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lunes, 2 de agosto de 2010

Los sótanos de Maiquetía

El cabo del miedo tiene veintinada años pero lleva la visera hasta el hueso de la nariz que le obliga a ir erguido. Morenazo esquelético, rapado el cogote sin pelillos sobresalientes, cruza las manos tras la casaca de su uniforme de la Guardia Nacional y grita a la cola sin mirar a nadie: “Sapatos, sinturones, objetos, todo de bolsillos a la bandeja”. Sé que es cabo porque lleva un galón en la hombrera y es uno de los cientos que cuidan de la seguridad en el área de embarque del aeropuerto de Maiquetía. Es uno más de los tropecientos agentes de seguridad que me han pedido el pasaporte y me han preguntado que qué he hecho en Caracas y dónde me he hospedado. Cada dos pasos.

Al aeropuerto internacional de Venezuela hay que ir con tres horas de adelanto, pero al final son cinco porque el vuelo sale con dos más de retraso por cortesía de la Guardia Nacional, que por lo visto ven un Iberia y se ponen como tensos, en prevengan.

Y es al ver tamaño despliegue policial en la Terminal cuando uno empieza a entender por qué la capital está desierta de protección, donde los malandros armados campan a sus anchas recolectando BlackBerrys en semáforos, atascos y donde sea, con total impunidad. Mi amiga, atascada con su Ford y bloqueada por carros por todas partes, ya ni se asusta cuando el malandro de guardia le golpea en el cristal, le enseña la pipa, le obliga a bajar la ventanilla y con un profesional “señora, exprópiese el selular” le invita a que se lo entregue sin que el resto de atrapados conductores hagan nada por la atracada señora. Los móviles, en Caracas, son todos BlackBerry y el mercado negro está más que asegurado.

Así que mientras Caracas sigue en el medallero de las ciudades más inseguras del mundo, donde cada fin de semana las muertes violentas superan la treintena, donde la Policía Metropolitana anda deteniendo más por dentro que por fuera, el grueso de la Seguridad Nacional se concentra en el aeropuerto internacional, no vaya a ser que la monja de Cáceres intente traficar con más dulce de leche del permitido.

De entrada, es otro imberbe de los boinasgranates el encargado de dar la bienvenida a la cola de facturación de Iberia y largarte el primer interrogatorio, tan metido en su papel que hasta se adivina su gozo protagónico en el lance. Paso, pero la azafata siguiente me advierte: ¿Lleva alimentos en la valija?” “No… mmm… sí, una caja de chocolates que me han regalado” “Pues sáquela y llévela con usted, porque los alimentos son lo primero que requisan”. Así lo hago.

La siguiente hora fue normal, nada, tres o cuatro peticiones de documentación con interrogatorio, sin más. Hasta que entrando al área de embarque comienza el rito de descálcese, cálcese, descálcese, cálcese, un, dos, un, dos, y un par de escáneres por si el anterior tenía algo fundido. Al final, consiguen que uno no pierda el equilibrio mientras se acordona los zapatos a lo zancudo mientras responde qué ha venido a hacer aquí y dónde se ha hospedado.

Ya en la puerta de embarque, donde sigue habiendo más uniformes que paisanos, la azafata de Iberia lanza al aire el nombre de la decena de pasajeros que deben presentarse urgentemente en el mostrador y que, como ya habrán adivinado, incluía al SANCHO/FRANCISCO. Falta menos de media hora para el despegue previsto pero qué más da. Las autoridades nos requieren para bajar con chaleco fosforito a las catacumbas aeroportuarias para revisar nuestro equipaje. Allí, en medio de un sótano abierto y apenas alumbrado por dos bombillas huérfanas, un mostrador de caballetes ajados hace batería tras el que se alinean más boinasgranates abriendo las maletas del personal. El suelo, de mugre y agua como para apoyar la mochila.

A los que me preceden (hay que hacer cola, como en el súper con cajeras) les destrozan el plástico protector de la maleta por el que minutos antes les habían cobrado 30 bolívares fuertes [más de cinco euros al cambio oficial]. A la señora de delante, efectivamente, le deshacen su equipaje con la delicadeza de Eduardo Manostijeras hasta que, claro, emergen los dulces y las chocolatinas. Los paquetes con las golosinas para los sobrinos son abiertos con finura, a tirones, y el boinagranate le da un mordisco a una tableta para cerciorarse de que no es el chocolate del moro. “Meta todo y váyase”.

Me toca. Mi maleta es esa gris sobre el charco, sí, la que no lleva plástico porque es de las rígidas. Combinación y llave. Apertura. Allegro ma non troppo. Dos golpes a las tapas por si los dobles fondos. Nada de jalar. El neceser. Espuma, sí. Y va a por mi querido y precioso termo, envuelto en una funda de tela. Ni lo saca. Lo agita como si me fuera a preparar un cóctel para cerciorarse de que nada suena en su interior. OK. Cierre la valija. Y me doy la vuelta, confiado, para juntar las dos partes y terminar de colocar la ropa que desborda. Váyase.

Arriba de las mazmorras la cosa va al paso. Por el finger vamos entrando en dos filas obedientes, los hombres pegados a la izquierda y las mujeres a la derecha. A pedo burra y olor a Auschwitz. Cacheo antes de llegar a la cabina. Y aquí sí que me tocan los huevos, quiero decir, literalmente, no como las veces anteriores. A un pasajero que se cuela por despiste el cabo del miedo le espeta un “hey broder, a la fila”, así de colega, que para eso nos conocemos de tiempo.

El avión sale con dos horas de retraso. Durante todas esas horas no he visto que a los pasajeros de ninguna otra aerolínea les hicieran lo mismo, solo a los de la española. Pero bueno, a intentar dormir.

A intentar dormir pensando en cosas agradables, por ejemplo, sí, en los innumerables amigos venezolanos que tengo y a los que adoro y que me besan y les beso y que son emprendedores y cariñosos y hospitalarios hasta decir basta y trabajadores y enamorados de su país y enamorados de la cultura y luchadores del progreso y que me han tratado a cuerpo de rey durante una semana. Es tan bueno el recuerdo que, en vez de dormirme, me espabilo y recuerdo que cuando dos días antes les pregunté si nada había cambiado desde la Venezuela del 2002 sobre la que escribí primero me dijeron que no, pero luego se miraron entre ellos y me confesaron que sí.

