantaba el vuelo: "Desconfío del periodista al que en ningún momento de su carrera le asalta la duda de si ésa es su verdadera vocación". Pero eso, carajo, es a lo largo de la carrera, no en la primera recta, querida.

Lo que le pasa también es que ha convivido, indefensa, con la veterana fauna del medio, un gran medio, y por lo que me dice ha aprobado con nota Conocimiento del Medio: "Buenas personas que te ayudan en lo que pueden, grandes periodistas, pero también muy malos, muy amargados, y gente que quiere llegar la primera a la cima cueste lo que cueste. Incluso de estos estoy aprendiendo algo: cómo no me gustaría ser nunca". Y como ella ha sacado su conclusión, para qué añadir nada. Bueno, sí, algo que llevo mucho tiempo diciendo: que el futuro periodista se la juega en el primer tramo de su desempeño profesional. Si aterriza en medio de un gran equipo, optimista y activo, tiene todo a favor para triunfar, y si no lo hace será porque no quiere o no sabe. Pero como le toque el pelotón de los rebotados, grises, amargados y trepas, su genoma periodístico tiene muchas papeletas de ser pervertido por el fenoma ambiental, a no ser que sea fuerte, muy fuerte.

Y yo le digo con total sinceridad que ella, además de buena periodista, es fuerte, activa, positiva, divertida, curiosa, inquieta, con carácter y las ideas claras, así que no hay problema. Ha sido una tormenta de verano, de esas frescas que limpian el ambiente, abrillantan los verdes, despejan la cabeza y hasta acongojan un tanto con sus rayos y truenos. Y un paisaje después de la tormenta, con olor a tierra mojada, es de esas cosas difíciles de superar.

lunes, 15 de junio de 2009

Talento por arrobas

No debía entrar al trapo de escribir sobre los Proyectos Periodísticos 2009 de mi fcom porque, como bien intuye Nahum, temo que alguien que yo me sé le vuelva a quitar la anilla a la granada como hizo el año pasado y por Dios la que se armó. Pero el caso es que, como entré en esta dinámica de echar merecidas flores a los futuros profesionales en 2007, ahora me encuentro en la gustosa necesidad de seguir, y que sea lo que el Citado quiera.
No, no son tiempos difíciles para el periodismo. Como mucho, complejos y confusos, pero de difíciles nada. Con los nuevos medios y las nuevas tecnologías lo que se está demostrando es que el periodismo bueno (siguiendo a Randall) es más necesario que nunca. Y el buen periodismo solo puede ser hecho por buenos periodistas, formados y entrenados como tales. La patraña del periodismo ciudadano ya me cansa y solo hay que asomarse a la red para ver quiénes son los líderes de la información por veredicto popular.

Sí, son los grandes de siempre, solo que ahora el envoltorio no es de papel sino digital. ¿Y? Pues ahí empieza el problema. Que yo sepa, el periodismo digital es la primera gran y exitosa idea de comercialización que unos gestores no saben vender. Conforme van pasando los años, los contenidos digitales de los grandes y pequeños medios crecen en riqueza, imaginación, apuesta y servicio... mientras los gerentes de esos mismos grandes y pequeños medios siguen sin saber cómo rentabilizar tanta riqueza. Me pregunto qué enseñarán en los MBA...


...Porque talento, del intangible, hay a raudales. Ésta es la alineación titular de Zinc, una revista creada y desarrollada por este grupo de cuasilicenciados en Periodismo, y que ha sido uno de los dos grupos a los que he tenido la suerte de acompañar en su proyecto fin de carrera. Zinc es una revista muy bien escrita, pero eso no es todo: es una gran idea sobre el necesario periodismo de profundidad, ése que tanto se echa en falta porque se niega a que los árboles le impidan ver el bosque. Periodismo no es solo contar cosas, sino saber contarlas, a quién, por qué y muchas más cosas que hay que aprender y absorber con años de dedicación.

Las revistas se han ido al garete del mercado español por muchas razones, pero como lector veterano apunto dos: por contar lo que ya todo el mundo sabe y por engañar. Sí, por engañar: por engañar con portadas del tipo "Toda la verdad sobre..." para descubrir, una vez compradas, que aquello es un refrito de siete días. Detrás, redacciones anoréxicas alimentadas de becarios y nula inversión en talento, en creatividad. Hacer una revista como Zinc cuesta mucho dinero, pero es lo que tiene la calidad, que hay que invertir en ella. Pero el alacrán del contable sigue matando al cocodrilo del talento que le cruza el río porque, ya saben, es su naturaleza.

Hasta la fecha, lo que los gerentes han sido capaces de hacer es taladrar el futuro de su negocio: despedir periodistas empobreciendo su oferta y esperando que alguien que no sean ellos descubran cómo sacarle rentabilidad al periodismo digital.


Pero es que el problema no se encierra sólo entre cuatro papeles. Esta peña de aquí arriba, que se hicieron semejante foto de museo para la presentación de su proyecto, han parido al Jacinton Post, que es de genial carcajada y talento por arrobas. Hasta donde llegamos, es la primera web satírica que mira la actualidad con ojos frescos y sabe reírse y hacer reír con tanto desparpajo como criterio profesional. Un pozo sin fondo donde han sabido agitar la información hasta descorcharla y hacer un uso, casi inmejorable, de las posibilidades que las nuevas tecnologías ponen al alcance de mentes creadoras. Aunque por el momento no esté actualizada (al fin y al cabo es un proyecto fin de carrera ya presentado y juzgado), animo a cuantos se asomen por este rincón a darse un garbeo por su dominio, con el convencimiento de que saldrán pasmados por la cantidad, calidad y variedad de sus contenidos.

Ahora estamos en fase de darle al Jacinton Post un salto a la realidad. ¿Podremos? Si yo tuviera unas perras me ponía ya a ello. Y si fuera gerente, buscaría ya cómo rentabilizarlo. Pero estoy sin blanca y mi capacidad gerencial debe ser del nivel de Mecasuen, nuestra mascota.

Vamos, que cada día estoy más convencido de que sobra talento periodístico. Pero lo que sigue faltando es saber rentabilizarlo. Qué buen vasallo si tuviera buen señor...

miércoles, 29 de abril de 2009

La Cuadrilla Coberturas

Hace bien poco, en 1995, me vi obligado a fundar en Diario 16, por sugerencia de mi querido director, la unidad que bauticé como Teclados Azules. Un puñado de aguerridos periodistas capaces de hacer en poco tiempo un suplemento sobre la muerte de Lola Flores y a las dos semanas otro sobre su hijo Antonio, que le siguió hasta la eternidad demasiado rápido. Éramos los chulapos de la Redacción, conocidos también como los pringados que hacían el trabajo necesario que otros, debido a su exquisito estatus, consideraban denigrante para sus selectas neuronas destinadas a misiones mucho más trascendentes para el devenir de la intelectualidad. Vamos, que el jefe de Cultura no podía descender a las ordinarieces de los Flores porque estaba preparando un especial sobre la poesía báltica del XVIII, que es lo que importa.