Cuando llegué a casa y abrí la maleta, el precioso termo ya no estaba allí.

viernes, 9 de octubre de 2009

El novel


Capítulo LV:
"Desde el que nunca lo fue hasta el que ya lo ha sido".

Paco Lérico, 'Memoria de ganas', Ed. Crepúsculo, pág. 2.009 y ss.

Sanseacabó Nº 58, emitido por 98.3 Radio






domingo, 24 de mayo de 2009

Eurodiputadas


Cuando el 7 de junio no vote al Parlamento europeo todos se me echarán encima con alguno de estos razonamientos:
a) Soy un impresentable insolidario al que no le importa su futuro.
b) El partido no ha sabido transmitirme su mensaje de futuro.

Pero mucho me temo que nadie dará en el clavo porque falta la
c) No entiendo que un eurodiputado sin virtudes gane 7.655 euros al mes por regular en comisión el cupo de la pesca de los langostinos en el Mar Menor,
y la
d) No entiendo que ese eurodiputado, para votar, cobre aparte unas dietas de 241 euros diarios, amén de viajar en business porquesí y de relajarse de tanto estrés político en el spa, los jacuzzis y los sillones de masaje que están a disposición de su señoría en las instalaciones comunitarias entre votación y votación,
y la
e) No entiendo que los partidos no manden a Europa a los políticos que enamoran, sino a los que hay que ponerles un estanco,
y la
f) No entiendo que las directrices europeas se preocupen más de los petardos en Valencia (que no me gustan pero es su pueblo y que San Pedro las bendiga) que del pleno empleo y de la justicia equitativa,
y la
g) No entiendo que cuando el fisco me ataca inmisericorde descubra, humillado, que mis impuestos van más a los 7.655 mensuales + 241 diarios de su señoría que a salvar los puestos de trabajo que se esfuman sin que tan privilegiados asalariados sepan remediarlo,
y la
h) No soporto la tortura insufrible de aguantar otra vez a los mismos de siempre, y durante dos semanas, llenando los telediarios a base de mensajes apocalípticos sobre los horrores que provocan los otros pero sin una idea propia que merezca la pena para descubrir el futuro.
y la
i) Europa es una entelequia política y económica que vive de la teta pública regulando lo que no sabe porque confunde al tulipán con la margarina. Una cosa es llevarse bien entre vecinos y otra, intolerable, es que un alemán me diga a qué hora tengo que apagar la luz.
y la
j) la jota no me la toquen
y la
k) [...llenar al gusto...]

Conozco a dos eurodiputados. El uno me dijo que no pasaba nada si no iba en la lista de las próximas elecciones, pero se tiró llorando a los pies del presidente de su partido (a la sazón presidente de comunidad autónoma) rogándole que le dejara repetir porque tenía equis hijos. El otro, hace algún año, era alcalde quemado de gran ciudad y me aseguró que estaba deseando dejar la cosa pública para dedicarse a lo privado... hasta que consiguió que su partido lo colocara en Bruselas; lo primero que hizo fue cambiar su domicilio del noreste peninsular a las Canarias para poder cobrar más kilometraje del Europarlamento/yo. Ambos especímenes no pertenecen al mismo partido y nunca saldrán en otros papeles que no sean actas prescindibles que firmaron sin saber en qué estaban contribuyendo al bienestar social.

7.655 euros al mes + 241 al día. Hoy. Brutos. Pues claro que me importa el futuro.

domingo, 15 de febrero de 2009

Tal vez algún día lo consigáis

¿Aprueba usted la enmienda de los artículos 160, 162, 174, 192 y 230 de la Constitución de la República tramitada por la Asamblea Nacional que amplía los derechos políticos del pueblo con el fin de permitir que cualquier ciudadano o ciudadana, en ejercicio de un cargo de elección popular, pueda ser sujeto de postulación como candidato o candidata para el mismo cargo por el tiempo establecido constitucionalmente dependiendo su posible elección exclusivamente del voto popular?
A esta enrevesada pregunta ha tenido que decir sí o no –con su huella digital y cierta humillación– mi amiga Adlemy para decidir si su futuro, y el de su hijo, y el de todos, y el mío, pasa por que Hugo Chávez prostituya le ley para eternizarse en el poder. Adlemy tiene miedo porque es venezolana de pura cepa, tan grandota y tan negra que da gusto. A Adlemy su gobierno no le arregla nada, pero cada poco tiene que ir a las urnas, como hoy, para volver a decirle a Chávez que no quiere que siga manipulando su vida. Pero a lo peor le ha dicho que sí porque ni siquiera sabe qué ha contestado, a la postre: no sabía si el sí era para que siga o el no el no era para que se quede.

Hay fariseísmo internacional con Venezuela porque saben, tanto como yo, que Adlemy y sus millones de compatriotas están atrapados por un visionario que en su día quiso dar un golpe de Estado y hoy se perpetúa en el poder con las herramientas de la democracia en la que no cree. Pero no es dictador. Es presidente electo por un pueblo atrapado en su riqueza. Si Venezuela no fuera rica, el Europarlamento no hubiera malgastado nuestro dinero enviando a sus presuntos observadores. Si Venezuela no fuera rica, Adlemy sería pobre y estaría triste... exactamente como lo está hoy. Y Luis Herrero no habría salido en los periódicos porque nunca habría ido a un país que a Europa le importaría un rábano, si no fuera por sus pozos. Pero él ahora está en primera plana, como un héroe de las incertidumbres personales, mientras Adlemy dudará mañana, como hace cada mañana desde hace mucho, si manda a su Jonás a la escuela descalzo o con playeras: si se arriesga a que enferme o a que lo atraquen.