Los Teclados Azules, a los que tuve la fortuna de comandar, no sólo hacían su trabajo sino que lo hacían bien, muy bien. Eran periodistas de casta y servicio, convencidos de que estaban haciendo un gran trabajo pero, eso sí, desde el anonimato. Rara vez firmaban. Pero su esfuerzo se traducía en satisfacción y en subida de ventas. Iban felices con su trabajo y no precisamente por el tema que abordaban. Por eso eran Teclados Azules, porque se sentían en parte bálsamo del dolor. Periodismo puro y duro, nada tomatero, riguroso, respetuoso y completo al servicio de una información que al final era tan completa que se convertía en homenaje.

Hoy, años después, mis Teclados Azules siguen haciendo el bien desde el anonimato, porque son periodistas, mientras el de los bálticos a lo peor anda cenando con Ramoncín, al que habrá que hacer un suplemento. Y yo, en la distancia de unos y otros (pero sobre todo de otros), me reavivo porque siguen naciendo periodistas con tinta en la sangre (que es metáfora, tranquilos) y con los que me lo paso a lo grande. Son alumnos de Doctorado y de Licenciatura en mi fcom con los que aprovecho para hacer lo que más me gusta, periodismo, y por todos los medios. Mientras esté rodeado por gente como Samuel, Álvaro, Bea, Eva y otros muchos más, el concepto Teclados Azules seguirá por siempre jamás. Y eso que, cosas de la vida, ahora nos llamamos la Cuadrilla Coberturas, que es marca registrada de Sam, y mira que me fastidia, porque si algo soy es bautizador. Pero es lo mismo.

jueves, 23 de abril de 2009

Bravo Gabilondo

[El título de este comentario puede llevar coma o no, pero yo se la quito].

Cuando Ramón Arambuena Arangüena [gracias again, Sam] aprovechó su anonimato del 97 para hacer entrevistas absurdas a famosos en A3, se hizo muletilla su pregunta fija a cada uno de ellos: "¿Qué fue de su agria polémica con Iñaki Gabilondo?". Y la víctima caía en la trampa de la perplejidad, fuera quien fuera: "¿Yo, con Iñaki???". La carcajada del respetable era ídem porque había una cosa segura: si algo era imposible, entonces, era tener el más mínimo enfrentamiento con el ayer por ayer rey del 'Hoy por hoy', una de las joyas de la corona de la Cadena Ser. Iñaki fue dueño y señor de las cocinas, duchas, taxis, atascos y demás devenires matinales de los estresados españolitos durante casi veinte años, desde septiembre de 1986 hasta agosto de 2005. Entre fogones se lloraba más por su culpa que por la de la cebolla. Supo encontrar la melodía para llenar las mañanas de radio amable, simpática, entretenida y envuelta en su voz cálida y firme. O sea, se prodigaba poco en público porque despertaba el instinto básico de comérselo a besos.

No voy a detenerme en el currículo de Iñaki, que para eso está Wikipedia. Me paro en seco para ponerme firme y a sus órdenes, porque es algo que hago desde la madrugada del 24 de febrero de 1981, y sobre todo porque siempre he defendido su honestidad, credibilidad y transparencia. Me hace gracia quien dice de él que trabaja "para ciertos intereses". Pero alma de Dios, ¿y quién no lo hace? A mí el único que me da miedito es el que no enseña sus cartas. Cosa que no puedo decir, nunca he podido decir, de él. Para gustos, los colores, pero para honestidad, todos de blanco, por favor.

El caso es que Iñaki va para cuatro años al frente de Noticias 2 en Cuatro (vaya lío) y ahí es donde, me da, no se le perdona. Pasó del tono mesa camilla al chute informativo en el horario del apaga y vámonos. Y eso no, no señor. O sea, como si hubiera cambiado de chaqueta y no, que no, que lo que ha cambiado es la octava pero no la melodía.

Ayer miércoles fue uno de los muchos antiguos alumnos que acudió, convocado por su y mi Facultad, a la presentación en Madrid del libro que recoge nuestros primeros 50 años, y que además pudo hablar porque para eso estaba invitado.

Y jo que si habló. Supongo que servidor llevaba tanto tiempo esperando oír alto y claro una evidencia, que hasta me emocioné más de lo debido. Sin querer. Iñaki estuvo contundente, preciso, oportuno, claro y exacto al exponer esta primicia mundial: en este país sigue gustando mezclar las churras con merinas, y si una Universidad es del Opus Dei significa que o sales con hábito de convento o ácrata perdido. Lo de menos es que lleve años siendo considerada, y con diferencia, la mejor Facultad de Comunicación de España, porque el que pase por sus aulas parece estar obligado a comulgar con su ideología. O sea que, como dijo el propio Iñaki, en este país sigue habiendo demasiada gente que no entiende nada.

Si educar en la libertad y en el amor a la verdad, al respeto, a la responsabilidad, a la pluralidad, al trabajo bien hecho, al trabajo sin más, a la cooperación, al rigor, al esfuerzo, a la dignidad y a otros imprescindibles valores que no me da la gana escribir son marcas registradas del Opus Dei, entonces soy yo el que no entiende nada.

Doy mis profundas gracias a Iñaki, al que desde ayer admiro si cabe más, y a ese pelotón de periodistas íntegros que acudieron en masa a la presentación de su libro de familia sin que ¡oh, sorpresa! nadie les pidiera su carné de militancia. Y más gracias todavía a los retoños del nuevo periodismo que me han soportado y han hecho un excelente trabajo, del que de momento dejo este botón de muestra. Pero ya hablaré más de la Cuadrilla Coberturas, que esa es otra historia. Qué bien me siento, y por tantas cosas.

jueves, 26 de marzo de 2009

¿Cómo quieres que te lo diga?

Este silencio que esparzo por el blog no es por dejadez sino por lo contrario: afán por llegar a todo y a todos los que me están rodeando. Quiero aprender el nuevo lenguaje del vídeo, asisto a la Cumbre Mundial de Infografía que me está mareando con paisajes vertiginosos del futuro actual de la comunicación, hago mis pinitos en la radio, intento enseñar nuevos lenguajes a futuros comunicadores y pretendo ayudar a unos alumnos zombizumbados a cuadrar unas cuentas que no cuadran para justificar un proyecto de web revolucionaria y otro para lanzar una revista que nos ayudará a vivir mejor y que ya estoy deseando leerla, a ver si aprendo.

Dicho lo cual, vuelvo a despejar cualquier duda, si es que la hubiera o incluso la hubiese, sobre tanta charlatanería acerca del futuro de los medios: el periodismo es imprescindible. Y los periodistas, ni digamos. Pero hay que saber y, sobre todo, querer hacer periodismo por todos los medios. Y como estoy rodeado por uno y otros, no me rindo.

Así que confieso estar en la reserva pero rodando alegre, aunque alguna mala lengua vaya pregonando que por las noches duermo. Pues sí, tiolisto: dormido, pero contento.

Y sí, otralista: soy Paco, como el de Beyoncé. Y tú, Buenafuente: me las pagarás.

viernes, 6 de febrero de 2009

Buenas noches y mala suerte

En el oficio del periodismo llevamos tatuado, desde siempre, el estigma de ser superficiales, poco fiables y demás lindezas que más de uno, con moral de hierro, pretendemos combatir a base de un ejercicio profesional honesto. Pero el problema, para nosotros, se hace insalvable si son, precisamente, presuntos colegas los que se dedican a tirar piedras contra nuestro propio tejado.

Esta semana, sin ir más lejos, parece haberse decretado que el fin justifica los medios… de comunicación. Y esto da miedo, mucho miedo a todos los que creemos en el valor del buen periodismo como servicio a la sociedad. En este punto, hago mías las palabras de Edward Murrow, mítico presentador de las noticias de la cadena CBS en los años cincuenta, y que mantuvo un histórico enfrentamiento con el senador McCarthy, un enfrentamiento que el cine inmortalizó con la imprescindible película “Buenas noches y buena suerte”, en la que el periodismo bien entendido destila en cada fotograma.

En una de esas locuciones nocturnas, Murrow decía a su audiencia:
"He examinado mi conciencia y mi trayectoria, y no puedo afirmar que siempre haya sido justo o sensato, pero he intentado buscar la verdad con diligencia e informar de ella. Aunque, como en este caso, me advirtieron de antemano de que sería el blanco de los ataques del senador McCarthy. (...) Esperamos tratar asuntos de mayor interés para el país la próxima semana".
Y es cierto. Así debe actuar un auténtico periodista: buscando la verdad con la mayor honestidad y sin trampas. Pero no todos se atienen a las reglas del juego y las rompen con tal de atraer a una audiencia que, de otra forma, parece que no tendrían.

Sanseacabó Nº 41, emitido por 98.3 Radio






martes, 20 de enero de 2009

La dictadura de las marmotas

"La prensa diaria tiene problemas de circulación por la competencia de los medios electrónicos y por la aparición de Internet. El periódico es un producto desde muchos puntos de vista, antiguo, del pasado, del siglo XIX. Tiene futuro, juega un papel muy importante en la conformación de la opinión pública en las democracias, pero necesita replantearse empresarialmente desde muchos puntos de vista". Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa, en el XX Congreso de la AEDE celebrado en Pamplona el 25 de noviembre de 2004.
Hasta hace cuatro años, como mucho, el todopoderoso consejero delegado del todopoderoso Grupo Prisa no creía en internet como medio de comunicación, como canal de distribución de contenidos informativos. Es más: tachaba a la red de conspirar contra el papel y su empeño, añadía, era "descubrir cómo Internet, independientemente de que conspire contra el soporte papel, puede servir como un nuevo sistema de distribución de prensa escrita". Esto es, hace tan solo cuatro años, cuatro, que el ejecutivo que más ayudó a restablecer las libertades en este país desde la trinchera del periodismo desde el martes 4 de mayo de 1976, seguía desdeñando el verdadero potencial de la red, y eso que en 1998 ya había publicado un libro de título profético: "La red: cómo cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación". En fin, como verán el enredo es mayúsculo: en el 98 internet es nuevo medio, pero seis años después se degrada a una furgoneta (sin llaves de contacto) para repartir papel.

A El País, como líder en ventas de diarios en España, se le ha atacado y se le ataca desde todos los frentes posibles, como no podía ser de otra forma en la tierra de Machado. Predominan las acusaciones de sectarismo, oligopolio, prepotencia y epítetos que no apetece reproducir. Pero a mí, como me consta que les pasa a otros muchos compañeros del periodismo, lo que más me ha dolido en estos sus casi 33 años de historia ha sido el inmovilismo que, como le ocurre a cualquier persona, se ha ido haciendo más patente conforme engordaba. El País, uno de los periódicos mejor escritos de los que conozco, pasó de mozuelo rebelde y culto a apoltronado ejecutivo en despacho de planta noble. Aquella frescura de tirarse a degüello hasta fichar a los mejores periodistas del mercado popular fue derivando en club selecto con cuota de entrada. Se durmió en el periodismo político que tan necesario fue (y que tan bien hizo) en los 80, para en los 90 estar más pendiente del parqué que de la calle.

Desconozco todas las razones –aunque sé algunas e intuyo otras– que le han llevado ahora a perderse, como quien dice, la primera década del siglo XXI. La relación de El País con elpais.com darían para una tesis (y al doctorando que la ataque le regalo el título: Historia de un incomprensible desencuentro). Por un lado, el negocio digital es algo que por lo visto todavía no se estudia en ningún MBA y, así, los derroteros por los que ha pasado el puntocom son más propios de Don Pésimo que del líder mediático español. Los bandazos que han pegado en estos últimos diez años son un caso práctico continuo de decisiones equivocadas.

Pero, en las empresas, más allá de los números están las personas. Por causas imaginables, demasiados responsables de la Redacción de papel llevan años tratando con desdén (indiferencia y despego que denotan menosprecio) a su hermanico pequeño, a ese que siguen llevando en pantalón corto aunque hace tiempo que tiene vello en las piernas. Se ha impuesto la voluntad del grandote, del que se sale con la suya no porque lleve razón sino porque el padre (empresario) le tiene más miedo al grandote del primogénito que al pequeñajo listo, ágil, rápido, generoso, sonriente y capaz de hacer miles de amigos en un plisplas. El grandote, el dinosaurio de la Redacción que tanto manda, grita y se impone, lo hace porque tiene miedo de perder su estatus, su poder del que tanto ha disfrutado durante décadas. El cáncer en las redacciones empieza por esa dictadura de las marmotas, periodistas que se durmieron un día de puro gusto y hoy no quieren despertarse ante un nuevo mundo que lleva años amueblando la sociedad de la información, mientras ellos dormían, y que son incapaces de entender ni, mucho menos, aceptar.

Ahora, hoy, Juan Luis Cebrián ha anunciado la que asegura será la definitiva fusión de las redacciones de papel y digital de El País. Dios le oiga. Pero mucho me temo que hace falta algo más que órdenes para conseguirlo. En agosto de 2005, Bill Keller, editor ejecutivo de The New York Times, envió un correo a su staff en el que anunciaba la convergencia de sus también redacciones impresa y digital y justificaba la operación, entre otros argumentos, con esta sentencia: "Para atender informativamente al público como se merece, es necesario reorganizar nuestras estructuras y nuestras mentes". Y aunque en el fondo estoy de acuerdo, creo que en este caso el orden de los factores altera del todo el producto: si no hay primero una reorganización mental, de nada servirá la estructural. Y las marmotas, ay las marmotas, están para poca reorganización mental, porque bastante cacao tienen. Parecen dispuestas a morir ahogadas, pero lo peor es que arrastrarán al fondo a los que les llevaban el chaleco salvavidas.

miércoles, 14 de enero de 2009

P.E.R.I.O.D.I.S.T.A.


P
asión volcada en cada minuto de lo que haces y en cada detalle que descubres.
E
sfuerzo por conseguir un poco más que ese otro que también tiene información.
R
igor en lo que dices, en todo lo que dices, en cada cosa que dices.
Inquietud para ganarte a pulso el apodo de culo inquieto, di que sí.
O
rgullo por tus ideas, tu honestidad, tu libertad, tu independencia, tu profesionalidad.
D
ecencia cuando se trata de reconocer tus limitaciones, los errores, tu fragilidad.
Ilusión por sentirte cada día más útil, servicial, imprescindible dentro de tu humildad.
Serenidad para huir del falso amigo, de intereses creados.
Temple de hierro para mantenerte en tus principios sin cheque que valga, o no valga.
Alegría por saber que has hecho pleno al decidir que querías ser periodista.