viernes, 23 de enero de 2009

Bienvenido, Mister Obama


Obama se ha convertido en la gran esperanza, en el nuevo Mister Marshall que creemos que solucionará todos los problemas del mundo con su varita mágica. Obama es ese líder con el que todo pueblo sueña, porque por lo menos habla bien y contagia su entusiasmo a los ciudadanos sin negarles ni ocultarles la gravedad de la situación. Vamos, nada que ver con nuestro ínclito vicepresidente, capaz de declarar (como hizo el pasado fin de semana) que el Gobierno ya no tiene más medidas que aplicar contra la crisis y eso es lo que hay. Así que hemos llegado a tal punto de insensibilidad, que nuestro Gobierno viene a decirnos que cada palo aguante su vela y aquí no pasa nada. Por eso, es normal que otra vez volvamos nuestros ojos hacia Washington y recemos para que Barack Obama sí sepa por qué y para qué ha sido elegido.
Sanseacabó Nº 39, emitido por 98.3 Radio






sábado, 13 de diciembre de 2008

Hambre de justicia


Los muertos de hambre salen una vez al año en los medios de comunicación. Se hacen famosos ahora en diciembre, cuando la FAO publica su informe anual, que es una cifra de famélicos y punto. Se deja un hueco para decir que este año son 963 los millones de personas desnutridas y a otra cosa, salsa rosa. No hay sitio, no hay tiempo para entretenerse con menudencias, porque al fin y al cabo poco más podemos hacer, por mucho que el portavoz de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación grite, con educación, que 30.000 millones de dólares bastarían para atajar seriamente esta vergüenza humana, este crimen organizado contra la humanidad.

¿30.000 millones? Va a ser que no queda ni uno, porque bastantes más, cientos de miles de millones, se han echado al cepillo de la banca, que se los ha vuelto a cepillar en un plisplas. Además, primero habrá que arreglar lo de los 50.000 millones de dólares que el astuto Bernard Madoff robó a los ricos avariciosos, a los inversores sin alma que juegan a multiplicar sus fortunas a costa de la especulación. Hay seres humanos que podrían vivir con treinta dólares y hay desalmados que no saben vivir ni con mil millones. Y los gobiernos, los sistemas financieros y todo el engranaje legalujo prefiere, de siempre, proteger a los poderosos, porque es más fácil y más rentable, aunque sea injusto.

Los pobres no dan guerra, porque ya se matan entre ellos, en el quinto cono perdido de la Tierra; y además, cuantos más se maten entre ellos, menos hambrientos quedarán en el mundo. Los ricos dan guerra en otros pozos de interés, en los países con petróleo y recursos que no se saben defender. Esto lo hacen, claro, de puertas para afuera, que luego están los repartos domésticos y entre familias de abolengo. Y la sociedad sigue narcotizada viendo cómo los que mandan no se enteran de la fiesta, cómo los ricos derrochan lo que no es suyo hasta arruinarnos a todos y cómo luego, esos mismos que mandan, les vuelven a llenar los bolsillos a los ricos, con el dinero de todos, porque han prometido, palabrita, que esta vez se portarán mejor.

¿Y que por qué nadie salta y se rebela ante tamañas injusticias? Para mí que porque la sociedad está bien hipnotizada. Mientras en la tele echen entrevistas con ex alcaldes convictos, suicidios en directo y algo de fútbol, el personal está bajo control, camarada.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Un presidente tirando a negro

En lo que al parecer todo el mundo está de acuerdo es en que se vislumbra un rayo de esperanza con este primer presidente tirando a negro, después de ocho años sumidos en lo que todos sabemos y para qué vamos a insistir.

La duda que siempre he tenido, y que se ha acrecentado tras comprobar el interés mundial por estas elecciones, es el porqué no podemos votar todos, o sea, mayormente la humanidad entera, para ver a quién preferimos de presidente de ese país porque, a la postre, se convierte en el mandatario más influyente del globo.

Pero bueno, no, no podemos votar, pero sí apechugar con las consecuencias, buenas o malas, del quehacer del inquilino de la Casa Blanca. Y parece que este hawaiano tan majo, que lleva diez años sin parar de hablar, cae bien a todos, pero especialmente a las abuelas, y todos sabemos que la aprobación de las abuelas es fundamental. Y además, creo que ellas tienen razón: si total, todos lo van a hacer más o menos igual, que para algo estamos globalizados, por lo menos que mande el más majico.

Ese grito electoral demócrata del 'yes we can', que algún gracioso ha traducido como 'ya es fin de semana', encierra esa vaguedad tan característica de toda formación política cuando busca un eslogan electoral. Los demócratas americanos dicen 'sí, podemos', pero no especifican qué es lo que podemos. Es como aquel partido español que se presentó a la campaña electoral con la frase 'seguimos avanzando', pero nunca especificó hacia dónde.


Sanseacabó Nº 34, semana 45 de 2008, emitido por 98.3 Radio






lunes, 27 de octubre de 2008

El trastero de las leyes

Las viviendas vienen con trastero porque casi nadie tira el somier de recién casados, el ventilador de 2'5 aspas, la silla de mimbre con el culo desvencijado, el gorro mexicano de cuando la luna de miel, las botas de esquiar de cordones y la caja de herramientas con dos escuadras desparejadas y tacos de distinto calibre para por si acaso. Pocas casas se libran de ese diogenismo que tanta ilusión hace cuando se firman las escrituras. Doce metros cuadrados que la familia se disputa, en un auténtico campeonato de zarrios, a ver quién lo llena antes con cosas más absurdas que ni se usan ni sirven ni servirán, pero que nadie osa tirar porque las protege un principio fundamental en la familia: nunca se sabe. Además, una vivienda sin trastero es como un peregrino sin calabaza, que tampoco la usa pero le da un toque de distinción.

Los estados, o sea, los países, también tienen trasteros donde almacenan sus aperos inservibles, desfasados y hasta cómicos, pero a los que por lo visto nadie se atreve a dar piadosa sepultura. Es el caso de leyes enmohecidas que no tienen ningún sentido, por lo menos hoy, pero que ahí siguen por si acaso: nunca se sabe. Ahora, a propósito de las ya cercanas elecciones norteamericanas (ufff), los de la Cadena Ser están haciendo una promo para sus informativos francamente divertida y oportuna (sé que es fácil, pero no puedo evitarlo: una cuña de coña). Se trata de recordar leyes absurdas que todavía rigen allí y que sirve como preámbulo para un eslogan que más o menos dice que "para entender las elecciones de Estados Unidos primero hay que entender a Estados Unidos".