Yo me siento pletórico, eufórico, radiante, inmenso, orondo, divertido, ideal, satisfecho, titánico y agitado al contemplar vuestro magnífico trabajo. Enhorabuena.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Periodistas vanidosos

Hay periodistas defensores de la libertad que ahora reclaman un control de la libertad. Son algunos de sus guardianes que durante años se han beneficiado del favoritismo que les dio la potestad de pontificar desde un púlpito excluyente, mientras millones de ciudadanos tenían que hacer lista de espera, y rogar, hasta que se dignaran publicarles algo, siempre y cuando, por supuesto, juzgaran desde su orgullosa y fatua atalaya que fuera de interés público. Me estoy refiriendo a una cuadrilla numerosa de prepotentes periodistas que dejaron de serlo cuando se fundieron y confundieron con la empresa que les ingresaba los cheques y a la que había que defender a muerte, en una militancia incomprensible e incompatible con el libre ejercicio de la profesión del periodismo. El periodista, cierto es, debe fidelidad a su empresa y, si no a amarla, por lo menos se compromete a protegerla hasta que el contrato los separe. Pero de ahí a ser querubines con gaita que soplan al oído de su becerro de oro va un abismo. Groucho lo decía en broma, pero algunos lo siguen de veras: "Estos son mis principios; pero si a usted no le gustan, tengo otros".

Cuando vino internet, la mayoría de estos orondos prebostes que comandaban poderosas redacciones la aceptaron como el fariseo que da migajas al pobre en el patio trasero. Pero luego, al percatarse de que tras su inofensiva apariencia se adivinaba un futuro imparable, movieron sus piezas para echarlos y quedarse con la idea o, mejor, con el desarrollo de la idea en la que nunca han creído ni entendido. A todos se les llenó la boca de integración, convergencia, multicanal, interactividad y multimedia sin haber aprendido todavía a hacer un powerpoint decente o a descolgar un teléfono si no pasa por centralita. El sonido de la caja registradora les guía, la adulación a su SA es su norte y piensan que sin sus ideas, dogmas y doctrinas la sociedad está perdida. Son faros regalados por la providencia para protegernos de nosotros mismos, que somos unos inconscientes.

Pero ahora, cuando sus chalupas de caña hacen agua por meterles fuerabordas sin leer siquiera las instrucciones, se ponen a gritar advirtiendo a los paganos sobre los peligros que corre la libertad de expresión sin control en el océano de internet. Y lo gritan convencidos, aunque nerviosos, porque siguen pensando, hoy como ayer, que los paganos son tontos, que no saben distinguir la verdad de la mentira ni al bolero del periodista integral. Siguen confusos porque llevan años, a lo peor, creyéndose que lo que ellos divulgan es necesariamente la verdad, porque por algo venden mucho y alimentan las tertulias de su cadena. Siguen convencidos, a lo peor, de que todo lo que ellos han publicado o consentido que se publicara era la verdad y solo la verdad, sin obedecer nunca a intereses bastardos. Ah, y de izquierda a derecha, que lo mismo da a la hora de repasar la nómina de los periodistas vanidosos que nunca han tenido que rendir cuentas más allá de a su consejero delegado.

El problema, para ellos, no es la libertad, sino quién la administra, y quien debe administrarla debe ser, claro, el que está en posesión de la verdad, o sea, ellos. Y como la cosa se les escapa de las manos, los nervios crecen. ¿Será por su desinteresado amor a la verdad, a la libertad, a la independencia y al bienestar de la sociedad a la que con tanto sacrificio llevan años sirviendo? No: es por su miedo a navegar por estos mares desconocidos que ya les va dejando con sus vergüenzas a sotavento y la bodega menguada. Pero cuidado, que no hay nada más peligroso que un jabalí herido.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Recuerdo de Zaragoza

Colección gráfica personal del ÑH5ZARAGOZA. V Congreso. Lo Mejor del Diseño Periodístico. O Melhor do Design Jornalístico. España&Portugal 2008. Las fotos en mayor resolución para ver y copiar están en este álbum de Flickr.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Voces desde el campus

LAS 10:58 horas del jueves 30 de octubre de 2008, ETA volvió a atentar contra la Universidad de Navarra. Un coche bomba estalló en el corazón de la vida universitaria cuando las aulas estaban llenas de alumnos y profesores, cuando los investigadores desarrollaban su actividad cotidiana en bibliotecas y centros, mientras el personal de administración y servicios desempeñaba su trabajo habitual.

Por un cúmulo de afortunadas circunstancias, la bomba no causó víctimas de gravedad. Sin embargo, el impacto emocional se extendió por los miles de integrantes de la comunidad universitaria. Y aunque ésta era la sexta vez que la banda terrorista pretendía acabar con la Universidad de Navarra, para la gran mayoría de los estudiantes era la primera vez que se convertían en víctimas de un atentado terrorista.

En la Facultad de Comunicación, a escasos metros de donde se produjo la explosión, cientos de alumnos asistían a clase. En menos de un minuto, las aulas se desalojaron y muchos de ellos, junto con profesores, corrieron hacia la columna de humo que delataba el lugar exacto del atentado, en el aparcamiento entre el Edificio Central y la Biblioteca de Humanidades.

A partir de ese momento, sus reflejos como personas y como futuros profesionales de la comunicación afloraron de forma entremezclada. Como no podía ser de otra manera, se lanzaron a comunicarse con sus familias, con sus amigos, a través de todos los canales que hoy ya son de uso habitual: desde la telefonía móvil (en voz y mensajes de texto), hasta a través de las redes sociales, que ya son el club virtual donde de forma habitual y natural se encuentran los jóvenes.

Pero este intenso impacto emocional no les paralizó en su vertiente profesional. De un modo tan natural como espontáneo, los alumnos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra también se pusieron desde el primer momento en contacto con todos los medios de comunicación, nacionales y locales. Prensa, radio, televisión e internet comenzaron a recibir de ellos todos los datos necesarios para componer el relato que informaría, en vivo y en directo a la sociedad española, de lo que estaba ocurriendo en el campus de Pamplona minuto a minuto. Fueron las voces que se escucharon por todos los medios y que demostraron, entre otras muchas cosas, su valía personal y su avanzada preparación como futuros profesionales.

Esta web pretende ser un compendio de ese trabajo realizado por instinto y en situaciones de tensión emocional. Un trabajo que ya es historia por su contenido informativo, pero que sigue siendo presente (y futuro) por lo que significa y por el ejemplo de excelencia que encierra".

martes, 4 de noviembre de 2008

Acerca del periodista digital [y2]

[...viene de la entrada anterior]

Frente a la pericia tecnológica, y desde mi punto de vista, el periodista digital que triunfará será el que atienda y llegue a dominar por encima de todo estas cuestiones:

1ª.- La selección de los hechos relevantes


¿Por qué? Porque internet se ha convertido en estos momentos en un pozo sin fondo de información, en páginas sin principio ni fin. Y este extremo, que sin duda tiene la virtud de la democratización y la libertad, genera el caos y la confusión en la gran mayoría de navegantes, que no tienen tiempo ni recursos para destilar lo esencial de la información que de verdad les importa.

Decía antes que cada vez son más los navegantes expertos, pero eso no significa que estén dispuestos a invertir su tiempo en bucles de búsqueda sin fin y sin hilo conductor. Además, aunque haya buenos navegantes, sigue siendo gran mayoría los que no aciertan a defenderse con garantías de éxito por un mar de enlaces que, al final, les hace olvidar hasta el objetivo de su búsqueda inicial.


Parece que muchos estudiosos de este tema se han quedado en que lo importante para el usuario digital es esa capacidad infinita de elección. Y creo personalmente que no, que el internauta, al igual que ocurre con el lector de prensa, el radioescucha y el televidente, agradece la guía periodística, esto es, que sean los profesionales de la información quienes le destilen lo esencial de la información. Siempre sobre la base irrenunciable, por supuesto, de la credibilidad, el rigor y la independencia.


El periodista digital tiene la oportunidad –y hasta diría que la misión– de facilitar la labor de selección a los usuarios. Como profesional de la información está capacitado y tiene criterio para hacerlo, pero es que además cuenta con la inestimable ayuda que le ofrece el nuevo medio desde el punto de vista de su interactividad: gracias a ella, los periodistas pueden conocer, incluso en tiempo real, cuáles son los gustos y las preferencias informativas de los usuarios, bien porque se lo hacen saber directamente, bien porque basta con consultar las estadísticas de visitas a los diferentes contenidos que ofrece el profesional o su medio.


2ª.- La jerarquización de la información


Una vez que el periodista digital ha averiguado lo que el navegante quiere saber, el siguiente paso será ofrecerle lo que necesita saber, esto es, los contenidos imprescindibles y valorados por orden de importancia (por supuesto, según criterio que se supone profesional) para que el navegante/lector absorba el máximo de información con el mínimo esfuerzo.

Aquí entra, de lleno, su función periodística: averiguar lo que no sabe... y no sólo en la red, sino acudiendo a cuantas fuentes sean necesarias. Y en esa línea primarán sus fuentes propias y privadas, a las que sólo él tiene acceso. Si así lo hace, el lector agradecerá el enterarse primero de lo que no sabe o no puede saber por otro conducto que no sea el que le ofrece el periodista digital. Esta cuestión se aproxima al valor de la información no como exclusiva (que suena siempre como algo en exceso trascendente) sino como novedad que merece ser divulgada.


A partir de su información, el periodista digital sí podrá intervenir en su faceta más documental, proponiendo a los usuarios con más tiempo o interés aquellos otros recursos que les pueden ayudar: enlaces, en definitiva, a fuentes públicas para todos los interesados. Su misión, aquí, será la de proponer los contenidos por orden de importancia o por criterio temático.


3ª.- La capacidad de profundizar y contextualizar


Yo pienso que uno de los principales enemigos de internet como medio de comunicación está en su interior, en su propio carácter de pozo sin fondo informativo. El exceso o la sobreabundancia de información no significa que la sociedad esté mejor informada. El futuro del periodista digital, en mi opinión, no se basará tanto en sus habilidades técnicas como un su capacidad para transmitir los mensajes de una forma ordenada y sin que llegue a agobiar al receptor de la información.

Las primicias informativas, ahora, tienen muchos medios de salida, y la inmediatez de internet entra en competencia con la de la radio y la televisión. Pero internet, frente a estos dos medios, tiene la afortunada ventaja de que esa inmediatez no está en conflicto con el orden del mensaje, las secuencias, el principio y el fin de la información. Quienes conectan la radio o la televisión deberán tener la suerte de que “en ese preciso momento” se esté dando cuenta del hecho noticioso; pero si sintonizan con el programa comenzado, quedarán sin entender el todo de la noticia y se verán obligados a esperar, cuando menos, al siguiente programa informativo.
En internet, por el contrario, es el receptor de la información quien decide cuándo comienza a recibir la información y hasta dónde quiere llegar, sin que ello esté reñido con el hecho de que el periodista digital, simultáneamente, esté actualizando su información: bastará un simple refresco de pantalla para acceder al último minuto.

Por eso pienso que el periodista digital tiene la gran oportunidad –y en esto se parece a su colega de los medios impresos– de apostar por la calidad frente a la cantidad. Tiene la gran posibilidad de profundizar en la información hasta límites insospechados; puede contextualizar cualquier artículo con antecedentes y consecuentes, analizarlo y ofrecer para ello cualquier valor agregado, desde opiniones hasta testimonios de los protagonistas en cualquier soporte multimedia.


Como resumen de estos tres puntos diré que, como internauta, me haré seguidor de aquel periodista digital que sepa cuáles son mis focos informativos de interés y me los ofrezca; que sepa qué necesito saber sobre ellos y me informe de un modo ordenado y jerárquico; y, por supuesto, que me ayude a entenderlos, no a través de la opinión sino del análisis y la contextualización.


Con estos valores y modos de conducta asumidos, el periodista digital sí que podrá aprovechar las ventajas que le brinda internet y de las que no disfrutan sus colegas de otros medios:

1º.- Un grado profundo y actualizado de conocimiento de su audiencia, que le permite apuntar con mayor precisión a los objetivos informativos.
2º.- La posibilidad de interactuar con su audiencia, de modo que los informados se pueden convertir también en informadores.

3º.- Una autoevaluación constante sobre su eficacia y valía profesional, que puede medir por las respuestas y opiniones de su audiencia, más allá del examen tradicional que hasta ahora sólo competía a sus jefes.


El factor común en estos tres puntos, como puede apreciarse, es la proximidad y la personalización, el contacto con la audiencia que le va a permitir al periodista digital cumplir su misión informativa en el medio digital y que le va a distinguir de sus colegas de otros medios por estas ventajas que se le brindan:
– Su investigación y sus informaciones pueden no sólo ser actualizadas en el momento y en cualquier momento, sino que pueden verse enriquecidas por las aportaciones de los propios destinatarios de la información.
– La forma de relatar (y aquí es donde sí se produce un giro radical con respecto a otros medios) rompe las normas lineales, verticales, y se abre a otras posibilidades más enriquecedoras como son las hipertextuales y contextuales, en versiones espaciales con infinitas posibilidades de interrelación.

– Ya no debe elegir entre el texto escrito o hablado, entre la imagen fija o en movimiento, entre el testimonio sonoro o visual para hacer llegar su mensaje: puede acudir a una mezcla de éstas y otras posibilidades multimedia que mejor se acomoden para alcanzar su objetivo de informar.


Para poder sacar el máximo rendimiento a las posibilidades del medio digital es cuando entran en juego las habilidades y técnicas que debe cultivar todo aspirante a periodista digital (o que quiera mejorar como tal).