Y cuánta razón tienen. Algún día desempolvaré las joyas que tengo en algún trastero sobre las ocurrencias de los abogados norteamericanos en juicio, del tipo del letrado que interroga al testigo queriendo averiguar si "esas escaleras que usted dice que bajaban al sótano, ¿también subían?". Pero picado por las carcajadas de la Ser he husmeado por la red y he encontrado este reportaje de The Times de hace algo más de un año y que recopila las 25 leyes más ridículas que siguen vigentes en sus respectivos países. Por ejemplo, nos informa de que en Francia sigue estando prohibido llamar Napoleón a un cerdo, o que en Londres usted no puede coger un taxi si tiene la peste, mientras que el taxista tiene prohibido transportar a perros rabiosos o a cadáveres.

Pero como hablábamos del trastero legal de Estados Unidos, centrémonos. He aquí algunas de las leyes que hay que cumplir en el Gran Hermano Americano, gobiernen demócratas o republicanos:
  • Alabama: es ilegal vendar los ojos a una persona mientras conduce.
  • Ohio: prohibido tener un pez borracho.
  • Miami: prohibido pasearse por la comisaría encima de un monopatín.
  • Florida: las solteras que salten en paracaídas los domingos pueden terminar en la cárcel.
  • Kentucki: es ilegal llevar ocultas armas que excedan de 1'82 metros.
  • Boulder, Colorado: prohibido matar un pájaro dentro de los límites de la ciudad, además de ser ilegal poseer una mascota, ya que los ciudadanos se limitan a ser legalmente los acompañantes de los animalicos.
  • Vermont: las mujeres deben tener una autorización escrita de sus maridos para poder llevar dentadura postiza.
En fin, que si se busca por la red se pueden encontrar más de medio millón de páginas que tratan de leyes absurdas aunque, por prudencia, es mejor dejar a la mayoría en el trastero. Las leyes ridículas existen, sí, pero también son presa fácil para el creador de leyendas urbanas, cuya veda nunca cierra. En cualquier caso, el pasar un rato de morirse de risa está garantizado. Se non è vero, è ben trovato.

viernes, 24 de octubre de 2008

Hoy no se fía

¿Ustedes saben quiénes son los entendidos en economía? Yo personalmente creo que lo somos todos y a la vez que no hay ninguno. Porque si de verdad hubiera algún entendido en la cosa económica, digo yo que hubiera visto, previsto o por lo menos intuido la que se avecinaba. Pero no, aquí ha llegado el desastre del capitalismo mal entendido y ha cogido a todo quisque con el nikkei al aire. Así que cuidadín con quién vamos y de quién nos fiamos.

Sin ir más lejos (o yendo, según se mire), ¿podemos fiarnos de los norteamericanos? A mí, personalmente, me da un yuyu y me explico. Resulta que fueron ellos la cuna donde se incubó el virus hipotecario, origen de los males que están arrasando medio planeta, y ahora son ellos mismos los que organizan un party para decirle al mundo de los elegidos lo que hay que hacer para no volver caer en los errores del capitalismo.

Y además, como ya sabrán, España no aparece en ese mundo elegido, así que la cosa encierra su buena paradoja: ellos nos contagian de su enfermedad y luego ellos nos venderán su propio antídoto. Y nosotros a tragar y a quejarnos desde la impotencia, como hace el presidente Rodríguez Zapatero, desde que supo que no estará en la cumbre de Washington el próximo 15 de noviembre.

Sanseacabó Nº 32, semana 43 de 2008, emitido por 98.3 Radio






martes, 2 de septiembre de 2008

El memo del peluquero de Lionel

El editor del Financial Times, Lionel Barber, envió hace poco más de dos años un memo a sus quinientos periodistas anunciando la fusión de las redacciones impresa y digital del periódico económico. La convergencia, venía a decir en su nota, era imprescindible para enfrentarse a los grandes y rápidos cambios en el hábito del consumo informativo de la sociedad. Para seguir siendo líderes, argumentaba Barber, el FT debía abrazar los cambios provocados por la revolución digital si quería seguir siendo el principal proveedor de noticias, análisis y comentarios de la comunidad financiera internacional.

El texto de Barber enfatizaba en la necesidad de mantener la calidad y la seriedad de los mensajes emitidos por cualquier medio del Financial Times, impreso o digital.

Bueno, pues al menos la seriedad ha durado más bien poco en esa centenaria casa. En un alarde de ingenio periodístico, el FT titula con un PIGS (“cerdos”, en inglés) para referirse como acrónimo a Portugal, Italia, Grecia y España (Portugal, Italy, Greece & Spain) e informar sobre la crisis económica en estos cuatro países. El periódico, que confiesa que no se ha podido resistir a semejante zafiedad, justifica su tentación linguística recordando que se llaman BRICs (sólidos, más o menos) a Brasil, Rusia, India y China por sus economías emergentes. O sea, a ver quién mea más lejos y fin de semana libre al plumilla más ingenioso.

Es de suponer que Lionel Barber y su equipo serán conscientes de con qué están jugando. Claro que si a estas alturas desconocen que hay juegos de palabras que los carga el diablo, allá ellos. Tiempo tendrá el editor para escribir otro memo donde explique por qué en el Sur no penetran, ellos. La curiosidad que me desvela es la de averiguar qué parte de “informar con seriedad y rigor” fue la que no entendieron.

Ahora recuerdo que cuando el martes 11 de julio de 2006 leí el memo de Lionel Barber, en el propio Financial Times (Memo from Lionel Barber to FT staff), no me fie de mi inglés y para confirmar que lo que yo había entendido en su titular (“Nota de Lionel Barber al personal del FT”) era correcto, se lo introduje en inglés al traductor de Google, que de inmediato me lo devolvió en castellano: “Memo del peluquero de Lionel a la plantilla del pie”. Y entonces pensé que Google se había equivocado, pero ahora… no sé, no sé.

Yo no me voy a enfadar con este influyente rotativo británico. Para qué, si será que están tan acostumbrados a sus hooligans, a sus turistas vomitones y a sus príncipes vestidos de nazis que no encuentran en el término cerdo ni asomo de insulto.

Lo que más gracia me hace es que justo han ido a juntar a los cuatro países que, de largo, más me gustan de este continente. Será que estoy en crisis, pero qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo.

lunes, 21 de abril de 2008

Paraguay resiste, Paraguay existe

Paraguay no tiene petróleo ni mar y por tanto nunca ha existido. Por lo menos, en el concierto internacional. Lleva años abandonado a su suerte, que por cierto es mala, muy mala. Es un país pequeño, apretujado entre Argentina, Brasil y Bolivia en el centro del sur del continente americano, y con un grado de pobreza solo equiparable al de corrupción. Pero el Paraguay no tiene petróleo ni mar, ni siquiera fuerzas paramilitares porque no hay nada con lo que contrabandear, con lo cual nunca ha sido objeto de atención de esos organismos internacionales, tan altruistas ellos, que solo cuidan de la justicia y la solidaridad entre los pueblos. (Esto último lo escribo con ironía, por si no se ha notado).

Al Paraguay, ya lo dije, estuvieron a punto de borrarlo del mapa, literalmente, entre Brasil, Argentina y Uruguay en 1870 en la Guerra de la Triple Alianza. Así que, con semejantes antecedentes, igual fue un mal menor el que todo el mundo le retirara la vista desde 1954, cuando el dictador Stroessner, arropado y bendecido por el Partido Colorado, dio un golpe del que el país nunca se recuperó. El general golpista fue golpeado en 1989 y todo siguió igual, igual de mal, con un Partido Colorado que ha permanecido en el poder con dictadores o con sistemas democráticos viciados.

El Partido Colorado es la versión paraguaya de Luis XIV: el Estado soy yo, somos nosotros. Y así, desde 1947, se ha mantenido en el poder a través de construir un aparato oficial más entramado que una telaraña, donde el clientelismo, los favores, el servilismo, la fidelidad a cambio de unas migajas ha tenido prisionero sin rejas a todo un pueblo. Un pueblo olvidado, digo, hasta ayer domingo, con la primera derrota colorada en las urnas. Ahora, todos los medios internacionales destacan, a coro, que es una derrota histórica después de 61 años de poder ininterrumpido.

Pero durante estos 61 años pocos o ninguno de ellos levantaron la voz para denunciar que ese poder era primero golpista, después corrupto y más tarde fruto de una democracia viciada. Durante décadas, en el Paraguay hubo tantos asesinatos y desaparecidos, o más, que en la Argentina militar, pero los gritos de los pisoteados nunca llegaron a tener altavoz. Eran pocos y pobres.

Fernando Lugo. Foto: Telefuturo

El domingo hubo vuelco de poder después de 61 años, sí, pero nadie destaca que además ha sido la primera vez que hay un cambio de color sin que nadie desenfunde. Lo ha conseguido con los votos pero, como les conozco, imagino que también con la sana rabia contenida de cientos de miles de buenos paraguayos, hartos de ser esclavos por una ración de surubí. Ahora, los medios se entretendrán en la condición de obispo de Fernando Lugo, o sobre sus relaciones con el Vaticano, o que si es teólogo de la Liberación, o que si va a ser un cura rojo a medio camino de Chávez o Evo Morales. Para mí no dejan de ser lecturas mezquinas y tardías de quienes han estado durante décadas mirando para otro lado.

Fernando Lugo es, hasta donde llego, un buen paraguayo que, más allá de la sotana, se levantó hace un par de años para decir ‘basta’ ante tanta corrupción, pobreza y desesperanza. Que supo levantar con él a miles de compatriotas desheredados. Que se le tomó en broma, se intentó manipular y hasta descalificar, pero que ha sabido resistir como un valiente. Por eso, mientras muchos analistas internacionales seguro que se entretienen en tonterías superficiales en torno al cura de los pobres que llegó a presidente, yo me quedo con la imagen de un paraguayo corajudo que cree en su pueblo, en la justicia y en la democracia y que ha llegado al poder como un David ante un gigante, pero sin honda. Será un cura rojo, vale, pero no colorado.

Tiempo habrá para saber si lo hace bien. Pero, de momento, ya sé una cosa que ha hecho de maravilla: traer esperanza a mi querido pueblo del Paraguay.

lunes, 11 de febrero de 2008

Yes, we canon digital

Ahora mismo, cuando me pongo a escribir, este vídeo de apoyo al candidato Barack Obama y colgado en YouTube hace diez días ha sido visto más de tres millones de veces. Ahora mismo también, la recogida de firmas contra el abusivo e injusto canon digital se acerca a los tres millones. Relaciono estos dos datos no por nada sino porque me ha venido así, a botepronto, a la mente. El vídeo de los demócratas estadounidenses me parece de una calidad superior, con un mensaje integrado y repleto de armonía entre el fondo y las formas. Mira que hay otras cosas que no me gustan de los gringos, pero ante ésta, por lo menos, me quito el sombrero.

Estaba claro que, en plena moda de ponerles banda sonora a las campañas electores, los españoles no íbamos a ser menos. Primero fue a ritmo de lolailos y/o bachatas lamentables y de vergüenza ajena, de lo que ya hablé en este Sanseacabó de la 98.3 Radio. Pero bueno, como para hacer risas tiene un pase por aquello del sempiterno celtiberia show. Lo que pasa es que luego la cosa ya se está poniendo seria, quién sabe si por envidia de Obama, y los nuestros se han puesto manos a la obra, con estrategias escénicas que parecen diseñadas por dos tontos muy tontos.

Que a estas alturas de la película el PSOE saque de su fondo de armario a los artistas rancios de siempre deja atónito. ¿Y quiénes salen? Pues la gran mayoría de los capitanes de la organización SGAE que trincan del fondo público y de los contribuyentes a punta de impuestos injustos y bendecidos por el Gobierno, que les da también venga de subvenciones para que sus cerebros creativos no cesen de enseñarnos a los ignorantes por dónde se va a la Cultura. Y a mí, como es de imaginar, me importa como que poco quién apoya a unos o a otros y cómo se lo montan. Pero cuando me huelo la manipulación, de unos o de otros, se me encienden las alarmas. Secuestrar a la Cultura como patrimonio partidista me da escalofríos.