En cuanto a la redacción


Sigue siendo la herramienta básica de comunicación digital en su vertiente de medio informativo. Los periódicos en línea, en todo el mundo, son los sitios web más visitados y en el contenido de ellos siempre predomina el texto. El redactor digital debe tener:

Dominio del lenguaje
• Internet ha pulverizado todas las barreras geográficas que hasta ahora limitaban el alcance y la difusión de los medios tradicionales. La audiencia del periodista digital se universaliza y, como mucho, sólo se topa con la frontera idiomática, en nuestro caso el español, que a su vez tiene sus matices y peculiaridades según las regiones.
• Por ello, el periodista digital debe dominar el lenguaje más allá de lo considerado como correcto porque de sus palabras dependerá en gran medida la comprensión de su mensaje por parte de un receptor que ha dejado de ser local y se ha convertido en multinacional. Y, además, el idioma crece en importancia por su misión cultural además de informativa.

Capacidad de síntesis
• A diferencia del relato en un medio impreso, los géneros periodísticos tradicionales están teniendo un difícil acomodo en la red. La lectura, decimos, ya no es “vertical” y por eso un texto largo que obliga a un continuo desplazamiento por la pantalla termina por ahuyentar al internauta porque, independientemente de su interés, cansa a la vista.

• El periodista digital debe aprender a escribir mucha información en poco espacio, y valerse de otros soportes (el PDF, por ejemplo) para ofrecer a su usuario la posibilidad de descargar para imprimir el “texto tradicional” en toda su extensión.


Capacidad de jerarquización

• Aunque las investigaciones en el terreno del lenguaje digital aún son escasas –o, para ser más exactos, están en pleno proceso pero sin conclusiones generalizables–, pienso que es probable que internet resucite la pirámide invertida (ordenar los datos de mayor a menor según su importancia informativa) que en los medios escritos ya se daba por superada.

• El periodista digital debe mantener la tensión de su usuario porque un solo bajón de su interés le puede llevar con un clic del ratón lejos de su alcance... y con pocas probabilidades de retorno. Pero lo hará si sabe que su periodista tiene ordenada y jerarquizada la información.


Capacidad de contextualización

• Las posibilidades que abren los hipertextos no deben utilizarse sin control. El exceso de enlaces, lejos de facilitar la navegación, terminan por abrumar y, como hemos dicho, incluso hacen perder el hilo conductor al usuario.

• El periodista digital tiene que ser capaz de ordenar convenientemente todo el contexto informativo y, siempre que pueda, con sus propias palabras, sin necesidad de acudir a enlaces con terceros.


En cuanto al conocimiento del medio


Dominio de la navegación
• Aunque los periodistas, en general, hayan adoptado internet como una de sus fundamentales fuentes de información, siguen siendo los menos los que saben sacar todo el rendimiento al fondo informativo que almacena. El periodista digital debe ser un experto navegante, capaz de trazar con inmediatez una carta de navegación según la circunstancia. Esto significa que su movimiento por la red debe ir mucho más allá de una buena selección de ‘favoritos’ o del empleo sistemático de un buscador; de hecho, eso lo hace cualquier usuario de la red con cierto interés y pericia. Lo que diferenciará al periodista digital es su “puntería” al acertar en el uso de los distintos buscadores (automáticos o temáticos), metabuscadores y bases de datos –por citar las herramientas que hoy por hoy son las más prácticas– para localizar y servir con tanta prontitud como criterio la información precisa.

Capacidad de organización y distribución

• Ya hemos dicho, pero insistimos en ello, que uno de los grandes enemigos de la red es su infinito contenido que puede abrumar por caótico. El periodista digital está llamado a luchar contra el caos y contribuir, con su propia organización y sistemas de distribución, a imponer criterios de orden.

• El periodista digital que se entrene como organizador y consiga sistematizar su trabajo de un modo fácil y práctico para el conjunto heterogéneo de usuarios verá recompensado su esfuerzo, con toda probabilidad, con la fidelización que conseguirá entre sus visitantes.

• La correcta y práctica organización de contenidos, junto a los métodos que permiten un acceso simple y rápido a los canales de distribución, siguen siendo dos de los bienes más preciados en la red.


Control de almacenamiento y recuperación de información

• El periodista digital debe predicar con el orden de sus materiales: ser capaz de organizarlos por sistemas reconocibles (temáticos, cronológicos, etc.); crear un archivo simple y accesible para todo internauta que desee acceder a su trabajo histórico; establecer un sistema de búsqueda que emplee los menos pasos posibles; proporcionar el material informativo en diversos formatos y plataformas para que pueda ser utilizado independientemente de posibles limitaciones tecnológicas del usuario...


Capacidad de trabajo en equipo con otros profesionales

• El que defendamos que la definición de periodista digital no es la misma que la de periodista multimedia no anula un hecho real: la necesidad, ineludible y fundamental, de que el nuevo profesional colabore de una forma estrecha, como un auténtico equipo, con otros profesionales que intervienen en el proceso de difusión de la información: diseñadores, documentalistas, programadores, técnicos en la producción multimedia...

• Aunque lo anterior pueda parecer una evidencia innecesaria de recordar, pienso que merece la pena insistir en esa importancia del trabajo en equipo porque, desgraciadamente, la colaboración entre distintos profesionales en los medios tradicionales suele brillar por su ausencia. En los periódicos diarios, donde tengo una mayor experiencia, hasta unas relaciones tan elementales como deberían ser las del redactor con el fotógrafo y el diseñador suelen estar presididas por la confrontación en lugar de la colaboración.
Y en el medio digital esa colaboración interdisciplinar va a ser no sólo conveniente sino imprescindible, y el mejor camino para ello es que el periodista digital “aprenda a saber” qué pueden hacer los demás y hasta dónde pueden llegar para que el mensaje informativo llegue antes y mejor al receptor.

En cuanto a la tecnología


Conocer los lenguajes multimedia
• Si no tiene dominio, sí que debe por lo menos entender su funcionamiento y posibilidades informativas. Este conocimiento facilitará su proceso de toma de decisiones para elegir formatos y complementos como parte del mensaje.

Manejo de programas

• Es evidente que si el periodista digital se encarga además de la gestión de sus contenidos, su labor se verá facilitada si domina programas relacionados con el diseño de sitios web y con el protocolo de transferencia de ficheros.

• Estos programas, en los últimos años, están evolucionando al mismo ritmo –o superior– que la propia red. Por tanto, cuando decimos que el periodista digital debe manejar programas relacionados con la gestión digital de la información no queremos referirnos a un software en concreto, sino al funcionamiento general. El periodista debe conocer, antes de nada, su filosofía de utilidad, qué hace y qué no puede hacer, cómo sacarle mayor rendimiento, etc.
Si absorbe esta filosofía será mucho más fácil que, en cualquier momento, pueda entender y manejar las herramientas concretas de que disponga él mismo o el medio para el que trabaja.

Manejo de herramientas para la interactividad

• Las posibilidades de relación fluida entre informador e informado que los medios digitales abren, es una de las grandes bazas de éxito de la red.
Por ello, para que el periodista digital pueda sacar el máximo rendimiento a esta característica, parece imprescindible su entrenamiento en el manejo de herramientas interactivas. Por el momento –es imposible saber cómo será mañana– las más utilizadas son las que facilitan el diálogo emisor-receptor y la recepción de información solicitada –formularios, encuestas–, las que crean comunidades virtuales de participación o las que facilitan al receptor la personalización de contenidos.

Para terminar, me gustaría hacer una reflexión conjunta con todos ustedes. Una reflexión a la que me mueven unas palabras de mi compañero el profesor Ramón Salaverría –director del Laboratorio de Comunicación Multimedia de la Universidad de Navarra–, pronunciadas en el Congreso Internacional de la Comunicación celebrado hace un año en Pamplona. Y cito sus palabras: “En muchas Redacciones se detecta un enfrentamiento soterrado entre los periodistas de siempre, los supuestos guardianes de la ortodoxia periodística y albaceas del periodismo de verdad, y esos nuevos periodistas, recién salidos de las facultades, curtidos con la playstation más que con Cervantes y que, apoyados en sus conocimientos de los arcanos tecnológicos (HTML, FTP, Dreamweaver, Photoshop...) irrumpen a menudo en las Redacciones con cierto ademán de superioridad ante sus predecesores. Y esto no es nada bueno. Ni para unos ni para otros. Para los jóvenes, porque creen que los veteranos no tienen nada que enseñarles y para los veteranos porque su desdén hacia lo nuevo les ha vendado los ojos y les impide ver la emergencia imparable de los nuevos medios digitales. Y es que en el futuro todo lo que no sea periodismo digital, no será periodismo”.

Personalmente pienso que ese futuro exclusivamente digital al que se refiere el profesor Salaverría está todavía lejos. Lo cual no impide que coincida con él en todo lo demás, en el sentido de que periodistas tradicionales y digitales se estén mirando con recelo, cuando no con enfrentamiento, en un mundo profesional que está evolucionando a velocidad de vértigo y que, guste o no guste, está conformando un futuro irreversible.
Y esto es malo, perjudicial para la profesión. Si uno de los componentes que son imprescindibles para ser periodista es la curiosidad, que lo es, creo que cuando menos todo profesional debería asomarse con ella a lo que desconoce de su propio mundo: tanto el joven que ignora los medios tradicionales, como el veterano que se siente mayor para entender ese futuro que ya es presente.

Por eso, hoy como nunca, independientemente del medio, de los métodos, de las técnicas, de las habilidades, de los soportes, lo importante es ejercer el buen periodismo que demanda y merece la sociedad. Y el buen periodismo sólo puede ser ejercido por los buenos periodistas a los que los árboles no les impide ver el bosque; a los que los medios no les impide ver su objetivo: el servicio a la sociedad en busca de un futuro mejor para todos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Acerca del periodista digital [1]

En noviembre de 2003, hace ahora cinco años, asistí en Quito al Seminario Internacional 'Periodismo digital: un reto en América Latina y El Caribe', invitado por la OEA y el CIESPAL, para hablar ante un auditorio de más de trescientos profesionales y estudiantes de mi querido continente sobre el 'Perfil y retos del periodista digital'. Y hoy, por una especie de calambrazo telepático, me estaba acordando de aquellos buenos días, justo cuando recibo dos mensajes que me refrescaban lo allí dicho y lo oportuno que sería volver a airearlo porque, total, cinco años no es nada y, a la vista de las polémicas que nos vienen ocupando sobre el ejercicio del periodismo, podría dar más leña para el debate. Pues venga.

El problema es que el texto es largo y yo, aquí donde me ven, siento cierta piedad por mis lectores. Así que he dividido la cosa en dos partes para intentar hacerla lo más digestible posible. Vamos pues con el capítulo uno.

Cuando los organizadores de este seminario me propusieron que abordara el perfil del nuevo periodista digital confieso que lo primero que vino a mi mente, casi de modo automático, fue el libro del británico David Randall, 'El periodista universal'. Para quienes no hayan tenido la fortuna de leer las reflexiones de este maestro de la comunicación diré que fue en 1992 cuando le invitaron a Moscú para impartir un curso a periodistas rusos sobre el periodismo occidental. Esta acotación, “occidental”, produjo en Randall una inquietud que pronto identificó: el tema sobre el que le habían pedido que hablara no existía porque, según explica él mismo, no hay periodismo occidental ni oriental; no hay periodismo liberal, republicano o nacionalista: no hay periodismo machista o feminista; no existe un periodismo serio y otro sensacionalista... “Tan solo hay –concluye Randall– un periodismo bueno y otro malo. Y ambos son universales”.

Por ello debo decir, desde ahora mismo, que estoy al cien por cien de acuerdo con Randall y creo por encima de todo en el buen periodismo y que éste es universal, también, independientemente del medio por el que se transmita. Si no hay un periodismo oriental y otro occidental, tampoco hay un periodismo escrito y otro radiado, un periodismo analógico y otro digital. “Tan solo hay un periodismo bueno y otro malo. Y ambos son universales”.

Creo que este preámbulo es imprescindible antes de sumergirnos en las características que deben acompañar al periodista que quiere y puede realizar su misión desde un medio digital. Lo que distinguirá a este profesional de sus compañeros de otros medios más tradicionales serán los métodos, las técnicas, pero nunca los objetivos: la práctica de un periodismo honesto, al servicio de la sociedad y de la verdad, basado en los hechos y no en los rumores y que transmite con claridad todos los mensajes que los ciudadanos necesitan saber porque son los auténticos titulares del derecho a la información.

Siento defraudar si alguien pensaba que íbamos a comenzar dibujando el perfil del periodista digital desde un ángulo tecnológico, en el que primaran sus trazos como gran oteador de la red, habilidoso en el manejo de software y capaz de transmitir sus informaciones desde plataformas multimedia. Creo que esa visión está desenfocando la realidad. El periodista digital se enfrenta a nuevos retos, cierto es, pero los tecnológicos son los menores. Yo no creo en ese perfil que más que de periodista digital parece corresponderse a periodista-ficción y que se presenta con una cámara de vídeo digital en su cabeza, teléfono celular manos libres, computadora minúscula con conexión vía satélite... No, ese perfil puede ser soñado por un empresario que desea reducir sus costes con un solo trabajador encargado de transmitir crónicas simultáneas para su periódico impreso, su periódico digital, sus emisoras de radio y televisión, su agencia de noticias... pero dudo mucho que podamos llamarlo periodista; todo lo más, experto en telecomunicaciones. Sencillamente, porque resulta difícil imaginar a ese periodista haciendo a fondo bien su trabajo y que es, por encima de todo, informar sin perder de vista los valores fundamentales de la profesión periodística.

Lo que cualquier periodista necesita para ser considerado un buen profesional son tres valores fundamentales, y que a su vez son un compendio de todas las virtudes profesionales: la credibilidad, el rigor y la independencia. Estos tres valores, que son la herencia genética que recibió el periodismo en el momento mismo de su concepción, afloran con inusitada fuerza al hablar del nuevo profesional de la información. El periodista digital triunfará si es creíble, riguroso e independiente.