Bueno, a lo que íbamos: que los artistas antes llamados jóvenes promesas han grabado un vídeo de apoyo al candidato Zapatero (en plan Gila del estilo alguien ha matado a alguien) para disparar a los del PP. Bueno, allá ellos. Pero es que el texto elegido está basado, según verán en los rótulos, en el poema Defensa de la alegría de Mario Benedetti al que, por supuesto, le han metido la tijera, las costuras, los bajos y cuantos zurcidos han sido necesarios para quedar digno de desfilar en la Pasarela Moncloa. Por ejemplo, es curioso que entre los versos suprimidos estén defender la alegría "del escándalo", "de las academias" (¡ja,ja,ja!), "de los canallas de la retórica" o "de las dulces infamias". Para compensar, alehop, nace este tranquilizante verso que nunca escribió Benedetti: "Defender la alegría de los graves diagnósticos y de las escopetas". Joer, y luego van y dicen que son los otros los que asustan.

Pero en fin: vayamos con el vídeo y luego repasamos la letra:



Dice la letra de estos faros del optimismo y el buen rollito:
Defender la alegría como una trinchera
Defenderla del caos y de las pesadillas
De la ajada miseria y de los miserables
De las ausencias breves y de las definitivas
Defender la alegría como un atributo
Defenderla del pasmo y de las anestesias
De los pocos neutrales y los muchos neutrones
De los graves diagnósticos y de las escopetas
Defender la alegría como un estandarte
Defenderla del rayo y la melancolía
Y como bien está que hagas versos, pero no odas, yo propongo la alternativa que me hubiera parecido más honesta por su parte, y ya puestos a destrozar a Benedetti:
Defender la sangría es nuestra trinchera
Defenderla con canon pero sin calderilla
De la carcajada nos hacemos responsables
De las audiencias legales y de las preventivas
Defender la sangría como un tributo
Defenderla del pasmo de las audiencias
De los muchos legales y los pocos gorrones
De los grandes atónitos y de las pataletas
Defender la sangría como un baluarte
Defenderla, qué rayos, que esto es vida.
¡Ah! Y lo del gestito de la ceja me niego a comentarlo, que se me saltan los puntos.

lunes, 12 de noviembre de 2007

El 10 de noviembre de 2007

El 10 de noviembre de 2007 Hugo Chávez, el presumente de ser elegido por naufragio universal después de haber ido con las pistolas a por el poder en un militar fascista golpe de Estado en Venezuela (1992), dio lecciones de elecciones populares al rey Juan Carlos de España. Hugo Chávez, que se escribe en Wikipedia su propia y alucinógena página protegida para que nadie más diga lo que a él no le gusta [arranque de demagogo: proviene de un humilde hogar; desembarco de trompetas: nominado a Nobel de la Paz], se parapeta tras el petróleo para explicar al mundo lo que debe hacer; para interrumpir al mundo sobre lo que tiene que hacer. Niño rico al que se le permite ser inculto, insolente, maleducado y, sobre todo, peligroso, porque tiene el bolsillo lleno para ir al parque de atracciones y elegir a su cuadrilla de necesitados con tal de que menten a Bolívar. Hugo Chávez, ya lo tengo escrito, es el presidente que la maravillosa República de Venezuela nunca se mereció.

El 10 de noviembre de 2007, José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones del 9 de marzo de 2008 porque hacía tiempo que se echaba en falta tanta grandeza de estadista. Nunca me gustó este hombre, y menos desde que hizo de la Z su patrimonio y encima machacando el idioma, y menos con un programa y un equipo cargado de incongruencias, disparates y confusiones que el público nunca mereció. Pero el 10 de noviembre de 2007 me alegré de que fuera mi presidente.

El 10 de noviembre de 2007, el rey ganó el partido de vuelta que me faltaba desde el 23-F del 81, después de años cansado (yo) por las supinas tonterías borbónicas, donde casan churras con merinas y pretenden que a todos nos guste una reina por cómo viste o un varon dandy por su toque del balón con la mano, o donde la monarquía se hereda porque el rubito de los ojos azules me mola y me lo pido, jo.

Pero el 10 de moviembre de 2007 jaleé al rey. Quién me lo iba a decir.

El 10 de noviembre de 2007 descubrí que hay presuntos líderes políticos que siguen empeñados en el “sabe a queso, pero es jabón” y van a patinar más de lo previsto, y a las urnas me remito, por no saber distinguir su legítimo interés electoral con el imprescindible sentido común. Hablo de Rajoy, que parece majo y así a primera vista lo es, pero sus padres deberían vigilar con quién va, el chico.

El 10 de noviembre de 2007 volví a visitar los restos de Llamazares para confirmar que estaban cenizos y que cuanto más habla más suena a valle de los caídos, sin mayúsculas porque no las necesita.

El 10 de noviembre de 2007 comprobé que los nacionalismos seguían yendo a por setas en un ombligo que no hay mapa que lo descifre. Y ese mismo día comprobé que mi nada amigo Aznar llamó a los garantes de mi país para darles las gracias porque todos entendíamos que no le atacaban a él sino al presidente de España, mal que me guste.


El 10 de noviembre de 2007 me sentó pero que muy bien, como hacía tiempo, que defendieran mis colores los seleccionados, más allá del muermo del fútbol y de la política. Hacía tiempo que no me sentía tan bien como me sentí el 10 de noviembre de 2007. Y ahora, que me lluevan, que para eso doy la cara. Me importa poco, pero me siento tan bien como hacía mucho que no, como cuando el 23 de febrero de 1981 sólo fueron dos los representantes del pueblo español los que dieron el pecho por todos nosotros. (Y uno no era el rey, que entró en el segundo tiempo).

martes, 29 de mayo de 2007

El matamedios

Hugo Chávez es un loco con pistolas cargadas de petróleo. Está disfrutando en su papel de demagogo salvapatrias porque las negras tripas de su país mantienen a raya a todo vecino. Los venezolanos, mis queridos venezolanos, lo van a padecer per secula seculorum por mil razones, aunque la principal es porque ellos mismos son incapaces de ponerse de acuerdo y organizarse para derrotar en las urnas a semejante iluminado con los plomos fundidos.

En Venezuela, que ingresa por encima de los 30.000 millones de dólares anuales sólo con la exportación del petróleo, hay pobreza extrema, violencia extrema, muchos miles de niños sin escolarizar, barrios saturados de miseria y una sociedad que no sabe por dónde tirar. Este golpista que fue indultado, que se presentó después a presidente y ganó, que reformó todo a su antojo para mantenerse con los suyos en el pesebre, que salió reforzado de un misterioso golpe de Estado, es hoy el dueño y señor de un país repleto de buena gente, de buenos amigos.

Este país, tan querido por mí, tiene millones de asignaturas pendientes. Y seguirá así porque este señor, que ya desenfundó la pistola contra civiles cuando tuvo ocasión, sigue empeñado en pasar a la Historia. Con esa pistola, ahora, le ha dado un certero disparo en la nuca a la RCTV, la emisora decana. A este salvapatrias no le gustan las voces libres y cierra la televisión que le critica porque puede. Este charlatán, que confunde un programa de gobierno con uno de radio, no quiere que nadie le baile.

El que mata medios de comunicación está entre nosotros. Y nadie hace nada. Hasta la ONU le abre sus puertas. El sistema no funciona y él lo sabe; sabe que lo que manda es la plata, que a él le sobra. El megalómano charlatán se siente dios mientras el mundo calla y su pueblo se queda sin energía. Qué malos tiempos de liderazgo nos está tocando vivir.
[Si te apetece puedes leer mi crónica añeja y verás que cinco años después no hay nada nuevo bajo el sol. Qué triste es, a veces, tener razón.]

jueves, 17 de mayo de 2007

Día (y Noche) de Internet

Día de Internet, 17 de mayo, en muchos países. Pero también Noche de Internet, en otros. Mientras en España utiliza la red aproximadamente la mitad de la población, en el Paraguay, país que me acoge esta semana, apenas llega al 3 por 100; mientras España ocupa el puesto 32 en el ranking mundial, Paraguay está en el 114... de un total de 122: sólo están peor que aquí en Mozambique, Lesotho, Zimbabwe, Bangladesh, Etiopía, Angola, Burundi y Chad.

¿Y qué hace el Gobierno paraguayo para remediar la situación? Nada. O, peor, poner todas las zancadillas posibles para el desarrollo de la sociedad de la información. Internet, aquí, es un monopolio del Ejecutivo que se niega a liberalizar para asegurarse de que los dólares siguen fluyendo al bolsillo de siempre. Internet, aquí, es carísimo y lentísimo. La compañía que explota (en todas las acepciones) el servicio controla también el tremendo negocio de la telefonía internacional, de modo que los miles de desheredados que emigraron por su culpa ahora, encima, les llenan las arcas cada vez que quieren besar a mamá a diez mil kilómetros.

Que las nuevas tecnologías podrían ahondar una brecha ya de por sí profunda entre el primer y el tercer mundo era un miedo multicompartido. Pero, probablemente, nadie contaba con la imprescindible colaboración de unos políticos a los que les importa tanto el progreso de su país como el bienestar de sus habitantes, o sea, cero patatero.

Pero en medio de este devastador panorama siempre surgen los tozudos, en este caso mis bravos periodistas de Última Hora quienes, contra viento, marea y todo tipo de trabas, pusieron en marcha el nuevo portal digital a principios de año, en una aventura profesional en la que tuve la suerte y el honor de participar.

Así que, a pesar de todos los pesares, la cosa funciona. Os dejo como cierre las cifras de visitas y páginas vistas, el crecimiento espectacular conseguido en un año. A un pueblo que empuja no hay Gobierno que lo frene.

sábado, 12 de mayo de 2007

La balacera

Hace hoy una semana que seis presuntos delincuentes paraguayos murieron acribillados. Fue en un enfrentamiento con fuerzas policiales en Minga Guazú, Alto Paraná. La versión oficial habla de un operativo montado desde hace más de un mes en busca de los secuestradores de un empresario japonés y su secretaria, amén de un policía y su novia (que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado), todos ellos liberados tras el correspondiente paso por taquilla.

La operación policial, desde el primer momento, estuvo salpicada de interrogantes, y ya no solo por la versión oficial (una acción legal y limpia contra el crimen), sino por los tozudos hechos. De entrada, el jefe del operativo era... el fiscal que instruía el caso. Se ve que a Rogelio Ortúzar se le quedaba pequeño el despacho y comandó las fuerzas policiales, pertrechado de uniforme de camuflaje, chaleco antibalas, metralleta y pistola. Se vanaglorió por ser de los primeros en cercar la casa de los forajidos, esquivar a lo matrix algún disparo y ametrallar con su adrenalina de plomo a los malhechores.

En una sociedad necesitada de seguridad, el visceral sentimiento es el del aplauso general ya que, no importa cómo, lo importante es acabar con los malos. Pero...

...Pero afortunadamente en este país quedan imprescindibles guardianes de la libertad y de la justicia, como es el caso de mis admirados periodistas de Última Hora, quienes trajeron desde el primer momento pruebas de la escabechina perpetrada en nombre de la seguridad ciudadana, con algunos datos que pueden ayudar a mi lector a pensar que lo ocurrido nada tiene que ver con un Estado de Derecho. Como hoy lo escribe nuestro excelente columnista Alfredo Boccia Paz, me ahorro las palabras. Dice:
Según la versión oficial, luego de dos enfrentamientos en los que hubo una balacera infernal, la Policía abatió a seis integrantes de una banda de secuestradores. El éxito del operativo fue celebrado por todas las cabezas de las fuerzas de seguridad. Y la población sintió alivio al saber que había seis bandidos menos. Todo estaría bien si no fuera por algunos detalles molestos. Que la prensa se vio obligada a exponer, pese al riesgo de quedar como defensora de la delincuencia. Fue así como nos enteramos de que el relato del fiscal no coincidía con el de la Policía. Que uno de los muertos había predicho su muerte por radio días antes. Que, pese a los seis fallecidos, los billetes del rescate no aparecieron. Que todos murieron y nadie quedó simplemente herido. Que entre los secuestradores abatidos había un chico de 16 años. Y una mujer sin antecedentes, que había llegado de la Argentina el día anterior. Y que, pese a ser zurda, sostenía un revólver con la mano derecha. Que todos los cuerpos cayeron alrededor de la casa. Que ninguno de ellos, por lo visto, intentó defenderse desde adentro. Que algunos de los muertos parecían tener claros rastros de tortura. Que, pese a la balacera, quedaron muy pocas marcas en las paredes de la casa. Que en Alto Paraná se habla de la protección brindada por los jefes policiales a los secuestradores.