1º. Credibilidad. La firma de un periodista va mucho más allá de cualquier componente de vanidad. Si alguien firma en un periódico (o en cualquier otro medio) para satisfacer su ego es probable que se haya equivocado de profesión porque sería más feliz, por ejemplo, dedicándose a las artes escénicas. La firma en una información es un hecho trascendental porque compromete al periodista ante la sociedad; su nombre significa que empeña su honor en que todo lo que allí aparece escrito (o radiado, o televisado) es la verdad y sólo la verdad. Y su credibilidad se basa, a grandes rasgos, en que:
  • Respeta y defiende los valores fundamentales de los ciudadanos y de la comunidad a la que se dirige.
  • Huye del sensacionalismo, afrontando las informaciones delicadas con el máximo respeto hacia las personas implicadas y sus derechos, y con respeto a los derechos y las sensibilidades de los receptores de la información.
  • Es cuidadoso, veraz y respetuoso con la ley y con los derechos de las personas.
2º. Rigor. Es evidente, o debería serlo, que el rigor es imprescindible para que el periodista goce de credibilidad. El rigor periodístico se fundamenta en que el profesional no está para especular ni para aventurar, sino para averiguar lo que no sabe, para buscar los datos, los argumentos y cuantas pruebas precise para corroborar sus afirmaciones. Por eso, un periodista riguroso no pierde nunca de vista:
  • La objetividad: porque él no está para opinar, manipular ni tergiversar sino para tratar toda información con seriedad y respeto. Los ciudadanos no buscan rumores ni suposiciones sino datos irrefutables porque son evidencias. La misión del periodista no es la de enjuiciar sino la de ofrecer los elementos relevantes y necesarios para que los ciudadanos sean quienes juzguen y lo hagan con acierto.
  • La profundidad: es misión del periodista llegar hasta el fondo de los asuntos sobre los que informa, y para ello debe averiguar todos los datos precisos y verificarlos cuantas veces sea preciso.
  • La precisión: el rigor significa cuidar hasta el último detalle o dato secundario de la información. Si el periodista escribe mal un nombre o se equivoca de fecha, el receptor de la información pensará, y con razón: “Si falla en datos tan elementales, ¿cómo voy a dar credibilidad al fondo de la información?”.
  • La pulcritud: el dominio del idioma y su plasmación con exactitud (sea en una página de papel o en una digital) es un punto de partida irrenunciable para cualquiera que se quiera llamar, sin más, periodista, porque el idioma es su materia prima.
3º. Independencia. Hablamos de independencia del profesional, no del medio para el que trabaja. Por eso, el periodista independiente
  • amplía constantemente la cantidad y calidad de sus fuentes, alejándose de la excesiva proximidad y abriéndose a todo el espectro social;
  • somete a sus fuentes a un constante chequeo de fiabilidad, lo cual no significa que sea desconfiado sino prudente;
  • nunca cede a las presiones externas ni de los protagonistas de los hechos porque sabe que lo que divulga es la verdad, y una verdad necesaria que debe conocer la sociedad.
Estos valores, generales y obligados para cualquier profesional, cobran especial fuerza para el periodista que trabaja en un medio digital, y lo hacen porque Internet ha roto dos barreras históricas en el campo de la comunicación:
  1. En cuanto al medio: hasta ahora, eran precisas grandes inversiones para poner en marcha un medio de comunicación (prensa, radio o televisión) y, por tanto, eran pocos los miembros de la sociedad que podían hacerlo. A partir de internet, cualquier persona, con una mínima inversión, puede convertirse en propietario de un medio de comunicación en línea.
  2. En cuanto al informador: hasta ahora, se precisaban estudios universitarios o largas experiencias laborales y acceso autorizado a un medio para ser considerado un profesional. A partir de internet, cualquier persona con acceso a la red puede convertirse en informador.
Lo que aquí nos ocupa, ahora, es alertar al periodista digital para que certifique su autenticidad profesional ante una audiencia a la que le llegan o le pueden llegar mensajes de falsos periodistas y aficionados. Y creo que, para ello, precisa más que nunca de la credibilidad, el rigor y la independencia.

De momento, no hay ningún certificado que pueda garantizar al internauta que lo que está leyendo es una información segura de un periodista seguro. Incluso es posible, en internet, la suplantación de personalidad, ya que cualquiera puede publicar lo que quiera y firmarlo con mi nombre. Son peligros de difícil solución en este inabarcable escenario digital.

Ante esta indefensión profesional, el periodista digital deberá dar pruebas de su credibilidad a través de su trabajo, que por primera vez en la historia está abierto para su comprobación por cualquier internauta: la inmensidad de la red permite contrastar datos porque los lectores pueden acceder a las fuentes originales de las que ha bebido el periodista digital... si es que el periodista digital sólo ha acudido a internet para elaborar su información. Y si los internautas son expertos navegantes –que cada vez lo son más–, ¿para qué necesitan al periodista, si ellos también saben buscar?

Y éste es un problema de fondo en el que conviene detenerse. Más de un profesional y de un formador de profesionales está cayendo en el error de identificar al periodista digital con el informador que sólo se documenta en la red y que, a lo más que llega, es a ordenar y reescribir el material –evidentemente, de otros– para hacerlo llegar a su audiencia. Digo que es un error porque ése no es un periodista digital sino, todo lo más, una parte de él, como documentalista o editor de contenidos ajenos. Pero no será un completo profesional de la información hasta que no intervenga en el proceso de dar a conocer noticias, novedades.

Internet ha supuesto, para todos los periodistas, una revolución en lo que a documentación se refiere. Baste este dato como muestra: según un estudio de la consultora Deloitte & Touche realizado en julio de 2002, la mitad de los periodistas españoles (exactamente un 49 por 100) aseguraba que utiliza internet como fuente para todos sus artículos, y el 90 por 100 de los periodistas menores de 40 años no se imaginan su trabajo diario si no tuvieran acceso a la red. Por lo tanto, internet como fuente de información –valiosísima, sin duda– no es patrimonio del periodista digital sino de cualquier periodista. Dicho de otro modo, manejar internet como fuente no convierte a un periodista en digital.

Ante este panorama, el nuevo profesional tiene el gran reto de pararse a pensar y redefinir su misión, que por el momento, en las más de las ocasiones, se está desvirtuando ante el vértigo de la inmediatez y de la rapidez: más de un periodista digital antepone la urgencia por publicar antes que nadie su “noticia” a verificar las fuentes, contrastar la autenticidad de los datos o profundizar en el análisis y la contextualización.

Este panorama propicia que triunfe la parte digital sobre la parte periodística. De momento, parecen más idóneos para el medio los profesionales que son rápidos buscando por la red, manejando software de publicación digital, integrando textos, vídeos, fotografías y sonido con gran rapidez... todo ello en detrimento de una información serena, pausada y trabajada durante el tiempo que sea preciso.

[Continuará]
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PS. A algún presunto colega le debió de gustar tanto lo que decíamos Randall y servidor, que tiempo después lo aprovechó como propio para dar conferencias y tal. Yo, personalmente, me pondría rojo de vergüenza si me pillaran robando de forma tan torpe y, encima, dándome la razón en que hago bien en inquietarme por el futuro del periodismo según algunos presuntos periodistas. Eso sí: a lo que internet no ayuda, por ahora, es a pillar cojos.