Por nuestra denuncia periodística, el Poder Judicial parece que va a actuar... aunque acá son pocos los que creen en su eficacia. El fiscal Ortúzar, parece ser, tendrá una reprimenda pero nadie se atreverá a quitarle su reality Play Station Kill Bads, nadie profundizará en qué ha ocurrido, los políticos mirarán para otro lado (o sea, al suyo) y a la sociedad paraguaya le dejarán, una vez más, indefensa. Sin argumentos que le convenzan de la necesaria separación de responsabilidades, de que el crimen sólo tiene una definición.

Y lo que es peor: cuando una sociedad se consuela diciendo que "menos mal que tenemos a la prensa" es que todo lo demás, absolutamente todo lo demás, falla. Porque cuando una sociedad cree que la prensa le salvará es que está, indefectiblemente, perdida.

domingo, 29 de abril de 2007

Sin salir de casa, o qué

Porfa, haz clic en la foto para verla grande y poder leer las placas.

Es curioso. Todavía no he salido de São Paulo y ya parece que estoy en casa. O que, por lo menos, estos buenos amigos me enseñan el camino. Pero no. La Rua Pamplona es una calle importante del centro de SP, una de las que cruza la Avenida Paulista, que viene a ser la Castellana madrileña de acá. A la Avenida Paulista los brasileiros le llaman la Avenida del Matrimonio, porque empieza en la Rua Paraíso y termina en la Rua Consolação.

Dentro de una rato comienzo el regreso, ahora de verdad. Ya hablaremos.

viernes, 27 de abril de 2007

El dilema del paulistano

El lema de la ciudad de São Paulo, tiene narices, es la frase latina Non Ducor, Duco [No soy conducido, conduzco]. Ja. Esta mañana, que ha llegado con un buen aguacero, los atascos de tráfico alcanzaban los 166 kilómetros, que se dice pronto. Pero aquí nadie se pone nervioso porque están acostumbrados a un ritmo de vida al son del tra-tra, que es el de quienes consumen su vida entre el tráfico y el trabajo. Un amigo madrileño me decía, hace bien poco, que estaba feliz porque desde su nueva casa sólo tardaba hora y cuarto hasta la oficina. Wao. Pero esto, a mis pares de esta macrourbe (la tercera del planeta), no les hubiera provocado ni una mueca. Aquí hay que tener cuidado cuando te dicen "vamos a almorzar aquí cerca" porque se te hace de noche en el trayecto. Eso sí: lo que tiene de bueno mientras estás contribuyendo al monumental atasco es que puedes respirar.

Porque el sino del paulistano es éste:
a) si llueve, se lanza con su coche a la ciudad a sabiendas de que va a ser uno de los millones atrapados en un caos circulatorio indescriptible pero, eso sí, con un ambiente respirable porque el agua ha arrastrado las toneladas de porquería ambiental;
b) si hay bochorno, utiliza a lo mejor otros medios de transporte y por tanto se suavizan los atascos pero, claro, casi no puede respirar por la macropolución que como una boina corona la ciudad.

Prometí pruebas del cof-cof de São Paulo y aquí traigo una contundente, gracias a mi compadre Armando, que me hace llegar la portada del diario 'O Estado de S. Paulo', de hace pocos días, ilustrada con esta expresiva imagen cuyo pie reza: "Éste es el aire que el paulistano respira". [Si quieres ver la foto más grandecica, haz clic en ella]. Con ese pie, poco comentario se puede añadir, creo.

Así que el paulistano se levanta cada mañana y tiene que pensar, antes de correr las cortinas para ver qué tiempo hace, si ese día prefiere asfixiarse yendo ligerito a su destino o respirar amuermado en medio de una caravana de chapas mientras se entretiene estudiando el ric-rac de su limpiaparabrisas. Menudo dilema.

POSDATA.- Incorporo al apartado de pruebas la foto de portada de hoy (sábado) del mismo periódico, OESP. El pie dice que la lluvia en vísperas de un puente prolongado provocó el mayor atasco del año en São Paulo con retenciones de hasta 166 kilómetros (¿veis cómo no me invento nada?), cuando la media a esas horas de la mañana de un día "normal" es de "sólo" 94 kilómetros...

Pero, que conste (y aprovecho el añadido para constatarlo), los paulistanos están felices con la belleza caótica de su ciudad. [Una aclaración para quienes pinchen en el enlace anterior: allí se habla de diez millones de habitantes, pero aquí todos hablan de veinte, porque suman todo el cinturón del llamado Grande São Paulo y que son, a la postre, las almas que conviven aquí día a día, todos los días].

domingo, 22 de abril de 2007

Qué Graciosa

CANARIAS A VISTA DE PÁJARO DE HIERRO.- Me suena que aprobé geografía, así que debe ser Graciosa la que se muestra chiquita, al noroeste de Lanzarote. Eran las 15.30 horas (14.30 en Canarias), a 10.200 metros (9.200 en Canarias).

miércoles, 4 de abril de 2007

Despedida con surubí

Dentro de un ratico, a las 4 de la madrugada (las 10 de la mañana en España), me vienen a buscar para llevarme al aeropuerto y comenzar mi tortuoso periplo mensual de regreso a casa, adonde llegaré, si Dios quiere, un día largo después. Ha sido el viaje más duro y triste de los que llevo haciendo al Paraguay desde noviembre de 2005. Qué impotencia he sentido –más de una lo sabe– por no estar en Pamplona con toda la familia y amigos en torno a Ángel.

Hoy martes (aquí sigue siendo martes, aunque el mensaje marque miércoles) he ido a comer con Óscar y con Armando a un lugar, a media hora de Asunción, cuyo nombre lo describe a la perfección: Remanso. Una pequeña 'playa' a orillas del río Paraguay donde un puñado de mujeres se gana la vida cocinando y vendiendo pescado. Allí, en lo que por otros lares llamaríamos chiringuito, hemos degustado todo tipo de peces. Y de mandioca, por supuesto. Qué inmenso, el Paraguay.

Tres encantadoras paraguayas sostienen, de izquierda a derecha, los tesoros del río Paraguay (al fondo): surubí, dorado y pacú.

El almuerzo ha sido como un broche de despedida, un intento de ambos por 'airearme'. Qué importante ha sido para mí el calor con el que los dos me han envuelto desde el domingo.

Hasta pronto, espero.